28 Feb 2021 - 7:34 p. m.

La séptima estrella, la más esperada

El 15 de julio de 2015 Santa Fe volvió a gritar campeón después de 37 años. Así lo registró El Espectador al día siguiente. El título que le devolvió la gloria al León.

Los hinchas de Santa Fe llevaban 13.356 noches soñando con este día, hasta que por fin llegó. Ayer, después de 36 años, seis meses y 25 días, el club cardenal conquistó su séptima estrella al superar 1-0 al Deportivo Pasto en el estadio El Campín, ante cerca de 40 mil hinchas que se quedaron sin voz de tanto gritar “Campeón”.

Justo, pero sufrido, acorde con esa historia que comenzó a escribirse en febrero de 1941 y cuyo primer capítulo glorioso fue el título del campeonato profesional en 1948. Siguieron las coronas de 1958, 1960, 1966, 1971 y 1975, pero ninguna ha tenido tanto  significado como la conseguida ayer.

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Nunca un santafereño celebró tanto un gol como el que marcó Jonathan Copete, ídolo desde ayer. Después de 70 minutos de angustia e incertidumbre, el delantero vallecaucano de 24 años, traído el semestre pasado por Arturo Boyacá, se levantó por encima de los defensas y con un impecable cabezazo puso a celebrar al pueblo cardenal.

Santa Fe no jugó bien, pero tuvo jerarquía, pues en las finales hizo goles en momentos claves. Cuando no se veía bien y no encontraba el camino al título, anotó.

Anoche, ante Pasto, hubo dudas. La gente por momentos dejó de alentar y comenzó a murmurar en las tribunas, pero los jugadores  y el cuerpo técnico supieron manejar la ansiedad y la presión. Tuvieron cabeza fría y sacaron adelante el partido. Al fin de cuentas.

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las finales no se juegan, se ganan.

Y Santa Fe ganó, coronó una campaña impecable, con 12 partidos ganados, 11 empatados y solamente tres perdidos de la mano de un hombre de la casa, El Flaco Wilson Gutiérrez, el joven entrenador por quien se la jugó el presidente César Pastrana, otro de los artífices de la séptima estrella cardenal.

A las 7:55 p.m. de ayer, cuando el árbitro Wílmar Roldán decretó el final del partido, comenzó el carnaval rojiblanco y terminaron décadas de sufrimiento para el primer campeón de Colombia. Celebraron los aficionados santafereños en todos los rincones de la ciudad y del país, incluso miles que, con boleta en mano, se quedaron afuera del estadio porque los falsificadores hicieron de las suyas.

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Tembló El Campín con La Fuerza de un Pueblo. El escenario se meció de lado a lado con los saltos de los hinchas, que todavía celebran por las calles de Bogotá. “Ahora o nunca” era la consigna desde que Santa Fe se clasificó para la final, porque pocas veces había logrado combinar todos los ingredientes necesarios para ganar un campeonato: un grupo de jugadores  talentosos, comprometidos, pero sobre todo unidos. Un técnico que le apostó a la cantera y mostró sabiduría en los momentos determinantes, directivos que se preocuparon por darle a la plantilla todo lo necesario para triunfar. Y, sobre todo, una hinchada que se volvió a enamorar de su equipo, que dejó de quejarse tras tantas derrotas y se dedicó a alentar.

Ayer les cambió la vida a miles de personas. La mayoría de seguidores santafereños no lo habían visto campeón y eso, paradójicamente, era un orgullo y una vergüenza. Ahora podrán decir que pudieron celebrar, en un estadio totalmente vestido de rojo y blanco, maravilloso y entregado a una sola pasión.

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Valió la pena tanta espera. Podrán llegar nuevos éxitos, seguramente si el club se sigue manejando de la misma manera, pero ninguno tendrá tanto valor como la séptima estrella. Los jugadores, el cuerpo técnico y varios dirigentes subieron a la tarima, recibieron cada uno una réplica del trofeo de campeones y esperaron a que Ómar Pérez levantara el trofeo mayor. La fiesta en el estadio, con varias vueltas olímpicas incluidas, se prolongó casi por dos horas, pero en la ciudad todavía continúa.

Seguirá al menos un par de días más. Se acabó la espera. Después de 13.356 noches, Santa Fe volvió a ser campeón.

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