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Sadio Mané, su camino y una nueva hazaña: el Balón de oro de Afríca 2019

Mohamed Salah, su compañero de equipo y el otro favorito al galardón, había ganado en las dos ediciones pasadas. En esta oportunidad, el senegalés obtiene el premio al mejor jugador de África. Sus orígenes en el fútbol se remontan a los goles que marcó en el Generation Foot, el equipo más importante de su país.

Sadio Mané, jugador senegalés de 27 años, es el ganador del Balón de oro de África 2019. EFE

Sadio Mané llegó a la liga que veía en el televisor de la sala de su casa cuando era niño en el 2014. En Liverpool, su club actual, se ha terminado de consolidar como uno de los mejores jugadores del fútbol inglés y, en general, del fútbol a nivel mundial. Con el Balón de Oro de África 2019 que le ganó a su compañero de equipo, Mohamed Salah, el volante reafirma su buen momento en el deporte. 

A Bambalí, ciudad en la que nació Sadio Mané, la arropa la pobreza que recae en muchos países de África. Allá, como en otros lugares del mundo, como también le tocó a muchas jugadores de Colombia, se aprende a jugar fútbol con los pies descalzos y con las esperanzas tan sedientas como las mismas gargantas que gritan gol. 

El senegalés creció defendiendo sus sueños. Los partidos de la Premier League y las jugadas fantásticas que Ronaldinho mostraba partido tras partido crearon en el pequeño senegalés un anhelo específico que definió su vida y su camino. Dejó los trabajos forzados y las negativas de su padre de jugar fútbol y decidió vivir con sus tíos para poder dedicarse de lleno al fútbol y así cosechar la tierra que se hizo fértil con el paso de las primaveras que Sadio Mané empezó a vivir en Europa años después. 

El primer pago que Mané recibió lo invirtió en un balón. Un balón que deja de ser objeto para convertirse en mejor amigo, en el cofre de los sueños y en el mejor de los confidentes. Con él entrenaba en las calles aledañas a su casa y con él recorría los caminos que lo llevaban siempre a la cancha, pues para el futbolista innato todos los caminos conducirán siempre al campo de juego y a los carnavales que lo custodian. 

"Para qué querría diez Ferraris, veinte relojes de diamantes o dos aviones? ¿Qué harán esas cosas por mí y por el mundo? No necesito autos de lujo, casas de lujo, viajes ni mucho menos aviones. Prefiero que los míos reciban un poco de lo que la vida me ha dado”, afirmó hace poco Sadio Mané, reafirmando que la humildad no es solo la virtud originaria de su pueblo, sino una característica esencial de su condición y que no ha dejado perder pese a los millones de euros que gana por temporada con Liverpool. 

Mané logró disaudir a sus familiares de seguir con el fútbol. Siguió la religión que le inculcaron desde pequeño y por eso no deja de asistir a la mezquita Al Rahman, ubicada en la Mulgraver Street de Liverpool.  Desde alli ayuda a la comunidad con que creció y con la que se convenció de ser siempre el mejor y de entender que las victorias empiezan desde la propia voluntad. 

En Dakar, capital de Senegal, se unió a Generation Foot, uno de los clubes de fútbol más importante de su país. Jugó en las inferiores y marcó 131 goles que fueron los argumentos para que los cazatalentos franceses se lo llevarán a el y a dos jugadores más. Llegó a los 14 años luego de haber recibido el apoyo de su familia por medio de las cabras que tuvieron que vender para conseguir el dinero necesario y así arribar a la capital. A los 17 años llegó al Metz, equipo que ya ha convertido en tradición llevar jugadores senegaleses, de la talla y el ingenio de Mané, de jugadores que crecieron y desarrollaron sus instintos e ideas con base en el manejo del balon, haciendo del talento algo innato y natural. 

Tan solo dos temporadas estuvo en aquella ciudad bordeada por arbustos y museos que evocan el arte clásico y moderno en Europa. Dio un salto al Salzburgo de Austria, donde estuvo tres temporadas, ganó una Bundesliga y una Copa de Austria y marcó 31 goles. Llegaría el año 2014 y con él el cumplimiento de un reto y la realización de una añoranza: jugar en la Premier League.

Southampton fue el puerto al que llegó Sadio Mané. Al sur de Inglaterra se iniciaría el camino más frondoso para el senagalés. Fueron dos años y once goles, números que no correspondían con las temporadas anteriores. No obstante, no todo es estadística, pues con el telón arriba y las cámaras del fútbol inglés señalando la visión y la agilidad del volante, su reconocimiento se hizo mayor. Ya los murmullos eran menos murmullos y más verdad: Sadio Mané era uno de los mejores jugadores de la Premier y una de las promesas de Senegal, de uno de los países que más afronta la pobreza y la corrupción en África. 

El Liverpool compró a Mané por 41 millones de euros en el 2016. Al senegalés lo ven desde ese entonces movilizándose en bicicleta, jugando playstation con los aficionados que la agradecen por vestir la camiseta que en el pasado vistieron jugadores como Michael Owen, Mark Lawrenson o Steve Heighway. Una parte de su sueldo lo dona para la construcción de escuelas en Senegal y cada período de vacaciones retorna a las calles que corrió descalzo para saludar a la gente que lo ha apoyado y a la que siempre ha pertenecido, pues solo así demuestra que sus actos son coherentes con sus raíces, que su sonrisa no es indiferente a los clamores de un pueblo que parece estar detenido en el tiempo y que permanece con los mismos problemas con los que Mané creció. 

Con su liderazgo en la cancha, con la complicidad de Salah y Firmino, con la jerarquía y la solidez que inspira Jurgen Klopp, Sadio Mané ha logrado ganar una Champions, una Supercopa de Europa y un Mundial de clubes, alcanzando así los cielos y devolviéndole a Liverpool la gloria que estaba esquiva. 

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Andrés Osorio Guillott

Fútbol Internacional

Sadio Mané, su camino y una nueva hazaña: el Balón de oro de Afríca 2019

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