“Papu” Gómez, un 10 con actitud

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Alejandro Darío “Papu” Gómez paseaba con su esposa e hijo por las calles de Kharkiv (Ucrania), donde vivía porque trabajaba para el club Metalist, de la primera división de ese país, cuando se armó un tiroteo entre facciones: una prorrusa y la otra pro-Unión Europea. Ellos quedaron en la mitad del fuego. Salieron ilesos y despavoridos a final de temporada en 2014, de regreso a Italia, para jugar en el Atalanta de Bérgamo, equipo de mediano nivel de la serie A, que por esos días estaba armando un proyecto a largo plazo que los llevara a la Europa League y, por qué no, a una Champions.

Antes de su explosivo (en todo el sentido de la palabra) pasó por Ucrania, la carrera del “Papu” no había sido ni parecida a la de las grandes estrellas de su país: Argentina. Lo más importante fue la obtención de la Copa Sudamericana 2007 para el pequeño Arsenal de Sarandí, en la que marcó dos goles en la final. También hizo parte de la nómina campeona del Mundial Juvenil de Canadá 2007.

“Papu” fue hombre de confianza de Diego Simeone en San Lorenzo y en Catania, donde fue vital para salvar al equipo del descenso. De hecho estuvo cerca de ir al Atlético de Madrid por pedido del “Cholo”. Fue en 2012, pero para los colchoneros la prioridad fue mantener a Falcao en el equipo. En la selección de su país jugó apenas algunos partidos de eliminatorias con Sampaoli.

Pero todos tenemos un lugar en el mundo y Bérgamo parece ser el de “Papu”. A sus 32 años juega de enganche clásico o de media punta por cualquiera de los dos costados. Claro, lo que más le gusta es jugar de diez, pero no se hace lío si lo cambian de lugar. Tiene la clase necesaria para revalidar una posición que parece en vía de extinción. Basta con ver el gol de Duván Zapata el sábado anterior ante la Juventus. La habilitación del “Papu”, como todo un diez clásico, es para repetir mil veces.

El diez clásico no tiene lugar en el fútbol moderno si ese liderazgo no lo expresa más allá de la cancha. “Papu” es el estado de ánimo del equipo, el que tiene convencido a Muriel de que no importa cuántos minutos juegue sino cómo lo haga cuando juega. El que en 2014, tras su regreso de Ucrania, pudo escoger entre ir a equipos grandes de Argentina o México a ganarlo todo, incluido más dinero, pero prefirió apostarle a un proyecto de cocción lenta como el de Atalanta.

Hoy su equipo es la sensación del mundo. Los objetivos los han cumplido de a poco. “Papu” Gómez demuestra que el diez todavía tiene un lugar importante en el juego. Hay varios mejores que él en el mundo quejándose por la falta de oportunidades, pero pocos tienen su actitud.

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