En una final inesperadamente desequilibrada, Chelsea levantó el trofeo del Mundial de Clubes 2025 tras derrotar 3-0 al París Saint-Germain en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Cole Palmer se vistió de héroe con dos goles en el primer tiempo, y el equipo inglés selló un título que pocos habrían pronosticado al inicio del torneo.
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El duelo comenzó con espectáculo extradeportivo: el pitido inicial se retrasó ocho minutos por un desfile aéreo militar, la interpretación del himno estadounidense con la presencia de Donald Trump y un despliegue de artistas que incluyó a J Balvin y Coldplay. La mitad del estadio aplaudía; la otra mitad abucheaba al presidente. Pero una vez rodó el balón, el protagonista fue otro: Palmer.
El joven inglés, que tuvo un segundo tramo de temporada irregular, recuperó la chispa en el momento clave. Marcó dos veces con frialdad quirúrgica, llegando desde segunda línea para definir con precisión ante Gianluigi Donnarumma. Sin potencia, pero con una colocación implacable, como si el arco se ensanchara ante sus ojos. Su lectura del espacio y los movimientos generosos de sus compañeros hicieron el resto. El tercer tanto llegó tras una presión alta que sorprendió a una zaga parisina irreconocible. Palmer filtró el balón a João Pedro, que no perdonó.
Un PSG que solo había encajado tres goles, dos veces en toda la temporada, terminó viendo cómo su estructura defensiva se desmoronaba en apenas 45 minutos. El técnico Enzo Maresca, que semanas atrás estaba cuestionado por su empeño en salir jugando desde atrás, apostó esta vez por un fútbol más directo y una presión agresiva. La decisión le salió perfecta. Su Chelsea anuló a los de Luis Enrique y mostró una versión flexible que ilusiona a la hinchada de Stamford Bridge.
En apenas dos meses, Maresca ha pasado de estar en la cuerda floja a cerrar la temporada con clasificación a la Champions y dos títulos: la Conference League y ahora el Mundial de Clubes. ¿El mejor equipo del mundo? Todavía no, como admiten incluso sus propios seguidores. ¿El mejor de Inglaterra? Tampoco, pero la sensación de que algo grande se está gestando es difícil de ignorar.
Por su parte, el PSG sufrió un apagón que nadie esperaba. Un equipo que venía de encajar un solo gol en todo el torneo se desplomó por errores impropios de su nivel. La ausencia del ecuatoriano Willian Pacho, pieza clave en el eje defensivo, pesó más de lo que el técnico español pudo prever.
El MetLife Stadium, que acogerá la final del Mundial de Selecciones en 2026, vivió un ensayo general que no dejó indiferente a nadie: luces, música, política y, sobre todo, un Chelsea que se creyó grande y lo demostró sobre el césped.
Para un club acostumbrado a la montaña rusa de proyectos y fichajes millonarios, este título sabe diferente. No es solo un trofeo; es una señal de que, quizá, la reconstrucción de los Blues va por el buen camino. Y que Palmer, a sus 23 años, no solo es presente, sino futuro.
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