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Los números nunca mienten, así en algunos balances empresariales o personales se intente maquillar u ocultar las cifras reales. Y en eso la DIAN, por ejemplo, posee una especie de detector de mentiras.
En el fútbol, los números son más difíciles de manipular, cuando de resultados en un campo de juego se trata. Para los equipos nuestros, la fase de la Copa Libertadores dejó un sabor amargo. Un elemento más que se une a la zozobra y el temor que vivimos por estos días en todos los órdenes de la vida. Dos equipos, Júnior y América, recibieron un premio menor: poder continuar en la Copa Suramericana, un escalón más abajo de la Libertadores, apenas un premio de consolación.
Para Nacional y Santa Fe fue un examen doloroso; Nacional, llamado a destacarse por su costosa conformación, se ubicó en el último lugar de su grupo, igual que Santa Fe.
Si vamos a los porcentajes de rendimiento los cuatro equipos colombianos sólo obtuvieron un 26 % de los puntos, disputados en 24 partidos. Escasamente superamos a los cuadros peruanos, que consiguieron el 22 % de los puntos en juego, mientras que los representantes bolivianos nos superaron con un 36 %. No quedamos en el fondo de la tabla de puntos gracias a Perú, cuyos representantes resultaron peores que los nuestros
A todas estas, Brasil llegó a 64 % y Argentina al 61 %. Los números no mienten.
Es evidente que disponemos de un fútbol en pijama, de entre casa. En lugar de secar lágrimas, los dirigentes, que entienden no tanto de números, sino de pesos, deben en una de esas tantas reuniones virtuales, donde terminan agarrados de las mechas, hacer una reflexión seria: ¿Para dónde vamos? Seguimos jugando esos torneos cortos, en los que ganar, para varios técnicos, no es lo prioritario. Es más importante no perder y eso genera o incuba un temor en los jugadores, que luchan por sostenerse y rezan para cobrar sus quincenas.
Sin embargo, y en esta Copa quedó patentado, no por ganar mucho (jugadores de Júnior y Nacional) se consiguen logros y títulos.
Es preciso una autocrítica de los directivos, pues algunos de buena fe se dejan embaucar por empresarios inescrupulosos, que describen bondades técnicas inexistentes en sus representados. Conozco todas las disculpas, económicas sobre todo, para no armar equipos serios ni fijar planes de operación a mediano plazo. Pero si la Copa Libertadores es la panacea para salvar en pesos el año, pues resulta lógico que hagan el esfuerzo de convencer a sus jugadores de poner todas las ganas, el entusiasmo y la aplicación para ganar puntos. Y dejo de lado el romanticismo de “amor por la camiseta”. Si son profesionales, que lo sean de verdad.
