“Brexit” futbolístico

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Así describió Raymond Domenech, “el astrólogo del fútbol”, la salida del City el sábado anterior en cuartos de final de la Champions League. Particular símil que me sirve de inspiración para la edición semanal de esta columna. El exseleccionador francés, que armaba su once basado en los astros, culpa a Guardiola directamente de la eliminación de los citizens debido a “una vaga noción de la belleza del juego que se hunde en la realidad”. Claramente no suenan muy fuertes sus argumentos cuando viene a nuestras mentes que sus jugadores los elegía dependiendo de la fecha de nacimiento: ¿se acuerdan del caso Pirès? Pero a pesar de que me cuesta pensar que sea el más calificado para hablar de realidad, no le falta razón ni derecho para construir una crítica hacia la bella propuesta de Pep y sus seguidores. Descalificar al hombre que cambió el fútbol mundial con el Barcelona del sextete del 2009 es un error, tan o más grande que pensar también que esa manera de jugar es la única válida y duradera.

Por fortuna no hay una verdad absoluta en este deporte. Los caminos para la victoria son numerosos y hoy estamos llenos de opciones y de nombres que buscan lo mismo desde sus perspectivas. Lo cierto es que muchos de los que tienen éxito ahora se vieron influenciados en algún punto por el nacido en Sampedor hace 49 años, y sigue siendo más joven que la mayoría. Salvo Naglesmann y Tuchel son menores, los demás: Klopp, Gasperini, García y Flick, lo aventajan en edad. Declarar el nuevo revés del segundo equipo de Manchester como un gran fracaso que pide la salida de su entrenador y decretarlo caduco es una exageración. El catalán tiene la suficiente capacidad para salir de esta decepción y corregir. No es asociable la crisis del Barça, que de una vez por todas se tiene que despegar de la referencia con él y que casualmente explotó un día antes. Siempre será atractivo para el oportunista hacer leña del árbol caído.

El gran problema del guardiolismo y de los equipos que atacan a ultranza y quieren ser permanentes dominadores del juego es que no son tan eficientes reaccionando a la fatalidad. No tienen plan B. Sin entrar en conceptos tácticos profundos es fácil de explicar, sientes que juegas bien, que tienes capacidad y que puedes ganar siempre antes y en el trámite del partido y esa convicción te puede jugar en contra si no recuperas inmediatamente la pelota cuando la pierdes. Son equipos diseñados para eso, para reaccionar inmediatamente, en menos de diez segundos, pero no es sencillo lograrlo. Hace once años, cuando el culé lo hacía, deslumbró como el Milán en los años 90, el Ajax o la naranja mecánica en los 70. Pero esos exigentes ciclos no duran tanto, entre otras cosas porque ese mismo éxito lleva a una gran exposición que permite a sus rivales estudiarlos profundamente y conseguir el antídoto.

Rudi García no es ningún adelantado, ha tenido buenos momentos y decepciones en su carrera, pero es muy estudioso, todo lo anota, no se le queda un detalle y sabía que enfrentaba a uno de los favoritos, a una escuadra superior. No había necesidad de jugarle mano a mano, tampoco de presionarlo alto como lo hace el Bayern. Era cuestión de no perder el orden y saber qué hacer cuando recuperara la pelota para darle gasolina a la transición y ganar con suficiencia. Como dice Gullit, con simpleza, en su libro Cómo leer el fútbol, si no tienes la calidad para jugar un fútbol dominador, tienes que ser capaz de contraatacar. Se fueron los ingleses retomando el título de Domenech, también los españoles e italianos, cambió la mano en un año especialmente raro. Ganará la orejona esta vez el más fuerte en todo sentido, el que volvió firme de las cuarentenas, no necesariamente el que se exprese mejor en la cancha. Alemanes o franceses, como en los dos últimos mundiales de selecciones, toman la posta. Mientras tanto quédense tranquilos, Josep Guardiola estará trabajando para llegar a su tercera final UCL de mayo del año entrante en el olímpico de Estambul.

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