El Bayern de los anti-nazis

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La breve historia de un presidente del cuadro bávaro que estuvo prisionero en un campo de concentración en la Segunda Guerra Mundial, pero volvió para contribuir a la grandeza de este campeón de fútbol de Alemania.

Kurt Landauer se vio sentado en el campo de concentración de Dachau, no muy lejos del escenario donde hacía tan sólo unos años, cómo presidente del Bayern Munich, levantaba el Campeonato Alemán por primera vez en la historia del club. Todo fue gloria en ese 1932, y el club derrotó 2-0 al Frankfurt en la final y las calles de la ciudad se volvieron una locura. Miles de personas salieron a recibir a los campeones.

Al año siguiente, Adolfo Hitler se consolidó y, por las leyes anti-judíos, Landauer fue obligado a dejar el cargo en marzo después de 13 años a cargo. Los años siguientes fueron de incertidumbre y de un ambiente hostil. Las cosas se fueron por la borda el 11 de noviembre de 1938, cuando fue llevado al campo de concentración de Dachau, un infierno en tierra donde más de 200 mil personas fueron internadas y 41 mil de ellas, fueron asesinadas.

A este campo de exterminio llegó Kurt Landauer, donde tuvo la suerte de permanecer solo por 33 días. Lo salvó haber combatido en la Primera Guerra Mundial, pero se exilió en Suiza. Dejó atrás a su país, su casa, a sus tres hermanos que murieron en el holocausto, a una hermana desaparecida de la que nunca más supo y a su club, el Bayern Munich, que jamás lo olvidó a pesar de las circunstancias.

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En el país alpino, asistió a un partido de la selección suiza y el Bayern en Ginebra, mientras el avance de las tropas nazis en el frente oriental era cada vez más arduo. Durante el partido, cuerpo técnico y jugadores saludaron a Landauer y una delegación de la Gestapo quedó estupefacta. El Bayern llegó a ser calificado como un club judío y como tal perseguido de los nazis. Se decía que el equipo del gobierno era el clásico rival, el 1860 Munich.

Pero el régimen nazi cayó y en el verano de 1947, entre bombos y platillos, Landabuer estaba de vuelta en Munich, donde volvió a ocupar su puesto presidencial. Se mantuvo en el cargo hasta 1951 y murió diez años después. Hoy, Landauer forma parte de la trinidad de presidentes de honor del club junto a grandes figuras cómo Franz Beckenbauer y Wilhem Neudecker.

Landauer, en estatua de bronce, el nombre de una calle, una placa de honor o una bandera gigante, vigila de cerca a su club y sabe que ahora nadie puede separarlo del amor de su vida.

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