Medellín debuta en la Copa Libertadores frente a Palestino (6:30 p.m., Fox)

El interminable David González

Su vínculo con el equipo Poderoso ha sido fuerte. Desde niño es fanático de la institución con la que, como profesional, ha ganado tres títulos de la liga colombiana (2002, 2004 y 2016).

Con 36 años, David González es uno de los referentes de Independiente Medellín. Getty Images

Independiente Medellín siempre ha estado tatuado en el corazón de David González. Desde niño fue un hincha ferviente del conjunto rojo de Antioquia. Fue un amor que le trasladaron sus padres, María Eugenia Giraldo y Darío González, y toda su familia: tíos, primos, abuelos. Seguían al Poderoso en cada partido que jugaba en la liga. Lo seguían por radio y cuando jugaba de local la asistencia al estadio era sagrada. “Hay una imagen que no se me borra de la cabeza. Es la de mi tío Luis Humberto Giraldo en un partido. Tenía un radio pegado a la oreja y la mano que lo sostenía temblaba del sufrimiento y de lo que le despertaba el equipo”, recuerda.

Así eran los días en la familia González Giraldo. Tuvieron que vivir la época más oscura de la escuadra roja, un tiempo en el que no ganaban y el mejor puesto que lograron fue un subcampeonato. Tiempos austeros para el Independiente Medellín. Tanto así que uno de los recuerdos más vívidos de David como hincha fue la última fecha de ese cuadrangular final de 1993, cuando en tiempo adicional el Júnior derrotó al América en Barranquilla y le arrebató de las manos el título al cuadro antioqueño. Todo se fue en un abrir y cerrar de ojos: la ilusión, la alegría. Los rojos veían nuevamente cómo otro equipo bordaba una estrella más en su escudo.

En medio de esa sequía que parecía interminable, David empezó a practicar el fútbol. Fue algo que siempre le apasionó. Por su estatura y reflejos terminó convirtiéndose en un guardián de las porterías. El escritor uruguayo Eduardo Galeano describe al arquero como el aguafiestas del fútbol. El que está ahí para impedir que se hagan los goles. Él aprendió ese arte de la mejor manera. Al principio lo hacía sin mucha técnica, pero fue aprendiendo con el pasar del tiempo. La vida parecía burlarse de él y de sus sentimientos cuando ingresó a las divisiones menores de Atlético Nacional, pero ese camino se recompuso en el año 2000, cuando Medellín le abrió las puertas.

“Esa temporada empecé a entrenar con el equipo, cuando el técnico era Julio Comesaña. En ese momento estaban conmigo jugadores como Roberto Carlos Cortés, Wilson Pérez, Víctor Pacheco, Carlos Gutiérrez y Wálter Escobar, entre otros”, afirma. Pero ese primer paso por el conjunto de sus amores fue efímero. Cuando llegó el momento de las negociaciones la escuadra no llegó a un acuerdo con el empresario de González, quien se marchó para el Deportivo Cali, en el que continuó aprendiendo el arte de cubrir los tres palos. Su entrenador fue Carlos Portela, quien logró potenciarlo un poco más, pero donde realmente se consolidó fue en Once Caldas, en 2001.

“Gané mucha experiencia jugando en la primera C con el equipo de Manizales. Casi nos coronamos campeones, pero perdimos la final con Medellín. Gracias a eso es que regresé al cuadro antioqueño”. David firmó en 2002 con el Poderoso y a partir de ese momento su carrera fue en alza. Arrancó jugando en la reserva, pero en el segundo semestre de ese año, con apenas 20 años, se ganó la titular del equipo y nunca más la soltó. Supo aprovechar su momento y fue importante para que Independiente Medellín terminara con una sequía de 45 años sin celebrar un título profesional en el rentado nacional.

Así comenzó la historia de un arquero interminable como David González, quien con Mauricio Molina, David Montoya, Roberto Carlos Cortés, John Javier Restrepo y Jorge Horacio Serna, entre otros, conformaron una escuadra que vivirá para siempre en los recuerdos del fanático de Independiente Medellín. Una que se coronó campeona de la liga en 2002 y 2004, frente al Deportivo Pasto y Atlético Nacional, respectivamente. Y que además fue protagonista en la Copa Libertadores de América, llegando a la semifinal en 2003. “Fue un grupo de amigos que nunca visionó lo que estaba logrando. Siempre salimos a la cancha tranquilos, a disfrutar, a jugar, a entregarnos. Siempre nos sentimos a gusto dentro del terreno de juego. Nadie pensó que íbamos a llegar tan lejos”.

Ganó todo con Medellín y el destino lo puso en Europa. Jugó en Turquía y en Inglaterra; pero su mayor enseñanza la obtuvo en el Manchester City. Aunque no jugó, mejoró como arquero. Y toda esa experiencia la puso a rendir en Colombia cuando regresó con el Deportivo Pasto en 2013 y un año después con Rionegro Águilas. En 2015 volvió al equipo que siempre amó para dar de nuevo una vuelta olímpica en 2016. A lo largo de su carrera han sido más las tristezas que las alegrías, pero esas pocas sonrisas han sido con Independiente Medellín, equipo con el que se convirtió en un ídolo, en eterno, en inmortal y con el que hoy arranca una nueva ilusión en la Copa Libertadores.

@J_Delahoz

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