El décimo equipo argentino en una final de la Libertadores

Y el fútbol dijo: hágase Lanús

El Granate volvió a tomarse las portadas de los diarios, así como lo hiciera en 1956, cuando fue subcampeón en su país. Suramérica se rinde a sus pies.

Lanús festeja luego de vencer a River Plate 4-2 en la vuelta de las semifinales de la Copa Libertadores. EFE

Subir y bajar. Dos verbos de la cotidianidad de los hinchas de Lanús, de los viejos que pasaron un legado para que nuevas generaciones crearan un sentimiento a punta de recuerdos. Que un año en primera división y al siguiente en el purgatorio de la segunda. El aficionado del Granate, llamado así desde su fundación por el color rojo oscuro de la camiseta, acostumbrado a las frustraciones, a que el amor y el odio trastocaran la realidad, puede celebrar luego de estar acostumbrado a sufrir. No tanto por ser el décimo equipo de su país en alcanzar una final de una Copa Libertadores, sino por llegar a un lugar reservado para unos pocos, para los grandes, para los de enormes estadios y gradas repletas.

Lanús pasó, en 36 años, de pelear el título de la C, en potreros que hacían las veces de canchas por toda Argentina, a disputar el trofeo más importante del continente. Tembló la fortaleza, tembló cada calle de Lanús en una muestra de lucha, de rebeldía, de que esta vez no se apeló a la traicionera memoria que siempre pone en su lugar. Esta vez fue pura intuición en la cancha, y buen juego, y “huevos”, como dicen en el sur cuando la vehemencia supera las dificultades, cuando imposible es una palabra que el mismo jugador delimita.

Ya no será necesario buscar los videos del equipo de 1956, el que se hizo grande sin ser campeón, el de Nicolás Daponte, Héctor Guidi y José Nazionale, el que apodaron como los Trotamundos y que perdió ese campeonato en un mano a mano con River Plate por dos puntos. El Granate volvió a la portada de los principales diarios, así como en 1951, cuando fue revelación en el torneo argentino tras ascender un año atrás. Aquel humilde equipo del sur bonaerense fue elegante, sutil y vistoso. Y eso quedó en la memoria colectiva de la gente. El de ahora fue aguerrido, ordenado y sereno.

Con un José Gustavo Sand inspirado, con Alejandro Silva corriendo como si tuviera tres pulmones y con Lautaro Acosta metiéndoles la cabeza a todas las pelotas sin importarle la marca de unos taches en el rostro. Pero no todo fue alegría, pues de ser así, la cosa no iría acorde a lo que siempre ha sido la lógica y la historia de Lanús, un camino que no se entiende sin el martirio implícito (fue campeón por primera vez luego de 92 años de fundado).

Un día después de la gran hazaña, la de clasificarse a la final de la Copa Libertadores 2017 tras eliminar a River Plate, falleció Ramón Cabrero, el DT campeón en 2007. Un paro cardíaco puso fin a su vida, sabrá Dios si la emoción de ver cómo lo increíble se hacía una realidad fue mucho para su corazón. El fútbol se ha consumado y por eso tan extraño, pero a la vez maravilloso, que hace de este deporte el más popular en el mundo, llegó Lanús, o mejor: se hizo Lanús. Porque de estar en la sombra de otros hoy pueden decir que brillan con luz propia. ¡Y qué luz!

@CamiloAmaya