El día que Independiente le ganó un título a la dictadura argentina

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Hoy se cumplen 44 años del golpe de cívico-militar en Argentina. Cada 24 de marzo se celebra el día de la memoria en ese país para no olvidar a las víctimas de la dictadura. A propósito de esta fecha, recordamos uno de los campeonatos más memorables: el de Independiente en 1978.

La final del torneo nacional en Argentina de 1977 se jugó el 28 de enero de 1978 en Córdoba. Talleres e Independiente eran los finalistas y el partido de ida en Avellaneda había quedado 1-1. La vuelta se jugaba con el peor ambiente político posible. La dictadura ya había entrado en su auge y la represión que encabezaba Jorge Rafael Videla y su junta militar ya provocaba varios escándalos por desapariciones forzadas, censuras y persecuciones a los movimientos y militantes de partidos e ideas de izquierda.

Luciano Benjamín Menéndez fue un general del ejército argentino que fue condenado a cadena perpetua por los crímenes que cometió en el transcurso de la dictadura. Muchos lo califican como uno de los genocidas más sádicos del gobierno de Videla. El día del partido en Córdoba, el general hizo presencia en el estadio de Talleres y, según cuentan los que recuerdan ese día, Menéndez hizo una visita sospechosa a los vestuarios antes de iniciar el partido. Primero acudió al vestuario del juez Alberto Barreiro, posteriormente se presentó ante los dos equipos finalistas.

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Independiente empezó ganado el partido con un gol de Norberto Outes. Alrededor de 25.000 personas asistieron al estadio para apoyar a Talleres. Muchos de los que coparon las gradas aquel 28 de enero no eran hinchas del club. Añoraron que ganara para darle una alegría a Córdoba. Los pocos fanáticos del rojo celebraron primero. Pocos minutos después la inmensa mayoría celebró el empate luego de un dudoso penalti que cobró Ricardo Cherini.

El partido se jugó con la hidalguía que caracteriza al fútbol argentino. Era la final previa al Mundial de Argentina de 1978. Ángel Bocanelli, volante ofensivo de Talleres, marcó el 2-1 en el minuto 83. La imagen no es clara, pero los jugadores de Independiente se fueron encima de Alberto Barreiro al ver que validó un gol con la mano, y no con la cabeza. Era la segunda jugada polémica del encuentro. En las gradas y detrás de los reflectores y los radios todos decían que Talleres saldría campeón gracias a la dictadura, pues a Menéndez le convenía ese triunfo para la propaganda política.

Enzo Trossero, Omar Larrosa y Rubén Galván, de Independiente, resultaron expulsados por el juez central luego del reclamo por el gol con la mano. Todo parecía acabado para el rojo. La dictadura también quería matar el fútbol.

Ricardo Bochini, ídolo de Independiente, hacía parte de los jugadores que iban a retirarse de la cancha por la impotencia y la ira que provocaba la falta de justicia en el juego. “Yo era de los que se querían ir de la cancha. Pensé que todo estaba perdido, pero seguimos luchando y conseguimos nuestro objetivo. Este es un momento de felicidad que nunca me voy a poder olvidar”, confesó La Bocha.

Pero un grito de José Pastoriza los frenó: “No se vayan, jueguen, jueguen, sean hombres, se puede ganar”. Los ocho que quedaron en la cancha se plantaron. Mariano Biondi, Daniel Bertoni y Ricardo Bochini armaron una jugada para la eternidad. Entre los tres se juntaron y este último anotó el gol del empate, y que por la regla del gol visitante, terminó dándole a Independiente el título del torneo argentino en medio de la niebla y la mano negra que quería darle el trofeo a Talleres con fines políticos. La algarabía de los jugadores al finalizar el partido carece de palabras para ser mejor narrada. Los pocos hinchas que lucían la camiseta de Independiente se metieron a la cancha a celebrar con los jugadores una hazaña, una gesta, una épica que permite recordarse en medio de las lágrimas y los vacíos que dejó una de las dictaduras del cono sur en la mitad del siglo XX.

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