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Apagado por las lesiones, infravalorado por su entrenador. James Rodríguez cierra un 2018 descafeinado al que le faltaron muchas cosas. La más importante de ellas: tener un papel protagónico en Rusia 2018, pues cuatro años antes había sido el goleador de Brasil 2014 con seis tantos y el jugador revelación.
Las constantes molestias musculares aparecieron en el peor momento y el cucuteño vio la mayoría de la cita orbital desde la tribuna. Falta de ideas, esa fue la constante del equipo de José Pékerman en el Mundial. Sólo hubo una excepción: en Kazán en el partido ante Polonia. Ese día James estaba en plenitud física.
La imagen del '10' llorando desconsolado, por su cuenta, tras la eliminación ante Inglaterra en octavos de final, con la impotencia de no poder jugar, resume su frustración y un año difícil para él.
El primer semestre, apoyado por su DT Jupp Heynckes, fue titular indiscutido y una pieza vital en el engranaje del Bayern Múnich. Una de las figuras del título de Bundesliga y de la Supercopa de Alemania. Aunque quedó con el sinsabor de perder la final de la Copa de Alemania y de no superar las semifinales de la Champions League ante su exequipo, el Real Madrid, club al cual le anotó un gol.
Para la temporada 2018-2019, Heynckes volvió al retiro y al descanso y su sucesor fue Niko Kovac. Al mando del croata, el colombiano pasó a ser un actor de reparto y un jugador que apenas disputó cinco partidos como titular. También aparecieron las lesiones y molestias. La última: en los ligamentos de su rodilla el pasado 11 de noviembre. Así despidió el año.
Actualmente, el astro del Bayern Múnich se encuentra de vacaciones en Colombia en la fase final de recuperación de su lesión. Seguramente pensó que 2018 iba a ser un año especial para él. No fue así. Ahora deberá ganarse la confianza de su entrenador, quien sigue en la cuerda floja, y buscará a mitad de año ganar su primer título con la selección en la Copa América de Brasil. El futuro es suyo.