“Filosofillo”

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Juan Manuel Lillo, el entrenador con aires de filósofo español, que fuera entrenador de Millonarios y Atlético Nacional sin cosechar ningún título, fue contratado por el Manchester City como asistente técnico de Pep Guardiola, quien lo considera, después de Johan Cruyff, su gran maestro.

La historia dice que Guardiola quiso terminar su carrera como jugador en 2005 en Dorados de Sinaloa, un club tan caliente como surreal en todos los sentidos. Allí cobró el salario más bajo de su historia. Lo único que quería era ser dirigido por Lillo. Cuenta la biografía de Guardiola escrita por Guillem Balagué que allí pasaban noches enteras hablando del juego. Al final, el club se salvó del descenso, Lillo continuó su carrera como trotamundos sin conseguir, hasta hoy, un solo título. Su palmarés indica que su mayor logro fue convertirse en el entrenador más joven en dirigir en la primera división en España, a los 29 años, tras ascender al UD Salamanca. Después pasó por varios equipos en su país, vino a Colombia, fue a Japón y la pandemia lo sorprendió en casa, a punto de regresar a China, donde había ascendido a primera al Qingdao Huanghai . Por su parte, Guardiola se fue de México para comenzar a escribir la historia que todos conocemos.

Conocí a Lillo el día que lo echaron de Millonarios. Fue una charla de ocho horas en el Hotel La Fontana en la que percibí que realmente es un tipo distinto, o eso hace creer; yo, por lo menos, me convencí. Antes, sin vernos, compartimos micrófono para comentar en radio algunos partidos del Mundial de Brasil. Allí nos dejó algunas de sus muchas frases inmortales. “Los resultados son como las tangas: muestran todo menos lo más importante”, “la guarnición se ha comido al solomillo” (refiriéndose a la evolución del fútbol actual), o “no arriesgar es lo más arriesgado, así que, para evitar riesgos, arriesgaré”.

Su escuela futbolística es la de Cruyff. Sus jugadores hablan maravillas de él. Fabián Vargas, Mayer Candelo, el “loco” Abreu, entre otros, no dudan en decir que fue el mejor entrenador que tuvieron. A todos los potenció, les hizo descubrir cosas del juego que no conocían.

Al final de nuestra charla Lillo arrancó un poco de césped del suelo, se lo llevó a la nariz y me dijo que le encanta dirigir en América porque aquí todavía hay algo de mística, de potrero. Al poco tiempo volvió a Nacional y dejó, como siempre, un gran recuerdo entre sus jugadores, no así entre los hinchas, ellos solo juzgan el resultado.

“Lillo es un gran entrenador, pero tiene un problema: no le interesa en lo más mínimo el resultado”. Eso me dijo uno de sus jefes en Colombia, y desde su lugar tenía razón; total, los equipos grandes contratan técnicos para ganar. Pues bien, Lillo, objeto de burlas en Colombia, será la mano derecha de su amigo Guardiola. Llama la atención este refuerzo del City, en tiempos “exitistas” en los que el rol del maestro no es muy valorado.

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