George Best, el indomable

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No podían detenerlo ni en las canchas ni en los bares. El norirlandés construyó su leyenda con jugadas memorables, frases eternas y una vida bohemia colmada de su desafortunado refugio: el alcohol.

En un partido del Manchester United, el defensor David Sadler le reclamó a George Best porque no les daba la cantidad de pases suficientes a los compañeros. El norirlandés no respondió. Lo que hizo fue entregarle todos los balones a él cada vez que lo recibía, afectando así el juego del equipo. Sadler entendió la lección y nunca volvió a recriminarle nada al hombre que marcaba la diferencia.

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En un encuentro de Irlanda del Norte contra Holanda, por las eliminatorias europeas al Mundial de Argentina 1978, un periodista consultó a Best sobre el mejor futbolista del rival: Johan Cruyff. “Es un jugador magnífico”, contestó el rebelde británico. “¿Mejor que tú?”, repreguntó el comunicador. El ‘7’ legendario sonrió y dijo: “Estás de broma, ¿no? Te diré lo que haré esta noche: cuando tenga la oportunidad, le haré un caño a Cruyff”.

Antes de los cinco minutos de compromiso, Best recibió el balón en la banda izquierda y decidió ir hacia el medio para eludir a dos holandeses antes de llegar a Cruyff, ubicado en el otro costado. Le hizo un par de amagues y le pasó la pelota por entre las piernas. Cumplió. Su puño al aire, como gesto de triunfo.

El mágico diestro respondía a los cuestionamientos en el terreno de la verdad: el verde césped. Ahí era el dueño de los sucesos, el que controlaba todo en canchas barrosas y campos impecables. El que recordaba sus cotejos callejeros en su natal Belfast e implementaba su repertorio múltiple de engaños y frenos, pases impensados y golazos antológicos.

Vino al mundo el 22 de mayo de 1946 y fue registrado por sus padres, Dickie Best y Anne Withers, como Ronald Samuel Best, aunque siempre fue llamado George. Era bueno para la gramática y las letras. Por eso, después de salir por pequeño del Cregagh Rangers Boys Club, obtuvo una beca en el Grovsvenor Grammar School, pero debía jugar al rugby. Su obsesión por el fútbol lo hizo desertar.

George comenzó a adentrarse en el entorno de la bebida en la adolescencia, por lo que sus padres accedieron a que ingresara a la Lisnasharragh Secondary School para que se reencontrara con sus amigos de la infancia y pudiera jugar fútbol. Su talento se fue haciendo conocido y se probó con el Glentoran, club de su ciudad, pero lo rechazaron por ligero y pequeño.

Esa osadía no la cometió el Manchester United, cuyo cazador de talentos Bob Bishop lo vio y envió un telegrama a Matt Busby, histórico de la dirección técnica de mencionada institución. “Creo que he encontrado un genio”, el mensaje de Bishop, quien se llevó a Best para el gigante británico, con el que debutó profesionalmente con apenas 17 años, el 14 de septiembre de 1963, frente al West Browmwich Albion, en el mítico estadio Old Trafford.

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Y el brillante norirlandés conformó la llamada “Santísima Trinidad” junto a los también legendarios Bobby Charlton y Dennis Law. Les entregaron a los aficionados del United una de las mejores épocas de su existencia con un juego deleitante y prácticamente insuperable. La temporada cumbre fue la de 1967/68. Venían de ganar el campeonato de primera división el año anterior y conquistaron la primera Copa de Europa (hoy Uefa Champions League) del club.

Best, que en ese 1968 y con apenas 22 años había sido galardonado con el Balón de Oro, se hizo amigo de Charlton, quien una vez lo invitó a cenar a su casa y después contó: “Cuando ya cocinábamos pescado y preparábamos una ensalada, George me preguntó cómo era la vida de casado, el tener hijos, perros y ayudar en las tareas caseras. Llegué a pensar que entonces había madurado”. Sin embargo, al día siguiente Best llegó borracho al entrenamiento y le explicó: “Salí de tu casa y, mientras iba pensando en lo que me habías contado, me entró una sensación de agobio y me tuve que ir al bar a relajarme”.

El alcohol siempre fue el desafortunado refugio de sus angustias. En él se hundió desde joven. “Tenía una casa cerca del mar, pero para ir a la playa había que pasar por delante de un bar. Nunca me bañé”, reseñaba el Quinto Beatle, el que decía sin sonrojarse: “Gasté un montón de dinero en autos, mujeres y alcohol. El resto simplemente lo malgasté”. El que aseguraba: “Cada vez que entro en un sitio hay sesenta personas que quieren invitarme a beber, y yo no sé decir que no”. El que fue el orgulloso amante de reinas de belleza y anotador de golazos al Liverpool. El que divulgaba: “Si yo hubiera nacido feo, ustedes jamás habrían oído hablar de Pelé”. Al que las botellas lo llevaron a las enfermedades y falleció el 25 de noviembre de 2005, hace exactamente 15 años, a causa de una infección pulmonar y un fallo multiorgánico. “No mueran como yo”, sus palabras finales.

@SebasArenas10

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