Exhibir formas o encontrar una

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“Si no existieran ganadores y perdedores, ¿amarías de la misma manera este deporte?”, le preguntaron a Mourinho en el capítulo que él protagoniza en la serie Manual de juego, que se emite en Netflix. El portugués fue tajante en su respuesta: “No, el resultado es lo más importante en este deporte”.

Seguramente la gran mayoría de los amantes del fútbol, pero también de los que viven de él, responderían lo mismo. Total, el objetivo es marcar más goles que el rival. Ahora, hay distintas maneras de lograr ese objetivo. Como la ropa: a algunos les gusta una y a los demás otra.

Hay técnicos que prefieren olvidarse de los resultados. Creen que estos son consecuencia de las formas. Juan Manuel Lillo, por ejemplo, es uno de ellos. No se puede discutir su conocimiento. Quienes han trabajado con él lo definen como un maestro capaz de reinventar el juego en cada desafío. Pero el bueno de Lillo no ha ganado títulos en su ya dilatada carrera. Tal vez por eso es muy posible que haya encontrado su lugar en el mundo hace tres meses cuando su pupilo más aventajado, Pep Guardiola, lo llamó como su asistente en el Manchester City.

Lo cierto es que el trabajo de los entrenadores debe ir más allá de exhibir unas formas que sean motivo de aplauso por parte de los intelectuales del juego. En ese camino muchos se han perdido entre las ramas de la vanidad, que es la peor consejera a la hora de intentar domar el ego, lucha diaria de todos los humanos.

Entonces, el trabajo de los entrenadores, como el de todos los líderes, debe ser encontrar la forma de ganar. Por supuesto, esa búsqueda debe estar enmarcada en el respeto por las reglas, el rival y la integridad de todas las personas involucradas.

Por eso es loable que Carlos Queiroz haya terminado con tres centro delanteros, llenando de centros el área de Chile para empatar a última hora. Esa fue la consecuencia de 35 minutos en los que se intentó con la pelota en el piso, de todas las maneras posibles, sin encontrar resultados.

Por eso es de aplaudir que Ancelotti haya optado por bajarle revoluciones al partido del sábado en el que Liverpool lo superaba en todas las líneas. Al final, más allá de la discusión de aquel invalidado por el VAR, el empate fue justo porque cada uno hizo lo mejor que pudo dentro de sus posibilidades.

Los buenos técnicos son los que conocen su grupo, las variantes que les pueden dar y con base en eso establecen posibles vías para lograr el único objetivo de este deporte: ganar.

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