El fenómeno Maradona se toma al fútbol argentino

La Superliga, afectada también por la crisis económica del país, necesitaba un revulsivo y Gimnasia lo consiguió con la contratación del polémico ídolo, quien vuelve a dirigir un club de su tierra después de dos décadas.

Ante 30 mil personas, Diego Armando Maradona fue presentado ayer como técnico de Gimnasia y Esgrima.  / EFE

El fenómeno Maradona generó una revolución en el fútbol argentino. No importó que su hoja de vida como entrenador tuviera tantos saltos en sus páginas. Mucho menos interesó que no haya cumplido con la meta de ascender a los Dorados de Sinaloa, su último club. Diego siempre será el héroe de México 86. El “d10s” que desarmó a los ingleses con la herida de la guerra todavía abierta. El pibe de Villa Fiorito, zona de clase baja en Buenos Aires, que conquistó al mundo y levantó la copa dorada de la FIFA.

Entonces, su regreso al país para dirigir a Gimnasia y Esgrima de La Plata no hace otra cosa que ratificar todo ese amor que los argentinos sienten por él. Si hasta el resto de los clubes de la Superliga celebraron su contratación. Racing, Independiente, Huracán, Lanús, Banfield, Colón y hasta Estudiantes publicaron saludos en sus cuentas de Twitter. La Conmebol lo desafió a jugar la Copa Libertadores. Y la ciudad de las diagonales, porque así confluyen sus calles, es el epicentro de la revolución. Un término que a Diego, fanático de Fidel Castro, lo pinta de cuerpo entero.

Maradona llega a un club que siempre vivió bajo la sombra de Estudiantes, cuatro veces ganador de la Libertadores. Que en 132 años de existencia apenas salió dos veces campeón, en 1929 y 1993. Que está agobiado por el descenso: último en la zona roja del promedio y colero en la tabla de posiciones, con un empate en cuatro fechas y tres derrotas consecutivas. Que necesita un milagro para sobrevivir en primera división. Tal vez por eso, en definitiva, Gimnasia se encomendó a la “mano de Dios”.

El Lobo, apodo que impuso el dibujante Julio César Trouet, porque el estadio Juan Carmelo Zerillo está enclavado en el bosque platense, encontró un increíble golpe de efecto. Desde que se supo que Maradona sería el nuevo entrenador sumó 2.000 socios y vendió varias decenas de camisetas. En la sede de la calle 4 hubo largas filas con hinchas desesperados por afiliarse a la institución, incluso seguidores de otros clubes que solo quieren estar cerca del astro. Y el presidente Gabriel Pellegrino reconoció que recibió una oferta de una cadena televisiva del exterior para transmitir los entrenamientos del equipo. Para la presentación de ayer domingo se pidieron acreditaciones desde Japón y Singapur, por citar dos casos exóticos.

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Esto es lo que genera Diego. A fin de cuentas, los jugadores son los mismos que no pudieron rendir con Darío Ortiz, un exzaguero central que renunció tras la derrota ante Argentinos Juniors. El plantel, según el sitio especializado Transfermarkt, está cotizado en US$15 millones, el 10 % del valor de los jugadores de River y Boca. Se destaca, como principal refuerzo, Pablo Velázquez, paraguayo de 32 años que pasó por Atlético Nacional.

Maradona aceptó dirigir Gimnasia después de una negociación que incluyó algunos puntos claves. Por empezar, no irá todos los días a La Plata, a sesenta kilómetros de Buenos Aires. Tendrá una casa alquilada para cuando decida quedarse allá. Y aunque será la cara visible, tendrá un doble comando con Sebastián Méndez. El extécnico de Cúcuta será el hombre del día a día. La posibilidad de que Gabriel Batistuta fuera su ayudante de campo quedó trunca porque el exgoleador viajará a Suiza para someterse a una intervención quirúrgica en el tobillo.

Christian Bragarnik, el empresario más poderoso del fútbol argentino, fue el encargado de llevar adelante la contratación de Diego. Fue el mismo que lo llevó a México. El soporte financiero llegará de parte de los patrocinadores. Le Coq Sportif, la marca que Maradona vistió con la selección en 1986, hará una inversión. Flybondi, empresa de aviación de bajo costo, pondrá un chárter a disposición del equipo.

Matías Morla, su abogado y representante, dejó claro que Diego no puede descuidar sus negocios en Venezuela y Bielorrusia. Diego apoya el régimen del dictador Nicolás Maduro y exporta granos en sociedad con el empresario italiano Valerio Antonini. Además es presidente honorario del Dynamo Brest. El club bielorruso, sin ir más lejos, le regaló a Maradona una Harley Davidson plateada con los colores argentinos. Fue la semana pasada, mientras el excapitán de la selección albiceleste se recuperaba de una operación en la rodilla derecha por una sinovitis y una artrosis que requirió prótesis especial.

¿Qué puede esperarse del Maradona técnico? “Siempre tengo presente la frase de César: guapo no es salir a golpear, guapo es el que sale a jugar, y yo creo en esto”, decía en octubre de 1994, a horas de ser entrenador de Deportivo Mandiyú, el primero de los clubes que dirigió. Todavía estaba fresca la suspensión por dopaje en el Mundial de Estados Unidos 94, cuando dijo que le habían “cortado las piernas”. Su compañero en Italia 90, Sergio Goycochea, era el arquero del equipo correntino. Impulsado por el entonces presidente de la nación, Carlos Menem, se hizo cargo del plantel junto a otro crack, Ricardo Bochini. No le fue bien. Sacó apenas el 25 % de los puntos (un triunfo, seis empates y cinco derrotas). Racing fue su segundo destino. Financiado por una compañía televisiva, Maradona llegó a la Academia. Vivió momentos tormentosos. Una pelea conyugal con Claudia Villafañe; una misteriosa desaparición de cinco días; periodistas que tocaba el timbre de su casa, donde tiempo después invitó a pelear a Julio César Toresani; rumores de hospitalización. Todo terminó cuando Juan De Stéfano, el presidente que lo llevó al conjunto de Avellaneda, perdió las elecciones.

Diego tenía previsto volver a jugar y terminó su carrera en Boca Juniors, el club que mueve su corazón. Pasaron trece años para que volviera a dirigir. Tomó a la selección de Argentina y entró por la ventana al Mundial de Sudáfrica. Es el entrenador con mejor porcentaje en el equipo nacional (72 %), con 18 triunfos y siete derrotas, una de ellas resonante: 6-1 con Bolivia en La Paz. Fue célebre la frase de la despedida. “No nos comamos el cuento de los teutones”, dijo antes de jugar con Alemania en Ciudad del Cabo. Fue 4-0 a favor del equipo de Joachim Löw, que en Brasil 2014 le ganaría la final a la selección de Lionel Messi.

En su trabajo en Oriente Medio tuvo sinsabores. Maradona fue técnico del Al Wasl de Emiratos Árabes en 2011: ganó siete partidos, empató tres y perdió solo uno, la final de la Liga de Campeones, pero terminó despedido por un enfrentamiento con la directiva. En 2017 se hizo cargo del Al Fujairah. Terminó invicto y en el tercer lugar, pero no le alcanzó para ascender. En el repechaje, por un error del arquero Saeed Sadeq, no pudo llegar a primera. Fue a Dorados y otra oportunidad de llegar a primera quedó dilapidada en la final con Atlético San Luis.

Así y todo, los ojos del mundo estuvieron enfocados en México. Y lo mismo sucederá con Gimnasia. “Diego quería que la presentación fuera con la gente”, dijo el presidente Pellegrino. Y así fue. Con 30.000 espectadores en el estadio y muchos miles en ese bosque que lo rodea y que ahora está encantado por el fenómeno Maradona.

 

 


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Daniel Avellaneda - Buenos Aires

Fútbol Internacional

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