Más cerca de sus raíces

Joel Qwiberg, el colombo-sueco de la MLS

Nació en Bogotá, pero con seis meses de vida fue adoptado por una pareja escandinava. Su sueño: jugar con la selección de Colombia.

Joel Qwiberg jugó en las selecciones juveniles de Suecia.San José Earthquakes

Es moreno, no pasa de los 1,73 metros de estatura. Creció en Suecia, un lugar de hombres espigados, rubios y de ojos claros. Y nació en Bogotá en 1992 en una familia disfuncional, en un país que por esos días vivía uno de los períodos más espinosos de su historia.

Con seis meses de existencia fue adoptado por una profesora y un militar suecos y partió hacia suelo escandinavo. A vivir en un lugar que le ofrecía mejores condiciones de vida.

Y hoy, con 25 años, Joel Qwiberg debutará con San José Earthquakes frente a Minnesota United en el inicio de la MLS de Estados Unidos. Es uno de los fichajes estelares del cuadro californiano para esta temporada. Un capricho de Mikael Stahre, DT del equipo, sueco y quien lo seguía mientras dirigía en la Allsvenskan, la principal liga de ese país.

Cuando le llegó la llamada de Stahre, no lo pensó dos veces. Aunque varios equipos europeos habían hecho esfuerzos para contar con sus servicios, Joel siempre ha tenido un deseo especial: volver a sus raíces.

No habla español, pero tiene a su país biológico en el corazón. Y también en el cuerpo: “Colombia”, dice el tatuaje que tiene grabado en el pecho, y “Santafé de Bogotá”, el que lleva consignado en el brazo derecho.

“Yo tengo dos sueños. El primero es ganar la MLS y el segundo, bien lejos que está, pero no imposible, es jugar en la selección de Colombia”, dice. Y aunque jugó desde los 15 años en todas las selecciones juveniles de Suecia, es coherente con sus sueños. “La mayoría escogerá el primer país que lo llame o el que mejores condiciones ofrezca, pero yo siento que debo ser honesto con mis sentimientos y ellos están en Colombia. Aparte, es uno de los mejores equipos del mundo”, confiesa entre risas Qwiberg con su inglés pausado, pero en progreso, en charla con El Espectador.

Desde su partida, no ha vuelto a pisar Colombia. Ya tiene decidido regresar: en invierno y a finales de este año. Sabe los nombres, pero aún no ha discernido si quiere conocer a sus padres biológicos. A decir verdad, prefiere no hablar mucho del tema.

“Yo sólo tengo unos papás y están en Suecia. Me vine para Estados Unidos para estar más cerca de mis raíces. No fue tan fácil verse tan diferente en algunos lugares, eso me hacía incluso más orgulloso de mi país”.

En la casa son cuatro con sus padres y su hermana, quien sí es hija biológica de ellos. “Yo les digo a todos: soy un colombiano viviendo en Suecia, no un sueco que nació en Colombia. Tengo toda la cultura sueca, poco de la colombiana. Por eso quiero darle un nuevo giro a mi vida en esta nueva experiencia”.

No le cuesta imaginarse en un tiempo jugando para un equipo de la Liga Águila. De hecho, hace un par de años hizo un intento de contactarse con clubes colombianos a través de un conocido suyo con conexiones en Suramérica. Pero al final no logró su cometido.

Llegó proveniente del IF Brommapojkarna de Estocolmo, el conjunto europeo con mayor cantidad de jugadores en divisiones menores (tiene cerca de 3.000 en sus 217 equipos). En 2015, el cuadro sueco logró su mejor participación en competiciones continentales al llegar a tercera ronda de la Europa League. Pero la debacle arrancó en 2014: perdieron la categoría y se fueron a la segunda división. Para rematar, en 2015 se fueron a la tercera. En 2016 llegó Joel Qwiberg. El lateral izquierdo le dio chispa en ataque y seguridad atrás al cuadro de Estocolmo. En dos años el equipo, que fue el que menos goles ligueros concedió en ambos torneos, volvió a pararse en la Allsvenskan, la máxima categoría del balompié sueco.

Con los títulos de ascenso y varias ofertas bajo la mesa, pues fue elegido como uno de los mejores defensores del torneo, empacó maletas. “Como soy bajito, igual que los suramericanos, compenso eso con técnica y velocidad. Tengo potencia y una buena pegada con la pierna izquierda”.

Tras su llegada, Jesse Fioranelli, gerente general de San José Earthquakes, no se contuvo en elogios. “Joel está dotado con una técnica impresionante y es un jugador luchador que nos dará fuerza en varias posiciones de la defensa”, afirmó sobre el futbolista, que disputó 60 partidos en las últimas dos temporadas y que salió victorioso en 45 de ellos.

Fuera de la cancha también se ven sus cualidades. Joel es un hombre de buen corazón. A través de su cuenta de Twitter escribió el siguiente mensaje: “Soy consciente de lo duro que trabajan los padres por sus familias. Del esfuerzo que hicieron los míos por mí y mi hermana. Es por eso que quiero regalar tres entradas para nuestro primer partido de la temporada, ante Minnesota. ¿Saben de alguien que esté teniendo problemas económicos y no pueda pagar los tiquetes? Escríbanme. Si puedo ayudar a alguien a venir al estadio, estaría encantado de ayudar. Empecemos este nuevo diario juntos”, fueron las palabras del colombo-sueco.

Ha sido un viaje largo. Tiene dos pasaportes, pero solo un corazón. Y está en Colombia. En Estados Unidos vivirá 6.047 kilómetros más cerca de sus raíces. Empezó con el “Välkommen”, unos años después leyó un “Welcome” y ahora se trasnocha con escuchar esa palabra que aún no sabe pronunciar: “Bienvenido”.