¿Si era Koeman?

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Finalizando la semana anterior, y antes de que se armara tremenda tormenta con la posible ida de Leo Messi, fue oficializado el holandés Ronald Koeman como nuevo técnico del Barcelona en medio de la peor crisis de los últimos años. El héroe de Wembley, autor del que para muchos sigue siendo el gol más importante de la historia blaugrana en la final de la entonces Copa de Europa (1992), no dudó en aceptar el puesto que pasó de ser uno de los más apetecidos en el mundo del fútbol a un quemadero salvaje. Ahora le corresponde jugar con su prestigio viniendo de dirigir con relativo suceso la selección de su país que llevó a la final de la primera edición de la Liga de Naciones.

Es indudable que su escuela nativa con pocas excepciones busca el arco contrario, ser protagonista con la pelota, intensidad y recuperación temprana, pero sus equipos no terminan de llenar las expectativas creadas por su poderoso apellido. Hasta ahora tiene más imagen que resultados y puesta en escena. Es que sentarse en el mismo lugar de Cruyff, Rijkaard y Guardiola no es sencillo para nadie, y dirigir a Messi si lo convencen de que se quede a encabezar una renovación, menos.

Al cierre de escribir esta columna se mantiene la versión que se filtró el martes a falta de comunicado que se va molesto y decepcionado, utilizando su cláusula de salida bajo la sombra del 2-8 y cerrando un ciclo difícil de imitar para cualquier ser humano. Final inmerecido para el 10, pero en consecuencia menos presión para el neerlandés si se despide la Pulga. Empezaría de cero, prácticamente.

Por ahora da la impresión de que Josep Bartomeu, el actual y muy cuestionado presidente, quiere usarlo de escudo para mantenerse en el cargo hasta marzo. Lo puso al frente del teléfono para comunicar salidas como la de Suárez y algunas continuidades. Falta ver si lo respalda en las contrataciones y decisiones que se necesitan para armar un buen proyecto. Lo curioso es que el dirigente se exime de casi todas las culpas y se queda en el cargo hasta las elecciones de marzo, cuando lo correcto era marcharse junto al técnico saliente y Eric Abidal su mano derecha, y más ahora con la ida del máximo referente.

La hinchada pide a gritos su dimisión a propósito. Todo empezó, eso sí, con las malas disposiciones de Rosell, su antecesor, pero que el club más exitoso de los últimos 15 años no tenga dinero para pagar sueldos es inadmisible y debería costar su cabeza. Koeman decidió aceptar esa papa caliente, ser el Sancho Panza del presidente y promete ordenar la casa. De su criterio en todo caso y su postura firme depende en gran parte que consiga lo que se propone, a Txingurri (Valverde) y a el noble Quique les impusieron todo, no pudieron con la emoción del reto de negarse a nada y hace rato había que remozar hasta La Masía.

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