18 Mar 2019 - 11:10 p. m.

Corrupción en el fútbol mundial: "El caso Richard Lai"

El último gran escándalo mediatiza las elecciones a la presidencia en de la Confederación Asiática de Fútbol.

Redacción deportes

La reelección, el pasado 3 de marzo en Bangkok, del jeque kuwaití Ahmed Al-Fahad Al-Sabah como presidente del Comité Olímpico Asiático (OCA) para los próximos cuatro años ha vuelto a poner en entredicho los criterios de tolerancia cero y transparencia en el mundo del deporte. 

Poco parece haber importado a los miembros del citado Consejo que Al-Fahad se encuentre suspendido desde noviembre pasado de sus diferentes cometidos en el Comite Olímpico Internacional (COI) tras ser incriminado por la Fiscalía de Ginebra (Suiza) en una investigación penal por cargos de corrupción y falsificación; o que esté implicado de lleno en la última trama de corrupción en el fútbol destapada por el FBI (el ’caso Richard Lai’), lo que de hecho forzó al siempre controvertido dirigente kuwaití a renunciar a su puesto como miembro del Consejo de la FIFA y a retirar su candidatura a las elecciones de la Confederación Asiática (AFC). 

Presidente de la Asociación de Fútbol de Guam y ex miembro del Comité de Auditoría de la FIFA, Lai se declaró culpable de cargos de conspiración por fraude ante un Tribunal de Brooklyn (Nueva York) el 27 de abril de 2017 y admitió haber aceptado sobornos por valor de 850.000 US dólares entre 2009 y 2014 de parte de un alto funcionario kuwaití de la OCA a cambio de favorecer sus intereses y los de sus ‘delfines’ en asuntos de gobernanza relacionados con el balompié del continente asiático.

Al Fahad, que negó públicamente tales acusaciones a las pocas horas de producirse, presentó sin embargo su renuncia formal a su cargo en el Consejo de la FIFA 72 horas después de que Lai ‘cantase’. De igual modo retiraría su candidatura para el congreso de la AFC, en el que iba a participar unos días más tarde en Bahrein con el claro objetivo de mantener su posición de privilegio dentro del órgano que rige los destinos del fútbol mundial. 

Se da la circunstancia de que tanto la FIFA, que dio por buena su renuncia y evitó poner el asunto en manos de su Comité de Ética, como la AFC, que en junio de 2017 anunció la apertura de una investigación sobre el presunto soborno dirigida por su Departamento de Integridad que, a día de hoy, sigue sin llevarse a cabo, han hecho caso omiso a las reiteradas peticiones del FBI y de los tribunales de los Estados Unidos para completar y certificar todas las confesiones vertidas por el corrupto Lai. 

No en vano, sendos organismos decidieron obviar tamaño escándalo para evitar la aparición de nuevas revelaciones que puedan implicar directamente a otros miembros distinguidos del balompié asiático. “He tomado nota de la decisión del jeque Ahmad Al-Fahad y quiero darle las gracias porque ciertamente no fue fácil de tomar, pero si lo hizo fue en el mejor interés para la FIFA”, llegó a declarar su presidente, Gianni Infantino, en un comunicado.

Todas las miradas se centran ahora en las inminentes elecciones a la presidencia de la Confederación Asiática (el próximo 6 de abril) y en la figura de su todavía máximo responsable, el jeque Salman bin Ibrahim al-Khalifa. Las investigaciones realizadas por las autoridades estadounidenses apuntarían al dirigente de Bahrein, a la sazón máximo favorito a ser reelegido en su actual cargo y en el de vicepresidente de la FIFA, como el principal beneficiario político de los sobornos realizados por su gran valedor al ex presidente de la Asociación de Guam. 

La pregunta, en este sentido, se hace evidente: Si la ley penaliza los sobornos, ¿cómo afectan estos a los beneficiarios? La respuesta, muy probablemente, se encuentre en la inacción del propio Salman con respecto a una investigación que anunció a bombo y platillo hace ya año y medio, pero que sigue parada 'sine die' en los despachos de la sede central del órgano rector del balompié asiático en la capital malaya por más que sus dos rivales en la carrera presidencialista, el qatarí Saoud Aziz Al-Mohannadi y el ministro de deportes emiratí Mohammed Khalfan Al Romaithi, hayan hecho lo imposible para que las pesquisas prometidas sigan su curso y poder así depurar responsabilidades.  

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