Clasificó a Panamá al primer Mundial de su historia

La otra cara del “Bolillo”

Mucho se dice de Hernán Darío Gómez. Que es un tipo grosero y hasta bravo. Pero ese es el precio que tienen que pagar quienes no tienen miedo de decir las cosas como son. Su hijo Daniel lo describe en familia.

El Bolillo clasificó a Panamá al primer Mundial de su historia.EFE/Cortesía

No tiene pelos en la lengua. Dice las cosas como son. Sin eufemismos ni rodeos. Lo de ser políticamente correcto se lo deja a otras personas. Como político, tal vez, se hubiera muerto de hambre, aunque fue uno de sus grandes anhelos y estuvo cerca de cumplirlo en 2010, cuando tuvo la intención de lanzarse al Congreso por el Partido Conservador.

Lo de demagogo y lo de populista, definitivamente no lo lleva impreso en su ADN. Hernán Darío el Bolillo Gómez no siempre dirá lo que la gente quiere escuchar; dirá la verdad. Por más cruda que sea. Algo que le ha costado muchos detractores y, tal vez, la imagen de ser una persona de pocos amigos. Alguien de sangre caliente con una lengua suelta lista para disparar una bomba.

Dicen que en la vida hay dos cosas que deben permanecer ocultas para conservar su esencia. Los secretos no serían secretos si salieran a la luz. Lo mismo ocurre con la humildad, no hay expresión más vívida de antihumildad que declararse humilde.

“La prensa habla mucho. Él no va a salir a decir: ‘Hola, soy una persona muy noble y descomplicada’. La verdad es que es un ser humano muy cariñoso, en serio. Me dice que me ama todo el tiempo. Hablamos cuatro veces al día. Da la vida por los suyos y tiene un temperamento especial. Y no lo digo porque sea mi papá, esto lo puede confirmar cualquiera de los jugadores que ha dirigido y las personas que lo conocen. Ha cometido errores, como todos”, señala Daniel, su hijo, con el mismo tono de voz y acento de su padre.

Daniel Gómez forjó los cimientos de su vida rodeado del fútbol. Cuando abría los ojos tenía a hombres como Faustino Asprilla, René Higuita y Andrés Escobar, los grandes amigos de su papá, transitando por los corredores de su casa. De hecho, fue futbolista profesional de varios equipos de Colombia. Incluso se enfrentó a su padre en 2012, cuando él era volante de Rionegro y el Bolillo el técnico de Independiente Medellín.

Con 27 años ya no juega, pero su vida sigue ligada a la pelota. Está creando una agencia de representación de jugadores. La consigna es apoyar a futbolistas con pocas opciones de mostrarse y consolidarse. Y sus amistades también se forjaron en ese ambiente. James Rodríguez es uno de sus grandes amigos, con quien se conoció en torneos juveniles cuando el 10 del Bayern Múnich estaba en las inferiores de Envigado y Daniel en las de Independiente Medellín.

El exfutbolista es el único hijo del segundo matrimonio de Hernán Darío Gómez. La vida amorosa del Bolillo se resume en tres mujeres: Clara Velásquez fue el primer amor de su vida, estuvieron juntos desde los 15 años y mantuvieron un noviazgo de 12. El matrimonio duró poco. La segunda, la madre de Daniel, Diana Duque. “Ella estudió psicología, quizá para poder entenderme”, dijo elocuentemente el técnico antioqueño hace algunos años.

Actualmente, Luz Adriana Ortiz, quien también tiene hijos de otro matrimonio, es su pareja. Los nietos de ella han sacado la faceta más paternal de Hernán. Tras la clasificación de Panamá a Rusia 2018, uno de ellos se coló en la rueda de prensa gritando “abuelito, abuelito”. El pequeño fue a abrazar al Bolillo, que rompió en llanto.

“Soy tan pulcro que orino sentado”, le dijo el antioqueño a la periodista deportiva Esperanza Palacio. Su lado más humano ha sido opacado por sus encontronazos con la prensa y, también, por el escándalo que vivió en 2011 cuando agredió a una mujer que lo acompañaba a la salida de un restaurante en Bogotá.

El episodio causó indignación colectiva. Tanto así, que tuvo que dejar la dirección de la selección de Colombia, que arrancaba su camino para clasificarse al Mundial de Brasil 2014.

“Estuvimos muy unidos en ese momento. Para nosotros en la casa fue muy duro ver el matoneo de la gente. Duró mucho tiempo. Siempre estuve a su lado, porque él es mi papá. Como familia nos arropamos con quienes nos apoyaron. Pero claro, dolió. Estas son las cosas a las que uno está expuesto cuando tiene un padre que es figura pública”, afirmó Daniel.

Contrario a lo que la gente piensa, ese no es el golpe más fuerte que ha sufrido Hernán Darío en su vida. La cruz más pesada que ha tenido que cargar es la muerte de Andrés Escobar. Ocurrió luego del Mundial de Estados Unidos 1994. Era, por segunda vez, el asistente técnico de Francisco Maturana en una cita orbital. Volvieron destrozados, pues Colombia, favorita en las apuestas, se marchó como el gran fracaso del torneo.

El punto de ebullición de la catástrofe ocurrió con el asesinato del defensor antioqueño luego de su autogol en la derrota 2-1 frente a Estados Unidos. “Estaba muy pequeño, pero igual lo tengo muy presente. Andrés venía mucho a la casa y jugaba fútbol conmigo. Era mi ídolo y amigo. Fue tal vez la gran amistad de mi papá. Él me dice que el dolor de su vida fue su muerte”, confesó Daniel.

Lejos de la política, por obvias razones, lo de Hernán Darío fue el fútbol. Y luego de clasificar de forma agónica a Panamá a su primer Mundial, el Bolillo se convertirá en el segundo técnico de la historia en dirigir tres citas orbitales con selecciones diferentes. Igualó a Henri Michel, el francés que clasificó a Camerún, Marruecos y Túnez a los mundiales de 1994, 1998 y 2002, respectivamente.

El primero del nacido en Medellín fue Francia 1998 con la selección de Colombia. El combinado tricolor empacó maletas en primera ronda, con dos derrotas y tan sólo un gol marcado por Léider Preciado frente a Túnez. Ese fue el inicio del período más gris en la historia del fútbol colombiano.

“Ese es nuestro país. Y nosotros fuimos al Mundial reflejando lo que somos. Párenme bolas, porque nosotros cumplimos con lo que habíamos prometido. Lo que pasó en Francia no fue un fracaso, es la realidad del fútbol colombiano”, afirmó, fiel a su estilo, el Bolillo en su regreso al país.

Su revancha ocurrió en Corea y Japón 2002. Asumió las riendas de la selección de Ecuador y la clasificó al primer Mundial de su historia. Y aunque se fueron eliminados en primera ronda, ganaron el último partido del Grupo G, frente a Croacia. Fue un momento sublime. Hubo un terremoto de júbilo en el pueblo ecuatoriano.

Y la réplica se sintió 15 años después en el istmo de Panamá. El extécnico de Nacional, Medellín y Santa Fe clasificó al país canalero al primer Mundial de su historia. Una nación que ya no es sólo béisbol y boxeo. Es fútbol.

“Panamá, adoptaste mi alma, Colombia dueña de mi corazón y Ecuador, mi consentida”, sentenció el Bolillo, un hombre que no se trasnocha por caerle bien a todo el mundo, pues no nació para ser políticamente correcto.

Thomas Blanco - @thomblalin