Diego Calderón, el colombiano que brilla en Egipto

El antioqueño de 27 años, uno de los artilleros de la liga, cuenta cómo ha sido el choque cultural: una vez generó conmoción en sus compañeros por salir desnudo.

Diego Calderón ha marcado tres goles en la presente liga egipcia. / Cortesía

Antes de salir de su casa, lo primero que hace Diego Calderón, delantero del Ismaily, es guardar en su celular una foto de todo lo que necesita. Lentejas, pasta, leche, en fin. No entiende absolutamente nada de árabe y las señas se han convertido en su principal medio de comunicación. Memoriza como elefante los caminos que coge en las calles de Ismalia, ciudad del noreste de Egipto.

Llegó hace poco más de un año al país transcontinental. Y el choque cultural le ha causado innumerables momentos divertidos con sus compañeros, que le han amenizado su trajín en una nación en la que, por su estilo ultraconservador, lo ha mantenido a raya y un poco inmerso en la soledad.

En su primer entrenamiento con su equipo, todos se fueron a las duchas. Cuando el oriundo de Chigorodó, Antioquia, salió desnudo hubo un coctel de risas, sorpresa y hasta incertidumbre. “En Suramérica cuando uno se baña, lo normal es salir sin ropa. Cuando me vieron me gritaban: ‘¡Diego, qué carajos es eso!’. Se volvieron locos”, le cuenta entre risas Calderón a El Espectador.

Y es que está atestiguando una revolución. Pero esta ya no es política: los tiempos de la Primavera Árabe, en la que el país africano consiguió en 2011 apagar un gobierno autoritario de más de 30 años conducido por Hosni Mubarak, son historia. Ahora se respira fútbol. Se vive un ambiente similar al que sintió Colombia hace cuatro años cuando Radamel Falcao lideró el combinado de José Pékerman al Mundial de Brasil, tras 16 años de ausencia en una cita orbital.

Egipto, luego de 28 años sin aparecer en los álbumes de los mundiales, está a un punto de clasificar a Rusia 2018 y su estrella, Mohamed Salah, jugador del Liverpool, brilla en el fútbol inglés.

“Aquí son particularmente especiales con los colombianos. Yo siento un orgullo inmenso cuando veo a Diego Calderón en las noticias. No me sorprende lo que está haciendo, la gente de nuestro país se adapta en donde sea porque somos buenas personas y nos gusta trabajar”, afirma Luis Fernando Hernández, soldado colombiano radicado en Egipto, en la Península del Sinaí, quien se encuentra apoyando la misión de paz de ese país con Israel.

El central ghanés Richard Baffour ha sido su cómplice y gran amigo en su estadía. Llegaron el mismo día, al mismo hotel y se quedaron en la misma habitación. Con la ventaja de que el africano domina el inglés, por lo que ha logrado crear un fuerte vínculo con el colombiano. “Él le dice a mis compañeros: ‘Diego no entiende el inglés bien hablado. A él hay que hablarle chimbo’. A mí me hablan en el inglés más malo que existe y ahí si medio entiendo. Mi entrenador dice que estoy loco”, señala sonriente el delantero antioqueño, uno de los goleadores de la Premier League egipcia, con tres goles en tres partidos disputados.

De su mano el Ismaily, con dos victorias y un empate, se encuentra en la parte alta de la tabla. “Aquí no toman alcohol, no andan con mujeres. Es duro para los sudamericanos. A las egipcias es imposible verlas con esas mascaras. Uno sólo les ve los ojos y tiene que respetar mucho”.

Diego es un trotamundos. A los 16 años dejó su hogar para marcharse al Juventude de Brasil. Se fue con tres compañeros, uno de ellos Danilo Asprilla. Allí llamó la atención de un empresario y se fue a Qatar. Pero las promesas se quedaron en eso y quedó olvidado aguantando hambre y con una multa de 12 mil dólares por pagar. “Mi Dios me puso una persona que me rescató. Ni nos conocíamos, pero el ecuatoriano Carlos Tenorio, quien venía de ser una de las figuras del Mundial de Alemania, pagó lo que debía, me regaló un celular para llamar a mi familia y me dio comida. Me acuerdo que tenía un carro absurdo, un murciélago espectacular”, dijo.

Volvió decepcionado a Brasil, en donde le debían nueve meses de sueldo. Un día se rompió un vidrio del bus del equipo y se echó la culpa para que lo dejaran marcharse. Le pagaron un mes y volvió a Colombia a jugar con el Barranquilla FC y luego con el Envigado.

Pedro Sarmiento, quien estaba a cargo del equipo antioqueño le puso un ultimátum. “Me dijo: ‘Diego sé que tienes talento, puedes llegar lejos. Pero tienes que dejar la rumba’. A mí todo me daba igual. Era joven y me rescindieron el contrato”. Volvió a jugar en su barrio y disputando el famoso torneo de comunas de Medellín se lesionó el tobillo.

En ese tiempo, Jackson Martínez, quien está casado con una prima suya, estaba jugando para Jaguares de México y le dijo: “Yo te ayudo, pero con una condición. Tienes que dejar la rumba y las mujeres”.

Lo llevó al cuadro mexicano y allí se recuperó de la lesión. Posteriormente tuvo una destacada actuación con Alebrijes de Oaxaca, club de la segunda división, en el que marcó siete goles en 27 partidos y llegó a la final de la Copa MX en 2013.

De ahí pasó al fútbol turco. Firmó, pero cuando llegó el club estaba sancionado y no lo pudo inscribir. Y así fue como llegó a Egipto, aunque confía en que la próxima temporada podrá jugar en Arabia Saudita.