Enfrenta este miércoles a Boca (7:45 p.m.) en la Copa Libertadores

El día en el que Júnior por poco silencia La Bombonera

En 2001, por los octavos de final, el cuadro barranquillero empató a un gol en el mítico estadio. Henry Zambrano recordó para El Espectador la noche en la que igualaron con el equipo de Carlos Bianchi.

Juan Román Riquelme (izq.) y Juan Carlos Ramírez.Agencia France Press

La noche anterior al partido jugó parqués con Eudalio Arriaga, su compañero de cuarto. Después, damas chinas. Necesitaban sacar la presión. Estaban lejos de casa, en un hotel a media hora de La Bombonera, en Buenos Aires, esquivando el sueño, o más bien, el sueño esquivándolos a ellos. Henry Zambrano tenía 28 años y nunca había visto el estadio de Boca Juniors, mucho menos su césped. Ese 16 de mayo de 2001, un día frío de otoño, el delantero escuchó el eco incesante de la hinchada, a varias cuadras de distancia; la gritería como muestra de una manera de querer, del sentimiento por un equipo de fútbol. “Bostero soy y Boca es la alegría de mi corazón”, el canto que identificó.

Ya en el camerino se disparó la adrenalina con el retumbar de las paredes blancas, agrietadas, en apariencia frágiles. “Sientes como si la mole de cemento tuviera vida. Cuando me amarré los guayos, la tierra se movía. Pensé que era yo, pero no”. En otras palabras, un espasmo colectivo. “Ustedes son tan buenos como ellos. No olviden eso”, la arenga de Norberto Peluffo, DT del Júnior, antes de salir a la cancha. Ya en el terreno de juego, la cabeza al cielo para ver las tribunas, para observar a hinchas transformados en fanáticos. El vértigo del que mira para arriba y del que está en lo alto e inclina su cabeza hacia abajo.

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“La gente está muy cerca, los sientes encima, insultando en todo momento”. Y más allá del ambiente estaba el campeón de la Copa Intercontinental, el equipo de Carlos Bianchi, el de los tres colombianos: Óscar Córdoba, Jorge Bermúdez y Mauricio Serna. “Tenían una nómina muy fuerte, con jugadores que pegaban y otros de mucho talento, como Juan Román Riquelme”, rememora Zambrano sin mucho esfuerzo.

Un minuto y medio necesitó El Ferri para hacer lo que muy pocos han hecho: silenciar La Bombonera. “Vi que la pelota se me iba y estiré la pierna para pegarle”. Gol del club barranquillero. El sorbo de agua de Bianchi, la sonrisa de Norberto Peluffo que parecía un duende con un gorro y guantes verdes para hacerle quite a la baja temperatura, la celebración en la otra portería de Calixto Chiquillo y Óscar Córdoba buscando la pelota al fondo de la red. Ya después vino la batalla campal, el árbitro Jorge Larrionda advirtiendo a cada lado, amenazando con amonestar sin reserva, las patadas, los codazos, las piernas malintencionadas, los insultos, el fútbol en otro estado, uno más rudo, más pulsional. “Querían ponernos nerviosos, ofendernos, sacarnos de concentración. Así son ellos, más cuando van perdiendo en su casa. Se ponen altaneros”.

Yendo hacia adelante por pura inercia, por el empuje de la gente, los argentinos igualaron el partido con un tanto de Guillermo Barros Schelotto (hoy entrenador de Boca) luego de un centro de Marcelo Delgado. “No marcamos bien y él entró solo por detrás para rematar de primera. Nada que hacer”. El empate generó ansiedad, sobre todo en Zambrano, que a cinco minutos del final perdió los estribos, no se aguantó una patada descarada de Clemente Rodríguez y lo golpeó en la cara. Roja directa. “Lo que la gente no vio es que me escupió en el cuello, por detrás, y eso sí me dio rabia. Por eso reaccioné así”. No hubo más goles, la ventaja obtenida en el partido de ida en el estadio Metropolitano (Boca ganó 3-2) fue suficiente para que el campeón avanzara a cuartos de final.

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Nadie le dijo nada a El Ferri por la expulsión. Pero él sí les presentó disculpas a sus compañeros y a Peluffo. “Uno a veces no piensa y se deja llevar por la calentura”. Ese 16 de mayo será recordado como el día que pudo ser y no fue, como la noche en la que el Júnior tuvo la ventaja sobre el considerado mejor equipo del continente, el que un año atrás había superado al mismísimo Real Madrid en Japón, al club sensación en Argentina que, a la postre, levantaría el título tras dejar en el camino al Vasco da Gama, a Palmeiras y al Cruz Azul mexicano.

@CamiloGAmaya

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Camilo Amaya

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