El infierno que vivió Thiago Silva en Rusia

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Con 20 años vino al Dinamo de Moscú, pero no jugó un sólo minuto con el equipo porque le dio tuberculosis y casi pierde la vida. Este viernes será titular con la selección brasileña en el duelo ante Costa Rica.

Luego de ser una promesa del Figuerense brasileño, con 19 años, Thiago Silva pasó a jugar al Porto de Portugal. Pero jugar es un decir, porque no le dieron mayores oportunidades y apenas con seis meses de entrenamiento con el equipo luso fue cedido al Dinamo de Moscú, uno de los clubes históricos del país anfitrión de la Copa del Mundo de Rusia 2018, en el que brilló, por ejemplo, el legendario arquero Lev Yashin, más conocido como La Araña Negra. Sin experiencia y con más miedos que certezas, llegó a una ciudad desconocida, fría y en la que no entendía nada de lo que le decían. (Le puede interesar: Sadio Mané, la esperanza de Senegal en el Mundial de Rusia)

El nuevo propietario del Dinamo, Alexéi Fedorichev, se proponía convertir a este club en un equipo campeón, como en los viejos tiempos, y asesorado por un grupo de empresarios portugueses trajo, además de Silva, a Maniche, Costinha, Seitaridis, Derlei y Danny. Por compartir el mismo idioma con muchos compañeros de club, la adaptación al equipo no fue difícil. Pero a Moscú y a la cultura rusa sí. En los primeros entrenamientos, el joven defensor central demostró sus capacidades. Así lo recuerda la periodista rusa Danila Zhilyaev, quien lleva varios años cubriendo al Dinamo: “A pesar de su juventud, era corpulento y rápido. Iba bien por arriba y sabía salir jugando con la pelota”.

Justo antes de debutar, el entrenador Oleg Romántsev, quien ya lo tenía en sus planes inmediatos, fue destituido de su cargo y eso prolongó su espera. Por esos mismos días en los que el club vivía una situación adversa, Silva se comenzó a sentir mal. A pesar de que el nuevo estratega fue el brasileño Ivo Wortmann, no pudo coincidir con él, pues por el frío moscovita se enfermó. Comenzó a sentir dolores en el pecho al respirar, fiebre, cansancio repentino, falta de apetito y pérdida de peso. Fue llevado a una clínica, en la que le hicieron chequeos médicos y tras una serie de exámenes le diagnosticaron tuberculosis. Fue separado del resto de jugadores de la plantilla para que no fuera a contagiarlos y estuvo varios días encerrado en un hospital, al borde de la muerte. (Puede leer: Brasil, a resarcir su historia tras el papelón de hace cuatro años)

Esta enfermedad la había contraído casi un año antes de desembarcar en Moscú, sin embargo, por el clima se manifestó con fuerza. Según dijo el propio jugador de la selección brasileña, en la concentración del equipo en San Petersburgo, en ese momento médicos del club le dijeron que si hubiera pasado dos semanas más en ese estado, podría haber muerto.

Luego de una dura recuperación, en la que estuvo aislado, desmotivado y con ganas de rendirse, abandonó el Dinamo sin haber disputado un solo minuto y fichó por el Fluminense. Buscó regresar a su país para sentir el amor de su familia y, sobre todo, para volver a las raíces de su fútbol. (Lea: Brasil y Suiza empataron 1-1 en su debut en Rusia 2018)

En el Fluminense se consolidó en poco tiempo como el referente de la defensa, volvió a sonar como uno de los mejores centrales de su país y por eso se ganó un espacio en la selección brasileña. De ahí, de nuevo pasó a Europa, al Milán, en el que brilló. Ahora es capitán del PSG de Francia y con la selección brasileña está participando en su segundo Mundial de fútbol.

Thiago Silva ha olvidado esos trágicos momentos de su vida y más bien los ve como oportunidades que le han ayudado a afrontar las situaciones adversas de otra manera. Así como su infierno en Rusia quedó en el pasado, también el fracaso de hace cuatro años en la Copa del Mundo de Brasil 2014. Ahora va por el título con su país en Rusia 2018. (Vea nuestro especial sobre el Mundial de Rusia 2018)

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