Entrevista con el técnico de Santa Fe

“Soy paternal, no marco distancias”: Gregorio Pérez

El técnico de Independiente Santa Fe, que este domingo (3:30 p.m., por Win) visita a Jaguares en la ida de los cuartos de final de la Liga Águila, habla de su vida, su amor al fútbol y lo que le ha enseñado este deporte.

Gregorio Pérez, técnico de Independiente Santa Fe, en la sede de entrenamiento del club en Tenjo. / Óscar Pérez

Gregorio Pérez habla pausado, cada palabra que pronuncia la piensa bien. Su mirada se conecta siempre con la persona que está hablando. Eso se lo aprendió a su padre, un campesino uruguayo que le inculcó el amor por el fútbol y a quien agradece ser lo que es hoy. Lo educó con valores, los mismos que les ha dado a sus hijos, nietos y jugadores. La cita con el técnico de Independiente Santa Fe fue en el hotel Dan Carlton de Bogotá, en donde vive desde que llegó a la ciudad. A pesar de que el cuadro cardenal le ofreció un apartamento, él prefirió quedarse allí, en el mismo lugar en el que concentra el equipo antes de cada partido en El Campín.

“Esta es mi casa. Me siento bien y por eso he decidido quedarme”, confiesa el técnico de 69 años, que dejó en Uruguay a su familia, pero gracias a la tecnología todos los días se ve con ellos. Su vida en Bogotá es tranquila. Se despierta a las 4:30 a.m., lee los periódicos de Colombia, por internet busca una emisora de su país para estar informado y luego de tomar un mate se alista para salir hacia la sede de entrenamiento en Tenjo. Allá llega las 7:30 para trotar y esperar a que lleguen los futbolistas.

Luego de la práctica se devuelve al hotel, almuerza, descansa y se pone a leer. Si no está lloviendo sale a conocer la ciudad y a reunirse con los amigos que ha hecho en la capital. En Santa Fe le ha ido muy bien. En la fase Todos contra Todos sumó 39 puntos, terminó segundo y ahora espera cerrar el año con un título.

En diálogo con El Espectador, Gregorio Elso Pérez habló de su vida, el fútbol y lo que este deporte le ha enseñado.

¿Alguien le dice Elso?

Nadie. Me dicen Nelson.

¿Por qué Nelson?

Porque mis padres se equivocaron al registrarme. La persona que escribió puso Elso y no Nelson. Mi familia, amigos y conocidos me siguieron diciendo Nelson.

Y por qué se hizo famoso como Gregorio. ¿Quién lo comenzó a llamar así?

En el mundo del fútbol me di a conocer como Gregorio Pérez y así me quedé.

¿Cuál es su gran virtud?

Ser sincero y honesto.

¿Y el defecto?

Tengo muchos, pero diría que el peor es ser impulsivo.

¿Quién fue su modelo a seguir?

Mi padre. Se fue cuando yo tenía 20 años. Nací y crecí en un pueblo de campesinos, pequeño y de pocos recursos. La tuve que luchar para seguir con la idea de ser alguien en el fútbol. Mi papá siempre me motivó a seguir mis impulsos y cumplir mis metas.

¿Cómo fue su infancia?

Me crié en un hogar humilde. Ellos trataron de darme todo lo que podían dentro de sus posibilidades. Mi padre era obrero de una fábrica y mi madre, ama de casa. A mi hermana y a mí nos tocó hacer muchas cosas en la adolescencia para ayudarlos. La pasamos mal, muy mal, y eso nos blindó para otras cosas. Aprendí a ser consciente de la vida y a valorar todo. Es un orgullo estar en donde estoy porque no tuve lo que les di a mis hijos y a mis nietos.

¿Quién le inculcó el amor por el fútbol?

Mi padre era un hombre futbolero. Jugó y fue técnico en el interior del país en el fútbol aficionado. Él me inculcó esta pasión, pero lamentablemente nunca me pudo ver jugar profesional.

¿Por qué le tocó retirarse del fútbol?

Por una lesión de tobillo. Tenía 32 años. Ya con el curso de DT, hecho en el Instituto Nacional de Educación Física, comencé a dirigir. Tuve momentos buenos, otros malos, unos para olvidar, pero el camino ha sido lindo.

¿Quién era su ídolo?

Mi papá me hizo hincha de Peñarol, así que crecí admirando a todos los jugadores de mi equipo. Los de la década del 60 fueron mis ídolos, porque fue una generación que salió campeona de América y del mundo. Luego conocí a toda esa gente y fue algo gratificante.

¿Como quién quería ser?

Como el Tito Goncalves, un volante centro de Peñarol.

¿Cómo fue su primera vez en una cancha?

Tenía 14 años, estaba en un torneo de tercera división. Unos nervios bárbaros. Era el club de mi pueblo, se llamaba Rausa, el equipo de una fábrica azucarera en la que trabajaban la mayoría de los habitantes

De 1 a 10, ¿cómo se califica como futbolista?

Diría que un seis.

¿Como quién jugaba?

Antes se corría menos, era un fútbol lento. Era de juego fuerte, poca técnica, pero mucha recuperación. Prevalecía el físico. Ahora no hay un futbolista así porque ser lento te condena.

¿A quién fue al que más le aprendió?

A Ricardo de León. Él marcó un antes y un después en el fútbol uruguayo. Era un genio obstinado. Lo tuve como entrenador y con él participé de un hecho histórico para nuestro país: romper con la hegemonía que traían Nacional y Peñarol. De su mano quedamos campeones con Defensor en 1976. Después fui su ayudante y el aprendizaje fue mayor.

¿Qué tanto tiene de él?

Casi todo lo que soy como entrenador. Los conceptos básicos me los dio él.

¿Cómo es su amistad con Óscar Washington Tabárez?

Iniciamos juntos. Él en un equipo y yo en otro. Hicimos carreras paralelas. Lo que pasó es que cuando él llegó a la selección uruguaya yo no estaba dirigiendo y me llamó para ver si quería acompañarlo. Lo acepté. Para mí fue una experiencia bárbara. Dos años y medio trabajando juntos, fuimos al Mundial del 90 y a la Copa América. Después él se fue para Boca y yo para Gimnasia y Esgrima de La Plata. Somos muy amigos, casi como familiares.

¿En qué ha cambiado el fútbol?

En lo que se mueve detrás. Ahora hay muchos intereses. En cuanto al juego, ahora es más atlético y se juega muy rápido.

¿A cuál equipo es al que más ha admirado?

Son muchos los que han marcado historia, pero me encanta el proceso que ha hecho Alemania. Todas sus selecciones de diferentes categorías juegan a lo mismo y ganan. Es algo impresionante.

¿Cómo es usted con los jugadores?

Soy paternal, no marco distancias. Entiendo que la buena relación con los jugadores es muy importante en un equipo. Doy confianza. No sólo miro la pelota de fútbol, sino que trato de acercarme para que si alguno necesita algo me lo diga. Eso lo he hecho siempre y lo seguiré haciendo. Ser solidario no cuesta nada.

@luisguimonte