Chapecoense, un año después del accidente aéreo

El club brasileño declinó la inmunidad de tres temporadas para evitar el descenso y estuvo a punto de perder la categoría. Sin embargo, el 16 de noviembre se ganó la permanencia por méritos propios.

Chapecoense volvió a celebrar. Este año jugó cinco torneos y ganó el torneo del estado de Santa Catarina. / AP

Luego del accidente aéreo del 28 de noviembre de 2016, en el que murieron futbolistas, integrantes del cuerpo técnico, directivos, periodistas y personal de la tripulación, el mundo entero se solidarizó con el Chapecoense, un modesto equipo brasileño que con las uñas había conseguido un cupo en la final de la Copa Sudamericana.

Los dos siguientes meses fueron caóticos. Muchos esperaban una explicación de lo que había pasado con el vuelo de LaMia, pero no había nadie dispuesto a darla. Entre el gobierno de Bolivia y los representantes legales de la empresa aérea se tiraban la pelota, ninguno quería asumir la responsabilidad de una tragedia que dejó 71 muertos.

Como pudo, el equipo del estado de Santa Catarina comenzó a resurgir de las cenizas. A raíz del accidente, “Chape” recibió homenajes en muchos países, entre ellos Argentina, Colombia, Uruguay, Venezuela, Japón, España, Italia y Francia. Disputó partidos oficiales y amistosos con los que se recaudó dinero. Por eso debía conformar un plantel competitivo, aunque el tiempo jugaba en su contra porque en 2017 debía afrontar cinco competencias: Recopa Suramericana, Copa Libertadores, Copa Suruga Bank, el Campeonato Catarinense y el Campeonato Brasileño.

La directiva, bajo la dirección de Plinio David de Nês Filho, encomendó las riendas del club al exjugador y entrenador brasileño Vagner Mancini, quien logró quedarse con el campeonato regional. Pero, no contó con la misma suerte en el debut de “Chape” en la Libertadores. La improvisación en la contratación le estaba jugando una mala pasada.

A pesar de dominar en las primeras fechas el Brasileirao, la sobrecarga física hizo mella en los jugadores, que venían de disputar amistosos en Europa ante Lyon y Roma, además del trofeo Joan Gamper ante Barcelona en el Camp Nou, juego en el que Alan Ruschel, uno de los sobrevivientes del accidente, regresó al campo de juego con la camisa verdiblanca.

El declive en el nivel de juego y los malos resultados provocaron la destitución de Mancini, a comienzos de julio. Fue reemplazado por Vinicius Eutrópio, quien sólo estuvo en 17 partidos en el cargo. El fantasma del descenso estaba comenzando a rondar. También pasó por la dirección técnica Cris Emerson y luego llegó Gilson Kleina, quien logró la salvación para Chapecoense, que logró mantenerse al menos por una temporada más en la primera división. Aun así, su sueño por reconstruirse y llegar a ser uno de los mejores equipos del Brasileirao sigue intacto.

Con el club trabajan el defensa Helio Neto y el portero Jakson Follmann. El primero no ha podido volver a jugar, pero entrena con la primera escuadra, mientras que el segundo, quien perdió una de sus piernas en el accidente, no aguantó las ganas de pararse bajo los tres palos y la semana pasada practicó sus habilidades en la Arena Condá.

Luego del accidente, en el que 71 personas perdieron la vida y seis sobrevivieron, el mundo entero se volcó en solidaridad. Sin embargo, la mayoría de las propuestas de ayuda quedaron plasmadas en redes sociales pero nunca se hicieron realidad. Los únicos equipos que cumplieron fueron Barcelona de España, Lyon de Francia y la Roma de Italia.

Ni las autoridades de Brasil ni las de Bolivia lograron esclarecer de quién era propiedad la empresa LaMia. Recientemente, la Fiscalía de Santa Catarina reveló que, al parecer, el avión sería del exsenador venezolano Ricardo Albacete.

Por la negligencia del proceso, las viudas crearon la Asociación Brasileña de las Víctimas del Accidente de Chapecoense (Abravic), en cabeza de Joel de Paiva. La Abravic decidió que lo mejor era seguir el proceso penal en Brasil y esperar la indemnización.

Mientras avanza el proceso, en octubre el club divulgó que le daría US$3.408 a cada una de las 68 familias de las víctimas mortales. Dicho dinero se recogió en juegos amistosos y del premio por la Suruga Bank. La mitad de lo recaudado se ha utilizado para seguir reconstruyendo al equipo de los “eternos campeones”.