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Sin Lionel Messi todo fue enredo, desorden, falta de ideas, pocas opciones de gol. Con el argentino, Barcelona despertó, fue el equipo arrollador de otros días, de tener al rival en su propia área, de no dejarlo respirar, de asfixiar cualquier ilusión en el Camp Nou. El 10, que por decisión técnica inició desde el banco, entró a la cancha para darle la vuelta a una derrota que parecía segura con Athletic de Bilbao, para ponerle un pase a Munir El Haddadi para el 1-1 final, para un tanto en el epílogo que se gritó por los hinchas catalanes como el de un título.
Porque sí, el Barça cambió con Messi en cancha, también con Sergio Busquets. Fue como si todo el grupo se contagiara del talento del argentino, de su practicidad y de su vocación para ir hacia adelante. Y eso lo entendió Ernesto Valverde cuando lo mandó a la cancha por Arturo Vidal, cuando vio que el club visitante estaba dominando y haciendo de las suyas en una cancha en la que el que manda siempre es el local.
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La preocupación se acrecentó cuando la pelota no entró, aún más cuando Óscar de Marco anotó el 1-0 que silenció el estadio blaugrana. Jugada colectiva, aparición a las espalda del marcador y anotación. El DT de Barcelona mandó a la cancha a dos de los hombres más regulares y de inmediato tuvo un efecto positivo.
Le faltaron un par de minutos al conjunto catalán para remontar el partido, pues los últimos cinco fueron insufribles para los de Bilbao que tuvieron que atrincherarse, prácticamente, en su área y rechazar todo lo que llegó.
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Buen resultado para Athletic, que al fin de cuenta desnudó de nuevo los temores y dejó al descubierto la dependencia que hay de Messi y empate flojo para un equipo que ya debe pensar en lo que será su partido con Tottenham la semana que viene por la Champions League.