Jugadores de St. Pauli defienden a sus hinchas enfrentándose a seguidores rivales

El equipo emblema de la izquierda en Alemania, sumó otro capítulo más a su extensa historia como club de culto al recuperar banderas que habían sido robadas por fanáticos contrarios.

Futbolistas de St. Pauli celebran el triunfo con sus hinchas de 1-0 ante Holstein Kiel. @fcstpauli

La icónica imagen se registró en el partido disputado en el estadio del Holstein Kiel ante St. Pauli. Mientras los jugadores se encontraban haciendo el calentamiento previo dentro del terreno de juego, la barra brava del conjunto local se metió a la cancha y avanzó hasta donde estaba el público visitante. Allí, con bengalas en sus manos y encapuchados, unas 15 personas vestidas completamente de negro, se robaron dos banderas colgadas en las tribunas y empezaron su huida. (También le puede interesar: El ucraniano que no jugaría con el Rayo Vallecano por su ideología política)

La mayoría regresó sin ningún inconveniente a las gradas. Sin embargo, los dos individuos que habían realizaron el hurto, corrían entre los miembros de seguridad y los propios futbolistas. Fue en ese momento, que los mismos jugadores del St. Pauli decidieron interceder en el asunto alcanzando a los hinchas del Holstein Kiel y lograron recuperar las banderas de sus seguidores. Mientras la policía capturaba a quienes podía.

Los futbolistas del equipo visitante les devolvían las banderas a sus hinchas. El tunecino Sami Allagui era quien se llevaba la mayor ovación. Pues, ante uno de sus máximos rivales, había demostrado un acto inusual en medio de otro hecho de violencia en el fútbol.

Y es que los hinchas del St. Pauli, quienes se identifican plenamente con una institución reconocida por sus bases de izquierda, habían robado en los días previos al encuentro elementos de la barra de su rival. Por eso, los seguidores de Holstein Kiel tomaron represalias.   

 

St. Pauli y su afición

Lo ocurrido el pasado martes en el estadio Holstein-Stadion es otro capítulo más de la estrecha relación entre este equipo alemán de la ciudad de Hamburgo y sus hinchas. St. Pauli es reconocido en el mundo del fútbol justamente por no ser únicamente una institución deportiva. Fundado hace 107 años, a finales de la década de los 80, empezó a ser considerado un club de culto y un símbolo antifascista, antisexista, antirracista y antihooligan, al que se adhirieron anarquistas, comunistas y socialistas. (Vea también: Liga española sanciona al Celta de Vigo por no llenar las tribunas de su estadio)

Ubicado en el puerto de Hamburgo, el barrio Sankt Pauli es el epicentro de las zonas rojas más importantes de toda Europa. La caída del Muro de Berlín en 1989 tuvo mucho que ver en esto. Dos factores que hicieron que el St. Pauli, pasará de tener 1.600 a 20.000 personas en su estadio Millerntor-Stadion.

Pero más allá de empezar a tener en su plantilla a jugadores de la antigua Alemania Oriental, los éxitos deportivos no llegaban. Inclusive, el equipo se encontraba en ese momento en tercera categoría y sólo contaba con un ascenso a primera división en la temporada 1977/78. ¿A qué se debía entonces su auge?

El estadio Millerntor-Stadion comenzó a ser el foco donde se reunían todos los movimientos que convergían en el puerto. St. Pauli le abrió las puertas a las trabajadoras sexuales, comunidades LGBT, inmigrantes, punks y todo aquel que hacía de esta zona del puerto un conjunto de culturas.

Fue en ese momento que pasó de ser un club de barrio para convertirse en el símbolo de muchos alrededor del mundo. Actualmente cuenta con 280 filiales. Se estima que 11 millones de personas en el planeta tienen algún tipo de afinidad con St. Pauli. Su estadio fue remodelado para albergar 30 mil espectadores y presenta una de las mejores asistencias en el fútbol alemán. Sin importar en la categoría en que se encuentren.

St. Pauli rompe los paradigmas del deporte más popular del mundo constantemente. Tuvo al primer jugador de raza negra del fútbol alemán, el togolés Guy Acolatse. Corny Littmann, empresario teatral declarado abiertamente gay, presidió al club durante siete años. Posee el mayor promedio de asistencia de mujeres. Promociona sus encuentros con el lema “St. Pauli contra la derecha” (el escudo del equipo a la izquierda y un puño golpeando una esvástica a la derecha). En repudio por la creciente ola de violencia que se vivía en Alemania en contra de la comunidad turca, organizó un partido amistoso en su estadio frente al Galatasaray de Turquía. Lo mismo hizo frente al Borussia Dortmund en medio de la crisis que vivía Europa por los refugiados.

En fin, son innumerables los casos puntuales que hacen a St. Pauli un equipo fuera de lo convencional. Por eso, sus jugadores después de cada partido, sin importar el resultado, realizan una vuelta olímpica. Se despiden de las cuatro tribunas. Alzan los brazos y se funden en aplausos con los hinchas que han salvado a punta de recolectas al club de la bancarrota en dos ocasiones; aquellos que hicieron cambiar el nombre del estadio, porque Wilhelm Koch había colaborado con las autoridades de la Alemania Nazi; los que en 2002 hicieron quitar la publicidad de la revista Maxim por considerarla sexista; y quienes colgaran atrás de uno de los arcos del Millerntor-Stadion dos banderas que creían perdidas, este sábado ante Fortuna Düsseldorf.