
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Brayan Perea, el mismo que fue cuestionado a su llegada a Santa Fe por su irregularidad en Europa y por no ser considerado un refuerzo de verdad, fue el que salvó a Santa Fe de perder este domingo con Rionegro en El Campín. Y lo hizo recuperando la memoria, las sensaciones y las buenas maneras. La jugada fue simple, pero no por eso dejó de ser elegante: pase de Ómar Pérez, control y movimiento leve para dejar al marcador sin opciones y un potente remate al palo más lejano del arquero Juan Valencia. El grito contenido hace mucho tiempo del jugador de 26 años (no anotaba desde el 28 de diciembre de 2015 cuando marcó en la derrota de su equipo, el Troyes, por 2-1 frente al Lille en la Copa de Francia), la rabia con la gente, pero en el fondo con él mismo por lo que ha sido una carrera repleta de obstáculos, de críticas y de momentos difíciles. (Jorge Luis Pinto: “A quien no le gusta trabajar sufre conmigo”)
Por intuición, Perea culminó con un golazo lo que comenzó para el cuadro cardenal con otro golazo de Juan David Valencia. Un tiro libre perfecto (tanto 13 de pelota parada en el fútbol colombiano para el antioqueño), de parábola impecable para un jugador que parece tener la sensibilidad de las manos en su pie izquierdo. En El Campín el fútbol fue un vaivén de emociones como todo en la vida. Fue alegría por ir ganando durante 58 minutos, fue frustración por la expulsión de Arley Rodríguez cuando mejor jugaba Santa Fe. Fue tristeza con el gol de Jáder Obrian para el empate parcial, fue desconsuelo con la segunda anotación del delantero, que generó un silencio sepulcral de los hinchas cardenales.
Y la victoria, la misma que ha sido esquiva desde el 11 de noviembre de 2018, cuando el club albirrojo le ganó 3-0 a Millonarios, se fue esfumando, lentamente, paulatinamente. Y apareció el temor de la derrota, en casa, con otro conjunto necesitado de los puntos. Y hubo silbidos de los que antes alentaban como un simple reflejo de la situación. Y las imágenes mostraron muchas manos en la cabeza, otras sirviendo de apoyo para el mentón. Y en el tiempo de reposición, con uno que otro abandonando las tribunas, con otros ya en la calle, llegó el gol de Perea. Y los faltos de fe regresaron para ver el festejo del caleño. Sí, a Santa Fe se le escapó un triunfo posible, pero también hay que valorar la forma en la que el equipo trató de responder con un hombre menos, como por ejemplo el cierre de Juan Daniel Roa ante un remate de Jefferson Cuero que de seguro iba para gol. O el par de atajadas de Geovanni Banguera.
Este fue el quinto empate del cuadro cardenal con el club antioqueño en los últimos nueve duelos, quizá el más doloroso por lo trabado del encuentro, por la ilusión de tener algo que se esfumó, pero con la tranquilidad de que pudo ser peor. Por el otro lado, a Rionegro se le escapó lo que hubiera sido su segundo éxito en el torneo, el camino para haber salido del fondo de la tabla de posiciones. Al final, ni para un lado ni para el otro: Santa Fe sigue siendo el único club de la Liga Águila que todavía no gana y las Águilas se mantiene en la casilla 20 con apenas cinco unidades. (Júnior se reencontró con la victoria en la Liga)
Ya vendrá el momento de pensar y reflexionar, de analizar lo que se hizo y lo que no, pero deberá ser rápido, pues en la otra jornada el equipo de Gerardo Bedoya visitará al Medellín en el Atanasio Girardot, se medirá con otra institución que ya se cansó de los malos ratos y a la que la hinchada también le exige resultados con la misma vehemencia del buen fútbol que mostró el semestre pasado cuando fue el subcampeón del fútbol colombiano.