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Bobadilla se salió con la suya

Después de pasar por un difícil momento en Boca, el paraguayo recuperó su nivel y confianza en el DIM.

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Ricardo Gutiérrez Zapata
22 de diciembre de 2009 - 02:48 a. m.
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Aldo desató toda la alegría contenida. Corrió, saltó las vallas de publicidad que separan la cancha del Atanasio Girardot de la pista atlética y empezó a festejar en frente de Rexixtenxia Norte, la barra más numerosa que tiene el Deportivo Independiente Medellín.

Sollozaba. Levantaba sus largos brazos como queriendo abrazar a todos y cada uno de los 46.912 hinchas de El Poderoso que colmaron las graderías del escenario antioqueño. A los directivos del DIM, por quienes tiene un profundo sentimiento de gratitud al contratarlo después de pasar por su peor momento en el fútbol vistiendo la camiseta de Boca Juniors. Lloraba de emoción, pero también porque sentía que esta era su revancha.

La debacle se había iniciado precisamente contra un equipo colombiano. Un 3-1 a favor de Cúcuta en la Copa Libertadores de 2007. En esa semifinal del 31 de mayo en el General Santander, el paraguayo reemplazó a Mauricio Caranta a los 18 minutos de juego. Un gol del panameño Blas Pérez inició su historia de desamor con la hinchada boquense.

Por eso reaccionó de la manera que lo hizo Aldo Antonio Bobadilla Ávalos al momento que Óscar Julián Ruiz dio por concluido el emotivo Medellín 2 Huila 2, lo que le valió al onceno antioqueño alcanzar la quinta estrella para su escudo. El capitán del rojo se mostró eufórico, como nunca antes se le había visto en sus 27 meses defendiendo el pórtico de El Poderoso.

“Acá siempre ganamos todos y perdemos todos. En este grupo no hay figuras ni privilegiados”, no se cansó de repetir a lo largo de los 25 partidos que disputó con el DIM en el segundo semestre. Ni su cintilla de capitán, ni pertenecer a la selección de Paraguay desde 1999, ni siquiera ser el único futbolista del rentado colombiano en disputar el Mundial Alemania 2006 lo hizo mirar por encima del hombro a sus compañeros.

“El fútbol es colectivo”, volvió a explicar al salir como la figura de la primera final el miércoles pasado en Neiva. Esa noche dejó atragantado el grito de gol entre los huilenses y entregó su arco en cero. En la segunda parte de ese encuentro dispuso todo un operativo para evitar tristezas. Decidió no hablar con la prensa antes del encuentro. “Es por cábala. Hace un año dí declaraciones antes de la final con América y la perdimos”, les dijo a sus seres más cercanos. Y lo cumplió. En el previo del encuentro Aldo se enmudeció, como se quedaron sin palabras los hinchas del Medellín cuando en una mala salida suya, Ervin Maturana conectó de cabeza y puso arriba a los opitas en el partido de vuelta. La serie se empató 1-1.

El equipo se recuperó y remontó el duelo impulsado desde el pórtico sur del Atanasio por este hombre, que nació en la ciudad paraguaya de Pedro Juan Caballero, el 20 de abril de 1976. Atrás quedó ese ostracismo que vivió en el club xeneize. Una sensación peor a la que vivió cuando en La Plata recibió una llamada intimidatoria: “Andate de acá, paragua”, le dijo una voz al otro lado del teléfono. Y Bobadilla se fue de un descendido Gimnasia y Esgrima, con la firme intención de recuperarse anímica y futbolísticamente, pero especialmente de proteger a su familia que, según sus mismas palabras, “está por encima de cualquier cosa”. Con la misma convicción afirma que uno de sus hijos será mejor arquero que él. Le tiene una fe ciega.

Cuando no está entrenando o concentrado se dedica a ellos y a su esposa. Es de pocos amigos, pero dentro del equipo es considerado uno de los mejores compañeros. Como “personota” lo define el utilero del Independiente Medellín, Elkin Santa. A pesar de que públicamente es corto de palabras, en la intimidad del equipo se transforma. En este grupo campeón de la última edición de la Copa Mustang es uno de los más tomadores del pelo. Ese “puesto” se lo disputa con otro referente del elenco rojiazul como John Javier Choronta Restrepo.

Ya en el terreno, sus rivales por el arco rojiazul lo consideran “el mejor ejemplo”. En efecto, Bayron García y Brayan López lo tienen como un modelo a seguir, por sus presentaciones en los 90 minutos de juego, pero sobre todo por su manera de actuar por fuera de las canchas. Llegó al DIM precisamente en una pésima temporada de López. Para septiembre de 2007, el equipo era el más goleado del campeonato colombiano. A pesar de esto, cuando en las calles le hablan de las cualidades de Brayan, Bobadilla insiste en que será uno de los mejores arqueros del país.

Tiene contrato con el Independiente Medellín hasta finales de 2010. Sobre sus 1,94 metros de estatura y 86 kilos de peso recae la responsabilidad de custodiar un arco en el que se han destacado nombres como los de Efraín Caimán Sánchez, quien fue bicampeón con los rojos en 1955 y 1957; Roberto Vasco, a mediados de los 70; Luis Barbat, subcampeón en 1993; René Higuita, en 1999, y David González, protagonista en los títulos de 2002 y 2004.

Entrada la noche del domingo René Higuita fue uno de los primeros en ponerse en contacto con el guaraní. “Eres el mejor arquero que ha llegado a Colombia en los últimos 10 años”. Bobadilla sólo atinó a agradecerle.

El próximo será un año especial en la carrera de Aldo. Defenderá el título con el DIM, volverá a disputar la Copa Libertadores, enfrentando al equipo que lo vio nacer: Cerro Porteño, con el que Medellín disputará el Grupo I, al lado de Corinthians y el ganador de la llave entre Júnior de Barranquilla y Racing de Uruguay, pero, sobre todo, estará en Sudáfrica disputando el Mundial. En los tres torneos, el paraguayo espera volverse a salir con la suya.

Por Ricardo Gutiérrez Zapata

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