¿Tienen plata los venezolanos para ir al partido contra Colombia?

Tras las tensiones políticas antes del partido, todo indica que este jueves en la tarde la selección tricolor va a sentirse tan apoyada como en casa, pero por razones que en nuestro país difícilmente podrían celebrarse.

El precio de la boletería subió 40 veces para los venezolanos, en comparación con el partido ante Perú. / Getty Images

Había un meme rondando por las redes sociales este miércoles en la mañana, a propósito del partido de Colombia contra Venezuela: los jugadores colombianos, encabezados por James Rodríguez, atravesaban el río de la frontera entre Cúcuta y San Antonio del Táchira. El chiste sólo cobra sentido cuando usted piensa que Rodríguez jamás tendrá que cruzar la frontera por la trocha. Los que tienen que hacer eso son los miles de ciudadanos de lado y lado, cada vez que la crisis se agudiza lo suficiente como para que alguno de los dos gobiernos decida cerrar el paso fronterizo. Y eso pasa con mucha frecuencia, sobre todo desde abril, cuando el Ejecutivo venezolano le quitó legitimidad al parlamento opositor.

Por eso, cuando usted busca “Cúcuta” en Google, lo que se encuentra es la imagen recurrente de las familias, con los pantalones remangados, caminando por el río. Lo que sea para llegar al otro lado, donde tienen amigos, familia o trabajo.

Ahora bien, tampoco es que esté siendo fácil que los jugadores nacionales lleguen a Venezuela. Tan pronto termine el partido regresarán. El aparato de seguridad para ellos es monumental. Más de 2.500 efectivos de la Guardia y la Policía Nacional Bolivariana escoltarán a los futbolistas colombianos. Y la Policía de Frontera en Cúcuta también tiene un operativo desplegado para cuidar a las estrellas nacionales.

Desde hace un mes, el gobierno venezolano anunció que los periodistas colombianos interesados en ir a cubrir el partido debían solicitar una visa de trabajo, condición que antes no era requerida. El personal del Canal Caracol, dueño de los derechos de transmisión de los partidos del equipo colombiano, pudo viajar sólo a último momento. Todo esto en medio de la decisión del gobierno venezolano de retirar del aire la señal tanto de Caracol como del Canal RCN.

El partido, así, se realiza en medio de una tensión que ha ido en aumento. Cuando empezaron las protestas opositoras contra el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, Juan Manuel Santos empezó diciendo que una crisis de los vecinos era lo que menos deseaba. En principio, fue prudente. Pero una vez Nicolás Maduro decidió seguir adelante con la Asamblea Nacional Constituyente, el presidente colombiano puso en evidencia su distancia.

“Hemos dicho claramente: primero es un calendario electoral, segundo es que se respete a la Asamblea Legislativa, que le devuelvan sus poderes, es decir, que se cumpla la Constitución; y dentro de ese espíritu, que se inicie un proceso para la liberación de los presos políticos”, aseguró Santos con contundencia.

Y la semana pasada Maduro confirmó en una rueda de prensa que las relaciones con Colombia no van por buen camino. “Santos, ocúpese de Uribe y olvídese de Maduro”. También dijo que Santos es uno de los presidentes “más fracasados que ha tenido Colombia”. “Todos los días opina de la Constituyente de Venezuela, en vez de preocuparse por su país”.

Pero como escribió Eduardo Galeano, “el fútbol es la única religión que no tiene ateos”. Así que el partido entre ambas naciones va a jugarse en San Cristóbal, al oeste de Venezuela, a pesar de las tensiones y con la particularidad de que el precio de la boleta más barata es la cuarta parte del salario mensual de los venezolanos que se ganan el sueldo mínimo.

Desde el último partido que jugó la selección venezolana en casa, en esa oportunidad contra Perú, el costo de la boleta aumentó 40 veces, dada la inflación que vive el país.

El estadio de San Cristóbal es la casa del Deportivo Táchira, y, por eso, el encargado de anunciar los valores de las entradas fue Jorge Silva, presidente de este club. Según él, los precios tuvieron que adaptarse a la situación del país, buscando un equilibrio financiero que no desfavoreciera al club tachierense, teniendo en cuenta que los gastos operativos que demanda un encuentro deportivo de esta envergadura.

Así, Silva anunció a principios de mes que la boleta más barata costaría 25 mil bolívares y la más cara 550 mil, es decir, unos 8 mil pesos la primera y unos 160 mil la segunda. Perfectamente alcanzable para un colombiano que quiera viajar a ver a su equipo, pero muy difícil para un venezolano cuyo salario mínimo es 97.531 bolívares.

Días después, Silva dio un pequeño reversazo en su anuncio, asegurando que las boletas para los colombianos serían más costosas. Al final, la boleta más barata que usted podía encontrar en Colombia era la más cara para los venezolanos. Sin embargo, dado el nivel de ingresos del país vecino, 8 mil pesos colombianos son en este momento mucho dinero, cuando escasean los productos básicos.

Yulieth Pérez, dueña de un supermercado en Venezuela, asegura que buena parte de sus empleados le solicitaron permiso para ir al partido, pero la gran mayoría de ellos son colombo-venezolanos con familias y negocios de este lado. “A los que ganamos sólo en bolívares nos queda muy difícil ir”, afirma.

William Bueno es uno de los venezolanos que se quedó por fuera. Es hincha del Deportivo Táchira y, al ver un anuncio en la prensa, donde les agarantizaban boletas a los abonados, es decir, a los que tienen carné oficial como hinchas, se emocionó. Pero según dice, no les cumplieron. También les habían prometido un descuento y no llegó. "Todo para revender las boletas más caras en Colombia". "Allá podían encontrarse más que aquí". Algo similar denunció otro hincha del Táchira, Daniel León, quien hizo una fila de más de ocho horas y no sirvió de nada. "No huebo un buen trato de la directiva venezolana con la hinchada tachirense. Siempre hemos sido muy fieles pero no nos recompensaron", afirma. 

Por fortuna, el deporte más popular en Venezuela no es el fútbol. Es el béisbol.