Sobre la tercera división

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El pasado diciembre, el presidente Duque propuso crear la tercera división en el fútbol colombiano. La motivación era tener más “ciudades en el país con sus equipos de fútbol”.

La respuesta de la Dimayor y de la Federación, en cabeza de Ramón Jesurún, se centró en las dificultades económicas y, muy en la tradición del país, en las dificultades topográficas y lo difícil que es viajar por él.

La tercera división es una buena idea, pero primero hay que entender que no puede ser un torneo nacional como lo planteó Jesurún, hablando de la necesidad de viajar de norte a sur, y oriente a occidente.

Para lograr ser un torneo sostenible, la tercera división tiene que crear sentido de pertenencia entre la comunidad y el equipo. Para ello debe ser un torneo regional. Ni siquiera en países como Italia o España la tercera división (Serie C y Segunda B, respectivamente) son categorías nacionales. Con las vías de comunicación de este país, es difícil realizar viajes por carretera de ida y vuelta en un día más allá de cierto número de kilómetros. Evaluar sistemáticamente los tiempos de viaje es una necesidad en el diseño de la categoría.

La Dimayor planteaba un problema de escenarios. Estadios no es lo que requiere la categoría; lo que se necesitan son campos de fútbol con gradas y un nivel de cerramiento mínimo que permita generar algo en taquilla. Es decir, se requeriría un censo de campos con características que pudiesen cumplir las necesidades mínimas para jugar al fútbol. Con apoyo de las alcaldías o gobernaciones (y el Gobierno central, en última instancia) se realizarían las inversiones mínimas para que hubiese vestuarios, agua y luz.

La idea de la tercera división (y cuarta o quinta, como escuché decir a Jesurún) es promover al futbolista local. Que la comunidad se identifique a través del equipo con su municipio. Tuve hace muchos años la oportunidad de jugar un partido en la preferente de Huelva (España) entre el Aracena y Cortegana (invito a buscar en Google). Eso sería la quinta división. De Cortegana con el equipo salieron seis buses de hinchas para el clásico de la Sierra de Huelva. El sentido de pertenencia, la rivalidad regional y los ídolos de pueblo son los que hace que cuando equipos desconocidos como el Leganés o el Eibar en España ascienden a la Primera División tienen hinchas. Esa historia pequeña, donde cada club tiene un luchador que evita que la institución desaparezca, que hace rifas, que llegan temprano para arreglar el césped, es lo que hace que el fútbol sea de verdad una institución nacional, como parece buscar el presidente Duque.

Lo verdaderamente complicado no es crear la tercera división; lo complicado es enlazarlo con la Dimayor a través de ascensos y descensos. La estructura actual de la Dimayor, donde abundan equipos sin historia ni afición, dificulta enlazar el fútbol profesional con el de origen popular. El prerrequisito no es patrocinio, es voluntad.

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