Francisco y su pasión por el equipo de Almagro

San Lorenzo, el santo del papa Francisco

Desde que Bergoglio fue elegido sumo pontífice, el Ciclón volvió a ganar el torneo argentino luego de seis años y se consagró por primera vez en la Copa Libertadores de América, en 2014.

Francisco junto al plantel de San Lorenzo, campeón del torneo inicial en 2013.AFP

Su recuerdo más antiguo es un gol de René Pontoni con San Lorenzo en el campeonato de 1946. No sabe exactamente la fecha, mucho menos el rival. Apenas tenía 10 años, pero el fútbol ya era algo muy profundo para él. Y aunque su padre, un contador de los ferrocarriles de Argentina, quería que jugara baloncesto como él, en el Club Boedo, el toque mágico del terceto de oro, la delantera más letal del mundo por ese entonces (Pontoni, Armando Farro y Rinaldo Fioramonte), hizo mella, llegó al corazón y quebrantó el deseo de personificar el sueño de su viejo. La relación de Jorge Mario Bergoglio y el club de Almagro nació lentamente, paulatinamente, con muchos domingos en el Viejo Gasómetro, en la avenida La Plata de Buenos Aires, entre las calles Inclán y Las Casas, con regresos a casa cantando Almagro, el tango de Carlos Gardel, una canción que lo impactó como una ola gigante. (Vea aquí el especial del papa Francisco).

La historia medianamente conocida dirá que el cura salesiano Enrique Pozzoli, el que lo bautizó el 25 de diciembre de 1936, como a todos lo niños hijos de inmigrantes italianos, también era hincha de San Lorenzo y también creía que el azul y el rojo eran colores prestados por la Virgen María Auxiliadora para dignificar a un equipo de fútbol. Que en el colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles intentó ser un defensa central férreo, como Alberto Banegas, pero que con el tiempo renunció a la pelota, con el valor que sólo da la honestidad de conocer las limitaciones propias y por la atracción hacia las ciencias exactas y la química.

El primer título que disfrutó, porque ya era consciente de sí mismo, fue el de 1959 (23 años), el que se selló con un triunfo 2-1 sobre Boca Juniors. Que el gol de José Sanfilippo en el minuto 16, que el empate de penal de Herminio González, que el tanto de la victoria de Héctor Facundo en el 39’ del segundo tiempo. Todos los recuerda con una memoria milimétrica. Ya era seminarista y mostraba un carisma que magnetizaba a la gente. Ya leía la vida del padre Lorenzo Massa (fundador de San Lorenzo), la cual veía inspiradora para el alma y para el corazón. De hecho, compró un libro sobre la historia del club que mantuvo consigo hasta 1990, cuando decidió regalárselo al periodista Hugo Chantada, otro hincha furibundo del ciclón, pues ya se sabía cada página, cada foto, cada frase como si fuera una cuestión de vida o muerte.

El ciclón conmueve a Francisco

En 1998, San Lorenzo no ganaba y el entrenador Jorge Castelli tenía la presión de una hinchada impaciente y reaccionaria que no toleraba más derrotas. Cambió todo: esquemas tácticos, jugadores y hasta la charla previa a los encuentros. Lo único que mantuvo fue la visita de un cura, hincha del equipo, que antes de cada partido en el Nuevo Gasómetro entraba al camerino, hablaba con los futbolistas y realizaba una corta pero concisa oración. Con la llegada de Alfio Basile a la dirección técnica, por llamado del presidente Fernando Miele, hubo un revolcón. Hasta la arenga fue otra, mucho más íntima, privada, exclusiva. Sábado, debut del Coco contra Platense, partido por televisión abierta y un vestuario en pleno punto de ebullición. Se abre la puerta. Silencio total. Todas las cabezas giran simultáneamente. Como si fuese una película entra un cura a cuadro.

—¿Quién es ese cura, Miele?

—Un fanático de San Lorenzo que viene a todos los partidos a bendecir a los jugadores, Alfio.

—Fernando, vos me buscás porque el equipo no le gana a nadie y ahora me traés al tipo que ha estado viniendo a todos los partidos. Es una mufa (persona de mala suerte), no lo quiero acá en el vestuario.

Las palabras del Coco se ofrecieron desafiantes, en un tono irónico y burlón. Bergoglio se retiró sin refutar y no volvió mientras Basile estuvo a cargo del club, en una muestra de resignación. Ese día San Lorenzo ganó 4-1 con tres goles del Beto Acosta. Más adelante, ya siendo el papa Francisco, el sacerdote argentino demostraría que el azar no tenía nada que ver con él. Por el contrario, que él, un hincha más, podría ser un amuleto del destino, una motivación extra.

No en vano, el equipo de Almagro salió campeón en Argentina nueve meses y tres días luego de que fue elegido sumo pontífice. Y al año siguiente llegó la primera Copa Libertadores. El título se celebró en el Vaticano, en una visita que rompió los estrictos protocolos papales y que dejó ver a un Francisco emocionado cuando Juan Alberto Buffarini le regaló la camiseta con la que jugó el último partido contra Nacional de Paraguay, conmovido con Juan Ignacio Mercier, que lo miró fijamente, le balbuceó un par de palabras producto del nerviosismo antes de despedirse con un beso.

Hoy, el socio número 88235N-0 de San Lorenzo sigue pagando su mensualidad sin falta, de manera sacrosanta, con débito automático. Lo hace desde 2008, cuando ofició la misa del centenario del equipo siendo arzobispo de Buenos Aires. Francisco seguirá recordándonos que el Señor nos pide que juguemos en su equipo y para su equipo, seguirá profesando su amor por el Ciclón y probando analogías del fútbol para entender un mundo un poco más cruel, el real. De seguro, cuando le vuelvan a hablar de este deporte responderá lo mismo sin importar la pregunta: “Y que San Lorenzo gane”.