Más títulos y menos sueldo: el partido que aún no gana el fútbol femenino

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La final de la Champions League Femenina tuvo, curiosamente, el mismo enfrentamiento que el torneo homónimo masculino: Alemania vs Francia. Sin embargo, las jugadoras del Lyon se llevaron 460.000 euros, mientras que los del Bayern, casi 118 millones.

Los cuartos de final de la Women’s Champions League reflejaron la calidad de los mejores clubes de fútbol femenino en Europa. El Olympique de Lyon se llevó su quinta copa consecutiva de Champions para sumar siete a su palmarés y continuar con su legado del club con más títulos obtenidos en esta competición. Sus rivales, las jugadoras del Wolfsburgo - campeonas de la Frauen Bundesliga y la Copa de Alemania- se coronaron subcampeonas después de eliminar a un Barcelona invicto con anhelos de repetir la final del año pasado, en la que también resultaron vencedoras las actuales campeonas.

Pero el camino para convertirse en el mejor club de Europa y el mundo no ha sido gratis. La ‘locomotora del fútbol femenino’, como llamó el diario El País al Olympique de Lyon, cuenta con varias de las mejores jugadoras del mundo en su equipo, entre ellas Eugénie Le Sommer, máxima figura de la selección francesa y campeona de las siete Champions del Lyon, y la noruega Ada Hegerberg, considerada la mejor jugadora del mundo actualmente y ganadora del primer Balón de oro de la historia con un total de 293 goles en 320 partidos, aunque no estuvo presente en la final de este año.

Ada tuvo que ausentarse en la Champions por motivo de una lesión. Sin embargo, el año pasado decidió no jugar con la selección de Noruega en el Mundial femenino por una causa distinta: la brecha tan amplia que existe entre el fútbol masculino y femenino. Ada Hegerberg dejó de jugar con su selección desde el 2017 como protesta ante la desigualdad en los pagos y condiciones de este deporte en su país. Tal relevancia tuvo, que tiempo después la Federación de Fútbol de Noruega decidió igualar los sueldos entre ambas selecciones, doblando la remuneración de las mujeres, que era de 330.000 euros, menos de la mitad de lo que recibían los jugadores.

¿Por qué las mujeres ganan menos?

Los clubes más importantes del mundo se han encargado de revelar a grandes figuras como Messi o Mbappé, y otros históricos como Pelé o Di Stefano. El nivel que tiene el fútbol actual es el resultado de años durante los cuales se ha cimentado la profesionalización del deporte para los hombres, caso contrario a la situación de las jugadoras. Mientras en 1930 existió un mundial de fútbol que coronó a Uruguay como primer campeón, fue hasta 1991 que se disputó la primera competición de este tipo en su versión femenil, a pesar de que el deporte era practicado por mujeres desde décadas atrás. Es decir, casi 100 años de profesionalización vs 29.

La profesionalización, por una parte, permite que se establezcan pautas laborales serias que garanticen condiciones para las jugadoras, por ejemplo, un salario digno. ONU Mujeres y Equal Pay For Work Of Equal Value son dos de las organizaciones que luchan por la igualdad de remuneración, que significa “que las mujeres y los hombres tienen derecho a recibir la misma remuneración por trabajo de igual valor. Esto significa garantizar que las mujeres y los hombres que trabajan en trabajos idénticos o similares reciban el mismo salario.”, esto también aplicado al fútbol. Vale la pena revisar la inversión que hacen las grandes ligas e instituciones como la FIFA para comprobar que la diferencia salarial es abismal; si bien podría alegarse una remuneración mayor a los clubes de varones a causa de los ingresos descomunales que produce el televisado de sus partidos, la brecha debe disminuir.

Para el Mundial femenino del 2019, la FIFA aumentó casi un 200% la inversión y destinó 50 millones de dólares. A pesar de eso, la comparación con el Mundial de 2018 en Rusia sigue siendo exageradamente asimétrica: a este torneo se le otorgaron aproximadamente 700 millones. La Copa Libertadores de 2019 premió en su versión femenina a las campeonas de Corinthians con 85,000 dólares, y a al club Flamengo masculino con 12 millones; la Champions este año - que jugó a puerta cerrada a causa del coronavirus -, premió al Lyon femenino con 460.000 euros, mientras que al Bayern de Munich, de Lewandowski con 117.950.000 euros. A esto se suma que la Champions femenina no entregaba premios económicos antes del 2010.

Sin una remuneración digna para las jugadoras, será muy difícil conformar la cantidad de equipos con nivel necesarios para generar espectáculo y mover masas en los estadios y canales de televisión, que son otro pez gordo para el negocio del fútbol. “La profesionalización a venir en el fútbol femenino debería llevarnos a más equipos, temporadas más largas y contratos más largos, todo ello susceptible de tener un impacto en el mercado de traspasos” aseguró la FIFA. Entonces, vale la pena preguntarse ¿es rentable invertir en fútbol femenino?

Ser las mejores del mundo también cuesta

Desde que el presidente del club masculino de Lyon, Jean-Michel Aulas, adquirió también el club femenino en 2004, los títulos no han parado de llegar. El modelo de equipo que se dedicó a fichar a las mejores jugadoras del mundo para romper records y formar su propia cantera, hace la inversión más alta para un equipo femenino en Europa: 8 millones de euros. Estos esfuerzos las han hecho merecedoras de 29 trofeos en 16 años, en comparación con su homónimo masculino, que solamente tiene un título – la copa Intertoto de la UEFA que desapareció en 2008 - y al que se le invierten 280 millones de euros.

Otro caso de éxito es la selección de Ada Hegerberg, que con justa razón recibe ahora el mismo salario que la selección masculina. Las jugadoras de Noruega acumulan en su palmarés un oro olímpico, dos Eurocopa y un Mundial (de 1995), además del puesto 14 de la clasificación de la FIFA, mientras que la selección masculina no ha ganado ninguno de los grandes títulos internacionales. La selección de Brasil se sumó en estos días a la acción de Australia, Inglaterra y Dinamarca, de igualar los sueldos de la selección femenina y masculina.

Por el contrario, la mejor selección del mundo no ha logrado ganar este partido. El equipo estadounidense, además de cuatro copas del mundo, tiene a una de las figuras más importantes del presente: Megan Rapinoe, galardonada en 2019 en la segunda versión con el Balón de Oro. A pesar de ser la selección que encabeza el listado de la FIFA y que reúne en su lista de títulos 4 medallas de oro Olímpicas, perdieron en mayo de este año la demanda que impusieron contra la Federación de fútbol de su país, la USSF, en la que exigían las mismas condiciones de las que goza el conjunto masculino, que ni siquiera clasificó al mundial en 2018.

La respuesta de la Federación fue los hombres tenían más responsabilidad y requieren un nivel más alto de habilidad que las jugadoras. La US Soccer tuvo que retirar los argumentos sexistas según las demandantes, y pidió disculpas. Carlos Cordeiro, ex presidente de la Federación, renunció después del incidente y fue sucedido por la ex jugadora Cindy Cone, de quien se espera una postura distinta tras la apelación de las jugadoras al fallo resuelto en su contra.

Basta con examinar los enfrentamientos de la semifinal de este año en la Champions Femenina para confirmar que los mejores clubes, con jugadoras talentosas a las que se les paga –por lo menos– dignamente, fueron partidos de calidad. El Barcelona y el PSG femeninos estuvieron a la altura, fueron eliminados para la final con solo un gol -ambos partidos quedaron 1 – 0 -, en comparación con las goleadas que marcaron el Lyon y el Wolfsburgo en las eliminatorias y octavos. A la final sólo llegan los mejores equipos, a los que más se les invierte en Europa, y aunque el mejor jugador del mundo, Lionel Messi, gana nueve veces más que la mejor jugadora del mundo (aproximadamente 8 millones de euros vs 500.000 euros de Ada Hegerberg), no es la única diferencia importante.

La sombra del machismo

Durante gala del Balón de Oro en 2018, Ada recibió el primer galardón de esta clase otorgado a una mujer y, como parte del protocolo, se dirigió a uno de los presentadores, el DJ Martin Solveig, que le hizo la pregunta “¿sabes hacer twerking?”, a lo que ella respondió cortante: “no”. ¿Por qué no le preguntó lo mismo al ganador del premio, Luka Modric, o a Mbappé, que ganó el Balón de oro sub 21? El machismo también salpica el fútbol y ralentiza el proceso de profesionalización. Este tipo de comentarios han sido escuchados incluso de dirigentes en las altas esferas del fútbol. Un ejemplo es el caso de Joseph Blatter, presidente de la FIFA en el año 2004, que sugirió que las jugadoras de fútbol usaran pantalones más “ajustados” y una equipación más “femenina” añadiendo que “mujeres hermosas juegan al fútbol ahora”.

Estos comentarios, sumados a los ataques verbales que sufren varias jugadoras tildadas de ‘marimachas’ o adjetivos peyorativos similares, las opiniones en torno a sus vidas personales y a sus cuerpos entorpecen los esfuerzos y desvían la atención de lo importante: el juego excepcional de las mujeres y el potencial que tienen las estrellas actuales y muchas más que se están formando en escuelas y canteras de clubes. Entonces preguntas como ¿quién es la jugadora más sexy de la selección? O ¿qué jugadoras de la selección están comprometidas? sean las relacionadas en búsquedas de Google sobre jugadoras, reflejan también la mirada de una mayoría en el mundo frente al papel de las mujeres en distintos campos, incluido el del fútbol.

Aun así, el esfuerzo de todas ellas y la presión que ejerce el buen juego, ha permitido que la FIFA y otras organizaciones dispongan de sus recursos para mejorar la calidad del fútbol femenino profesional. Por ejemplo, el Mundial femenino cuenta con la participación de 21 países, el masculino con 16. Mientras Adidas y MasterCard patrocinan la Champions, Nike y Visa se encargan de apoyar la versión femenil. Los esfuerzos de medios como la BBC, que a través de la iniciativa #Changethegame busca difundir más deportes con participantes mujeres en vivo y abierto, y la demanda de público que ve fútbol femenino parece seguir creciendo: el mundial del 2019 (que ganó Estados Unidos) fue visto por 1120 millones de espectadores según la FIFA, cifras récord en la historia del certamen.

Ahora queda esperar que los esfuerzos de estas organizaciones en cuanto a la financiación y articulación en el fútbol femenino se equilibren con los ingresos del fútbol masculino, para que la rentabilidad del negocio no siga siendo argumento que opaque a las grandes estrellas. Y es que es necesario, sin inversión no podrán brillar. El Barcelona pagó los tratamientos médicos de Leo Messi desde que era sólo un niño. Sin esos tratamientos, quizá no se hubiera convertido en el mejor del mundo. Mientras se reconozca en las calles el nombre Harry Kane y no el de Marta Vieira, se seguirán escuchando los gritos de la final del Mundial femenino del año pasado en el Parc Olympique Lyonnais: ¡Equal pay!

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