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River-Boca y la final del mundo

Hoy el planeta fútbol se paraliza: River Plate y Boca Juniors definirán al nuevo campeón de la Copa Libertadores de América. El primer encuentro terminó igualado a dos goles.

Boca y River empataron 2-2 en el partido de ida de la final de la Copa Libertadores. AFP

No exageran los argentinos cuando califican el clásico River-Boca de este sábado, por el título de la Copa Libertadores de América, como la final del mundo. Para ellos, que viven el fútbol más que nadie, este es sin duda el partido más importante de todos los tiempos. “Uno simpatiza por la selección, pero ama verdaderamente a su equipo”, dice un aficionado.

Por eso, habrá un antes y un después de este 24 de noviembre para bosteros y gallinas. Esta fecha, para bien o para mal, partirá en dos la historia de los clubes más importantes de Argentina. Y en los que además hay cuota colombiana, con Rafael Santos Borré y Juan Fernando Quintero con la camiseta de la banda roja y Wilmar Barrios, Sebastián Villa y Edwin Cardona con la azul y oro. “Mirá, está claro que no se va a acabar el mundo, pero para los que ganen. Quienes pierdan tardarán años en recuperarse”, explica Gerardo Chaves, un oficinista hincha de Boca, quien visita todos los días el Café Tortoni, en la Avenida de Mayo y Piedras, fundado en 1958 al lado de la Academia Nacional de Tango.

“Hay que ser de acá para entender lo que significa esta rivalidad legendaria. Y más en la final de la Libertadores. La ciudad está hecha un quilombo (desastre) por las protestas de los taxistas anti-Uber, las organizaciones sociales que apoyan a los agricultores que están en paro y los docentes que no quieren que les cambien el sistema de formación y evaluación, pero de lo único que escuchás hablar en el subte (metro) y en el micro (bus) es del River-Boca”. “Ojalá pase rápido para recuperar la vida”, le responde Manuel Sacco, su colega, quien se crió disfrutando a la generación millonaria que le ganó las Libertadores de 1986 y 1996 al América y que estuvo en Cali en esas dos finales, así como disfrutó del título de 2015. “Acá tenemos buenos recuerdos de Colombia. Mario Yepes, Falcao y ahora Rafita Borré y el Nalgón Quintero”, agrega.

Boca, en cambio, acudió el jueves en la tarde al multitudinario homenaje que le hicieron sus hinchas. Más de 60.000 personas llenaron La Bombonera para apoyar al cuadro xeneize, que será visitante hoy en el Monumental. Ni la lluvia impidió que la afición bostera llenara el escenario y les pidiera a los jugadores la séptima Libertadores, tras las conquistadas en 1977, 1978, 2000, 2001, 2003 y 2007, varias de ella también con jugadores nuestros como Óscar Córdoba, Mauricio Serna y Jorge Bermúdez. Tanto que varios miles de personas se quedaron por fuera, muchos padres con sus hijos menores y familias que querían ver a sus ídolos. Cómo será que el gobierno de la ciudad decretó la clausura del mítico estadio por exceso de gente en los pasillos y accesos. “Todo se desbordó, a pesar de que tomamos medidas. Por fortuna la gente se comportó muy bien y no hubo nada que lamentar”, explicó el presidente de Boca, Daniel Angelici.

Al partido River llega ligeramente favorito. Por el 2-2 como visitante en la ida y porque futbolísticamente es más. Los jugadores tienen clara la idea de su técnico. Pero Boca sabe jugar finales y en el aspecto psicológico casi siempre ha superado a su más tradicional rival. Tanto que sus hinchas se han preparado para el día después.

“Qué va, si perdemos no los podremos volver a mofar con el descenso, una vergüenza que no se borrará jamás. Pero si les ganamos, no se la sacamos más”, advierte Helena Troy, habitante de La Boca, quien este año se hizo cargo del negocio del que vive su familia: la venta de sándwiches de pan y jamón, ahora por 30 pesos argentinos cada uno, algo así como $3.000 colombianos; caro teniendo en cuenta la crisis económica de este país, en el que una carrera en taxi desde el centro a La Bombonera o el Monumental cuesta $10.000 y $30.000 nuestros, respectivamente. Esas tarifas las pagan los visitantes, porque los aficionados locales prefieren tomar transporte público o caminar, sobre todo ahora en primavera, cuando las mañanas son soleadas y calientes y las tardes frescas. Para hoy, por ejemplo, hay pronóstico de lluvia y se está oscureciendo a las 8:00 p.m., hora en la que se haría la premiación en caso de alargue y definición por penaltis.

“River va a extrañar mucho a Borré”, admitió Reinaldo Mostaza Merlo, exjugador y técnico millonario, quien cree que “es un jugador muy valioso porque se sabe mover, corre todo el tiempo y exige a los centrales; es muy difícil de marcar”. El barranquillero fue amonestado en el partido de ida y se perderá la vuelta por sanción. Juanfer Quintero seguramente será suplente. Quien sí estará es el exarquero de Atlético Nacional, Franco Armani. En Boca el titular fijo es Wilmar Barrios. Sebastián Villa podría ser inicialista en caso de que el técnico Guillermo Barros Schelotto haga un planteamiento conservador. Y la incógnita todavía es si Edwin Cardona irá al banco o quedará por fuera de las alternativas.

En Buenos Aires hay una tensa calma antes de la final. En los hinchas pareciera que el miedo a la derrota es más grande que el deseo de ganar. Y en las calles, a pesar de las campañas de ambos clubes para que sus hinchas icen banderas y se pongan camisetas, el color que predomina es el violeta, precisamente el que sale de la mezcla del azul y el rojo. Es el de la flor de Jacarandá, un árbol que simboliza la primavera por estas tierras y del que hay cerca de 15.000 ejemplares desde La Boca, el barrio popular del sureste de la capital argentina en el que late esa pasión llamada Boca Juniors, y Belgrano, al norte, un sector distinguido y moderno en donde queda el estadio Monumental, ese mismo que enmudeció el 5 de septiembre de 1993 con la victoria 5-0 de Colombia sobre Argentina y que hoy, cual final de un Mundial, será el foco de las miradas de todo el planeta fútbol.

 

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Luis Guillermo Ordóñez - Enviado especial Bueno Aires

Fútbol Internacional

River-Boca y la final del mundo

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