Y si se va Messi, ¿se acaba el Barça?

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Se va, aparentemente, Messi del Barcelona. Tras Pelé, el mejor de la historia. Su ida tiene que afectar. ¿Pero qué tanto? Muchas estrellas se han ido de mala manera del Barcelona: Cruyff, Maradona, Schuster, Ronaldo... Pero el único en el campo comparable en magnitud histórica a Messi es Kubala. La leyenda dice que el Camp Nou, el jardín de Messi, fue necesario construirlo porque la gente quería ver a Kubala y no cabía en el antiguo “Les Corts”.

Como a Messi, una tragedia deportiva lo alejó definitivamente. Fue la final de la Copa de Europa de 1961, ante el Benfica. En Barcelona la llaman la final de los palos. Kubala, que jugó infiltrado y contaba ya con 34 años, llegó a disparar un balón que rebotó en uno de los palos (cuadrados ellos) recorrió la línea de gol hasta el otro palo y salió repelido. Dicen que luego de ese partido, que perdió el Barcelona 3-2, se cambiaron los palos cuadrados por los redondos. Tras la derrota, Kubala fue nombrado director de la escuela de fútbol, después entrenador del primer equipo. No duró una temporada.

El Barcelona, que había ganado la Liga de 1960, no volvería a campeonar hasta la llegada de Cruyff en 1974. Y he ahí el problema histórico. Más que la ida de Messi, seguramente los matará la ineptitud de su dirigencia. Tras esa Liga de Cruyff, el Barcelona no volvió a ganar una hasta 1985, esta vez de la mano de Schuster y con el simpático escocés de apellido Archibald de goleador. Entre medias habían desperdiciado ni más ni menos que a Maradona.

Solo fue hasta la llegada de Cruyff que el Barcelona comenzó a ganar sistemáticamente. Más allá de la evidente visión táctica del holandés, su virtud fue utilizar su conocimiento del club para cerrarles la puerta a los dirigentes de cualquier intervención en el área deportiva. Así ganó cuatro ligas y la primera Copa de Europa del club. Mientras reconstruía el equipo tras el primer ciclo exitoso, dicen que con Zidane en carpeta, lo echaron. Nunca tuvieron paciencia en los despachos del Camp Nou.

En 2000 Luis Figo decidió irse por una cifra récord al Real Madrid. Desesperado, el hasta hoy peor presidente de la historia del Barça, Joan Gaspart, tiró la plata trayendo a Overmars y Petit. No volverían a ganar hasta 2005. Bartomeu, el peor de todos, tampoco supo qué hacer con el dinero de Neymar. Eso fue en 2015.

Desde entonces Messi no solo debe luchar contra los rivales, sino con la incapacidad de los despachos para gerenciar una institución mucho más grande que los dirigentes. Si se va Messi no se acaba el Barça. Pero el desespero por satisfacer a “la masa social” los llevará a despilfarrar el dinero. Algo ganarán. Por unos buenos años no serán un equipo ganador. Salvo que Koeman, que conoce el club, haga de Cruyff.

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