Temperamentos

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En el proceso de formación del deportista-futbolista, que tantas veces hemos tocado, hay que incluir sin pensarlo tanto un departamento de psicología. Como la mayoría de nuestros atletas tuvieron una infancia difícil, es más que justificable la sugerencia. Si nos metemos de lleno en el fútbol, vamos a encontrar todavía más razones. Si fuera directivo de algún club que debería ser el de mis amores felinos, al diseñar el perfil de mi entrenador me inclinaría por el que tenga en su hoja de vida como mínimo un diplomado en temas de motivación y contención de jugadores. Ideal un título o especialización en psicología deportiva, pero puede ser mucho pedir. Ya los hay en todo caso. Un ejemplo es el argentino Facundo Sava. Cada elemento es un ser humano diferente, que hay que abordar con mucho cuidado y tacto. No se puede tratar igual al talentoso que al que se esfuerza hasta el extremo para rendir porque no tiene suficientes cualidades técnicas; ni al temperamental con el tímido o al que le sobra personalidad, y al que tuvo o tiene un hogar disfuncional con el que conforma una familia normal.

Toquemos cuatro casos puntuales en los que no se puede dejar de lado esta teoría, tres nuestros y uno extranjero. Empecemos por el sueco, que por exceso de personalidad ha tenido problemas en su carrera con técnicos y compañeros, pero que es un portento físico y futbolístico, Zlatan Ibrahimovic, quien no deja de sorprender con su habilidad y longevidad. No se puede discutir lo anterior, pero la falta de una guía desde sus inicios pudo haberlo conducido por un camino adecuado que no le causara tantos inconvenientes de personalidad. Nuestro James Rodríguez es un crack que ha tenido que atravesar circunstancias difíciles siempre, que le llegó la fama en forma de avalancha sin darle margen de error para saber cómo reaccionar correctamente. El tercer “paciente” en desarrollo es Andrés Felipe Román, y lo que se viene en su vida después de la negativa de Boca Juniors para contratarlo por un tema de salud que estuvo mal manejado ante los medios de comunicación. Juan Sebastián Serrano, el joven arquero de Alianza Petrolera que se comió un gol insólito contra en Cali, dando al traste con la victoria del aurinegro en el último minuto, lo golpeó de tal manera que salió llorando de la cancha.

Cuatro personalidades diferentes, pero con un común denominador, poca asistencia para la cabeza desde el inicio de sus carreras. Zlatan no lo tuvo todo desde el principio, incluso robaba bicicletas en Malmo y su exceso de carácter lo privó de ser aún más grande. Indomable y exitoso, un coctel explosivo. James, lleno de condiciones, pero con aspectos de timidez e inseguridad que le han cobrado lesiones y malas decisiones. ¿Se imaginan si hubiese sido acompañado siempre en sus procesos por un especialista?

Román y Serrano, uno ya más experimentado que el otro, pero que acaba de sufrir una gran decepción en la llegada al club de sus sueños, que además terminó exponiendo ante el mundo su condición médica delicada, y el arquero, apenas sacando la cabeza para reemplazar al dueño de la posición Jerez, pasa de héroe a villano en un par de segundos en un equipo que pelea los últimos puestos de la tabla. Ambos necesitan ayuda calificada inmediata, está claro que no solo pasa en Colombia, pero es más frecuente; es adecuado apoyar la psiquis del atleta para formarlo mejor. Así tiene que ser.

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