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Nadie se debe quedar donde no es feliz. Si es obligado a hacerlo, lo más probable y lógico es que ese fastidio crezca y se convierta en una carga mucho más pesada de llevar. El mejor jugador del mundo fue forzado a seguir so pena de pagar la exorbitante cláusula de rescisión, en el único lugar del mundo donde siempre quiso estar, pero que por diversas circunstancias se fue convirtiendo en una insoportable realidad. Cuando Messi envió el famoso burofax ya estaba roto el vínculo que parecía indestructible entre él y el Fútbol Club Barcelona, impulsado por una cadena de errores del recientemente ido presidente del club, Josep Bartomeu, y su corte en los últimos años de su mandato. Pocos equipos dependen de un jugador para que las cosas vayan bien o mal, y el culé es uno de ellos.

La llegada de Ronald Koeman no parecía ni ha sido suficiente combustible para impulsar la nave y los pocos refuerzos contratados mucho menos, a pesar de la buena disposición del sucesor de Setién para rodear a la pulga.

Es increíble ver la tabla de posiciones de la Liga y encontrar al azulgrana más cerca del descenso que de la punta, parece una historia de terror. Su defensa cada vez más vulnerada es la triste protagonista de la temporada y su gran víctima es el mejor portero del planeta, Ter Stegen. Su zona de contención ya no resiste, cual represa agrietada en época de lluvias. Sergio Busquets está pasando por su más discreta forma y se ha quedado sin escuderos. De Jong no se consolida y Pjanic no ha sido solución. Antoine Griezmann sigue siendo un desconocido, al que ni siquiera le da para ser titular en Kiev, Coutinho es el rey de la intermitencia, Dembelé es un caso bastante particular, Ansu Fati se ha lesionado, y sumémosle a Piqué, uno de los referentes que este año ya no vuelve a jugar. Las promesas Pedri y Puig están todavía verdes y terminan de configurar una realidad liviana. Lio no está solo, pero lo rodean los reflejos desteñidos de soldados que ya no son tan determinantes para ayudarlo a conseguir victorias asombrosas, apenas algunas que solo servirán para elevar los niveles de nostalgia. No aparece aún la regularidad para sostener la lucha de siempre en España. Un panorama local incierto que no aguantaría lo que aún no se rompe, su participación en Champions que ha sido hasta ahora su único aliciente. Clasificó sin problema a segunda fase tras la goleada de ayer en Ucrania, que no alcanza todavía para apostar a ojo cerrado que llegue a semifinales, a decir verdad.

Históricamente el Barça ha tenido baches después de grandes ciclos, el más reciente tras el Dream Team de Johan Cruyff, no sé si esté entrando en el siguiente, todavía es prematuro para afirmarlo. Igualmente, siempre ha levantado y alcanzado el mayor nivel después de las crisis. Tampoco afirmo que vaya a perder la categoría, pero va a ser muy difícil que se ilumine de tal manera que pueda pelear nuevamente arriba esta temporada. El fútbol es uno solo, en cualquier país si las cosas se manejan mal desde la cabeza todo repercute. Los errores dirigenciales que se vienen cometiendo desde hace rato tenían que aniquilar la gallina de los huevos de oro, que se cansó de producir talento desde que la Masía perdió su esencia, tiene grave problemas económicos y se acostumbró a equivocarse en contrataciones y decisiones que tenían que impactar indefectiblemente en el futuro cercano.

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