En una noche fría de Supercopa, Barcelona derrotó a la Real Sociedad y es finalista

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El equipo culé ganó por penales tras empatar 1-1 en los 90 minutos reglamentarios. Ahora esperan rival del encuentro que se disputará entre Real Madrid y Athletic de Bilbao.

En Madrid no nevaba desde 2009, o al menos no tan fuerte como este año. El invierno en la zona ibérica parece ser el más helado de los últimas épocas. Es lo mismo que pasa con la Supercopa de España, un torneo que ha perdido la intensidad de otras décadas.

El frío no solo estuvo en el ambiente, también se vio en el campo. Con las gradas vacías, como ya se volvió costumbre, Real Sociedad y Barcelona disputaron un partido sin muchas emociones en la semifinal de la copa que define campeón entre los ganadores de la liga española y la Copa del rey.

Curioso porque los culés son los actuales subcampeones del torneo local y los vascos ni siquiera han disputado la final de la copa nacional.

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Ya es normal que el conjunto catalán, que hace unos años dominaba Europa, sea un equipo parco y juegue sin intensidad. Si a eso se le suma que Lionel Messi no pudo disputar el encuentro por una molestia física, el resultado obvio es el de un partido como el que se jugó este miércoles.

El primero en llegar al arco rival con peligro fue Real Sociedad en el minuto 16. Un tiro que el alemán Marc André Ter Stegen controló sin mucha dificultad. Desde ahí no hubo acciones de gol y el único que tuvo ganas de encarar y generar algo de juego fue Ousmane Dembelé.

Cuando parecía que el primer tiempo se iba a acabar sin más opciones , Antoine Griezzman envió un centro altísimo al área y allí apareció, corriendo desde atrás, el holandés Frenkie De Jong, que conectó la pelota con un cabezazo para abrir el marcador.

El inicio del segundo tiempo trajo consigo una paradoja que es común en el fútbol, la del héroe y el villano. De Jong, que había marcado el primer tanto, abrió de más su brazo en el área y generó un penalti en contra del Barcelona. Mikel Oyarzabal, capitán del conjunto donostiarra, que ha jugado lo que va de su carrera solo con la Real, empató el partido.

El resto de la parte complementaria tuvo más intensidad, pero no más opciones de gol. La emoción estuvo en el VAR, que decidió de forma correcta no concederle un penal a Barcelona y la prórroga, que se sentía desde el minuto 70, se terminó concretando.

El tiempo extra fue la confirmación de las incoherencias en la dirección técnica que ha afectado a los catalanes en los últimos cuatro años. Ronald Koeman, que relegó al banco al canterano de La Masía Riqui Puig, desde el inicio de la temporada, decidió mandar al juvenil a la cancha justo cuando Barcelona se jugaba el paso a la final a pesar de que en el resto de competiciones Puig apenas ha sumado minutos.

Las sombras de las últimas eliminatorias que han disputado los catalanes empezaron a sentirse en el campo. El pasado con Liverpool, con Roma y con Bayern Múnich pesaba sobre los culés como ha pasado, inevitablemente, en las últimas series que perdió el equipo.

Ter Stegen tapó cerca de cuatro remates que pudieron ser gol, mientras que el conjunto de la ciudad condal solo llegó en una jugada en la que Dembelé casi se lesiona tras rematar al arco. Real Sociedad no pudo sacar ventaja de su superioridad y en los penales se encontró de nuevo con la figura del arquero alemán.

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Barcelona necesitaba que Griezman convirtiera su cobro para acceder a la final. Pero, si antes hablábamos de que el pasado perseguía a los culés, el fallo del francés no debería haber sorprendido a nadie. La responsabilidad quedó en los pies del canterano en el Koeman poco ha confiado y que terminó salvando a su equipo de un nuevo fracaso.

Riqui Puig se paró frente al arco en la noche de la ciudad de Córdoba (España), sede neutral donde se disputó este partido, y anotó el gol. Lo celebró abriendo los brazos y corriendo a abrazar a sus compañeros, con toda la pasión del que es hincha de un equipo. En contraste, la transmisión del evento enfocó al banco del Barcelona y a Lionel Messi. Una imagen parca de aplausos y de pocos festejos.

Barcelona espera en la final al rival que surja entre Real Madrid y Athletic de Bilbao para definir el campeón de la copa, que se siente fría, y no por el ambiente de España, si no por el recuerdo de un torneo que fue más emocionante en otras épocas.

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