Regresa tras la suspensión

Teófilo Gutiérrez, en blanco y negro

El delantero jugará este miércoles con el Júnior, que define contra Atlético Paranaense, en Curitiba, el campeón de la Copa Sudamericana (6:30 p.m., por Fox Sports). La serie está 1-1.

Teófilo Gutiérrez ha jugado ocho partidos en esta edición de la Copa Sudamericana, seis de ellos como titular. / AP

Teófilo Gutiérrez entiende el fútbol mejor que nadie en el Júnior de Barranquilla. Eso es indiscutible. Tiene tan claro su rol, que lo ejecuta a la perfección y ayuda a que sus compañeros, especialmente quienes juegan más cerca a él, también crezcan. El delantero atlanticense tiene la facilidad de convertir cada toque del balón en poesía pura, pero también, como dice el dicho, de borrar con el codo lo que hace con la mano.

“A veces los astros se alinean a favor de Teófilo y él hace dos jugadas de crack que nos deslumbran. Después —también un rasgo muy suyo— encuentra la oportunidad de cagarla, y la usa. Entre esos dos extremos se debate: el talento y la irresponsabilidad”, así lo definió acertadamente el escritor Alberto Salcedo Ramos, en la noche del 29 de noviembre, cuando el Júnior eliminó a Santa Fe y clasificó a su primera final internacional. En ese compromiso el artillero tuvo un arranque en el que maravilló y desequilibró. (Lea también: Jarlan y su hasta pronto)

Mientras que la hinchada del equipo barranquillero miraba perpleja lo que sucedía dentro del terreno de juego, una genialidad de Teo desencadenó la euforia. El samario Jarlan Barrera levantó la vista, metió un centro que encontró el pecho del delantero para el único tanto del compromiso. Una conexión común en esta temporada. Fue el primer pase al área, en ese juego, que no acabó en tierra de nadie.

Pero Teo no ha perdido su condición de rebelde. A veces sabe escoger muy bien sus batallas, otras no. Acepta el intercambio de golpes con sus marcadores e incluso tiene la facilidad de sacar a sus rivales del juego, de afectarlos psicológicamente. Le deleita que los centrales quieran provocarlo o que las hinchadas contrarias lo chiflen y se metan con él. En esas condiciones de fútbol ordinario se le afila su instinto callejero para maquinar su venganza futbolística. Aunque también tiende a entrar con facilidad en ebullición. Ese juego contra Santa Fe es el último ejemplo: balón aéreo, de reojo intentó medir al lateral Carlos Arboleda para recibirlo con un codazo. Roja directa.

Y esa no es la primera vez que Teófilo Gutiérrez pasa de tocar el cielo con las manos a estar en boca de todos por sus acciones. También le sucedió jugando con el Trabzonspor de Turquía, Racing, Rosario Central de Argentina y Cruz Azul de México. Sus explosiones más recordadas sucedieron en el equipo de Avellaneda: la primera, una pelea con el arquero Mauro Dobler en un entrenamiento. Los dos se fueron a las manos después de una entrada fuerte del delantero. La segunda, un poco más delicada. Tras una derrota contra Independiente, en el camerino se armó una discusión, en la que muchos afirmaron que el colombiano sacó un arma de juguete. Él todavía lo niega. “No hubo ninguna pistola”.

Todas estas acciones se atribuyen a sus orígenes en el barrio La Chinita de Barranquilla, muy vulnerado por la violencia. Un sector, descrito por la gente de la capital del Atlántico, de mucho conflicto, en el que diariamente se convive con situaciones difíciles y en el que la única manera de poder sobrevivir es defendiéndose. Ese era el día a día de Gutiérrez cuando era niño. Sus papás siempre se vieron en una lucha constante por conseguir alimentos y un techo digno en el cual pudieran refugiarse. Sin contar que, en algunas ocasiones, mientras jugaba fútbol con sus amigos, quedaba en la mitad de las guerras de pandillas por el territorio que se armaban y tenía que salir despavorido en búsqueda de un escondite para que no lo mataran.

A pesar de sus polémicas, el foco de las cámaras se centra constantemente en la figura de Teófilo Gutiérrez. Sus números lo describen como un delantero que tiene gran incidencia en el juego y en el trabajo colectivo. Es un futbolista tan vital para el funcionamiento del cuadro barranquillero, que su regreso tras la suspensión por la expulsión en semifinales le da un plus al grupo de jugadores en la semana más importante del Júnior en su historia: hoy definen el título de la Copa Sudamericana contra Atlético Paranaense en una serie que va empatada 1-1 y el domingo el de la Liga Águila frente al Medellín. “Paranaense debe tener presente que, por la experiencia de ‘Teo’, las cosas aquí (Curitiba) serán a otro precio”, dijo Julio Comesaña, con la confianza que le da tener de vuelta a su delantero predilecto. Sin embargo, con Teo muchas veces las cosas son en blanco y negro y nada se puede pronosticar.

@J_Delahoz

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Jesús Miguel De La Hoz

Fútbol Internacional

Teófilo Gutiérrez, en blanco y negro

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