Santa Fe vs América: El partido de la táctica uruguaya

Cardenales y escarlatas igualaron sin goles en el estadio El Campín de Bogotá. Punto de oro para los vallecaucanos, que dependen de ellos para mantener la categoría.

El defensor de América de Cali, Diego Herner, disputa un balón con el delantero de Santa Fe, Wilson Morelo.Mauricio Alvarado

El estadio El Campín de Bogotá se tiñó de rojo. Fueron dos tonalidades diferentes, que no se veían las caras desde 2011 por Liga Águila en la capital de la República. Tuvieron que pasar un poco más de seis años para que los capitalinos volvieran a vivir el duelo entre Santa Fe y América. Un clásico de antaño, de tradición. Han sido 62 años de historia, amor, favores mutuos y odios tempestuosos.

Ambos con necesidades diferentes. Los locales buscando regresar a lo más alto de la tabla de posiciones y los visitantes corriéndole al descenso. Pero también llegaron con algo en común, dos técnicos uruguayos. Organizados en defensa, primando el cero en su portería sobre cualquier cosa, metiendo alma y corazón en cada jugada. Haciendo honor a la famosa garra charrúa, esa forma de explicar lo inexplicable: que un país con tres millones de habitantes haya ganado dos mundiales y tenga la mayor producción mundial de futbolistas por persona.

El partido había empezado suave: sumar puntos es lo que prima en el fútbol, no importa la manera. Los entrenadores se revuelcan el cerebro estudiando al rival, buscando tácticas para hacerles el juego más difícil. Desde atrás, con un bloque de cuatro defensas y cinco mediocampistas atiborran la zona defensiva, dejando un solo hombre en punta, luchando en soledad contra el mundo entero. A veces hay uno que lo intenta más que el otro, en ese caso la cancha parece inclinarse hacia un solo lado. Eso fue lo que ocurrió en este compromiso. Santa Fe se fue encima del América, tuvo la posesión del balón y fue el más insistente.

Los cardenales jugaron con confianza, atrás no tenían mayores inconvenientes. Con Baldomero Perlaza generaron la primera opción de gol. Apareció Bejarano para ahogar el grito de emoción de los locales y solo dejó manos en las cabezas. En la jugada siguiente hubo una mano de Elkin Blanco, que generó dudas, pero no fue pitada por el árbitro Wilmar Roldán. América le apostaba a mantener su arco en cero: puso a los once jugadores detrás de la línea de la mitad del campo. Ofensivamente no ofreció nada, no generó sorpresas, ni tuvieron transiciones de defensa a ataque. La idea de Jorge Polilla Da Silva era simple, no perder en Bogotá. Mientras que los locales seguían con su insistencia. Colectivamente no lograron generar peligro a los escarlatas, pero con balón parado fueron un peligro constante.

Mediante tiros de esquina y tiros libres se acercaron. Obligaron a que más de un hincha americano se mordiera las uñas. Juan David Valencia era el amo y señor de los cobros. En dos oportunidades sacó figura a Bejarano. El partido solo tenía un norte: la portería vallecaucana. No se jugaba en la mitad: Santa Fe pasaba por esa zona sin hacerle caso, buscando el área, los tres palos. Wilson Morelo, Juan David Valencia y Anderson Plata lideraron la ofensiva. Siempre fueron apoyados por Víctor Giraldo por derecha y Dairon Mosquera por izquierda. Además de las constantes llegadas de Baldomero Perlaza y de Sebastián Salazar.

En el segundo tiempo se mantuvo la idea táctica. Se pensaba más de lo que se corría. Después del minuto 60, América empezó a sacar más al equipo, sin desorganizarse atrás, quiso probar a los locales defensivamente. Pero Gregorio Pérez, un estratega con mucho conocimiento, tiene al equipo bien adiestrado. Cuando no tenían la posesión se replegaban bien. Todos pasaban de manera organizada la línea pelota y cuando se veían quedados, aparecía uno que retrasaba el juego. Los vallecaucanos, no probaron nunca a Róbinson Zapata, quien fue un espectador más. “El rival se cerró bien, tanto que no tuvieron ninguna llegada a nuestro arco”, dijo Gregorio Pérez en la rueda de prensa. “El partido se hizo difícil en la medida de que nosotros hicimos gran parte del desgaste”, agregó.

Esto se hizo evidente después del minuto 70, cuando las aproximaciones de los locales fueron mermando. El gasto que hicieron durante ese tiempo les estaba cobrando físicamente. Las piernas no respondían de la misma manera. Pero nunca perdieron su arma principal, que era el balón quieto. Mediante esa vía lograron asustar en dos oportunidades. En las otras los escarlatas siempre estuvieron concentrados al conocer esa fortaleza de los bogotanos. Ganaron todos los duelos aéreos y en los segundos 45 minutos dejaron de hacer faltas en las cercanías de la portería de Bejarano, para evitar los dolores de cabeza con los cobros de Juan David Valencia.

Sin goles finalizó un partido táctico, de esos que hacen bostezar a la gente, en el que no se otorgaron muchos espacios y los delanteros no pudieron hacer su trabajo: gritar un gol. Santa Fe se mantiene en las primeras posiciones de la Liga, clasificado a las finales. Impacientemente esperan que termine el todos contra todos para empezar el camino hacia un nuevo título. América, por su parte, aún está en la carrera por el descenso. En el horizonte se ve un buen final a esta historia con el fantasma de la B, pero aún le queda una última final: Atlético Bucaramanga, un rival directo en la lucha por no caer al abismo de la segunda división del fútbol colombiano.