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Ya llevamos dos fechas y ese argumento mencionado que nos dio la Bundesliga para tener esperanza se ve también en el rating que ha tenido el campeonato alemán. El aumento de espectadores, por ejemplo, en la cadena Sky, en la primera jornada que se disputó tras la pausa provocada por el COVID-19, se registró un aumento en el promedio de televidentes, pues de tener 1,5 millones de consumidores, pasaron a tener 3,6. Y así los ojos de los hincha del fútbol están puestos sobre la única de las grandes ligas del balompié europeo que volvió a las competiciones.
En la Bundesliga parece haber una monarquía desde hace siete años. Por el banco del Bayern Múnich en estos últimos años han pasado Jupp Heynckes, que estuvo en 2012-2013 y en 2017-2018, Pep Guardiola, Carlo Ancelotti y Nico Kovac. Todos tienen su estilo de juego y todos lograron adaptarlo y nutrirlo a una identidad con mentalidad ganadora, y por eso, más allá de los técnicos y los jugadores, al equipo bávaro lo que lo mantiene siempre en la cima es su proyecto deportivo. El Schalke 04, Bayern Leverkusen o Borussia Dortmund son los equipos que suelen dar la pelea por la Liga y la Copa en Alemania. Del último equipo mencionado surge “Der Klassiker” -el clásico- más importante, al parecer, en la actualidad del fútbol alemán. Su rivalidad data de décadas atrás, pero también hubo un paréntesis de hermandad, que si bien prevalece siempre como un principio del deporte, este se dio con mayor fuerza a principios de la década de 2000.
El equipo de Renania del Norte-Westfalia cayó en una crisis económica en 2002 luego de quedar eliminado en la primera fase de la Champions League. Desde ahí, y por un par de meses, la situación se agudizó. No llegaron fichajes y los jugadores de la época no recibieron su salario a tiempo. Y un equipo grande, que ya ha configurado también una cultura alrededor de su historia y de sus colores, no tendría por qué desaparecer del horizonte del fútbol. En la temporada de 2003-2004, los dirigentes del Bayern Múnich le lanzaron al Dortmund un salvavidas por dos millones de euros. Los amarillos tambalearon, pero con la ayuda de su hinchada y apelando a un trabajo casi que obrero con sus jugadores, lograron salir poco a poco de ese agujero negro que los estaba devorando. Jürgen Klopp, actual director técnico del Liverpool, llegó en 2008 y desde ahí el Borussia Dortmund se levantó para volver a ser un titán del fútbol teutón.
En la memoria de los hinchas, que colman la mayoría del año más del 90 % de las tribunas del Signal Iluna Park, está ese gesto solidario, así intenten negarlo. Sin embargo, lo que predomina en las reminiscencias de los fanáticos al fútbol en general son las victorias y las hazañas dentro de la cancha, esas veces que esos trofeos significaron la mayor alegría para jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y aficionados en la temporada. Y ahí fue a donde pasó a un segundo plano, por no decir que al olvido, esa mano ofrecida en 2003 y volvieron los ceños fruncidos y la sed infundida por ganar siempre ante el equipo más laureado de Alemania. De hecho, en estos últimos años, y luego de la final de la Champions que el Bayern le ganó al Borussia en 2012-2013, los hinchas del conjunto negriamarillo han roto por más de una ocasión su admiración o cariño con jugadores como Matt Hummels o Robert Lewandowski por haber sido fichados por los bávaros. El dinero que antes lo salvó pasaba a ser el eje central de un odio y un fichaje visto como traición desde los ojos de los seguidores del Dortmund.
La historia de esta rivalidad es más bien contemporánea. A diferencia de otros clásicos del fútbol, que cuentan con más de medio siglo de anécdotas y partidos memorables, la construcción de este comenzó a darse en la segunda mitad de la década de 1990. Aunque los archivos dicen que el primer partido entre ambos equipos fue en la fecha ocho de la temporada de 1965-1966, con una victoria 2-0 del Bayern Múnich, con goles de Reinhold Wosab, el giro definitivo para este derby tiene como primer antecedente la primera y única Liga de Campeones que ganó el Borussia Dortmund hasta ahora. Fue en 1997, en el estadio Olímpico de Múnich, la casa del Bayern. Ante la Juventus, que quería repetir el título europeo, el equipo comandado por Ottmar Hitzfeld logró ganar su primer título continental por 3-1 con dos goles de K-H. Riedle, uno de L.
Ricken y el descuento para la Vecchia Signora por parte de Alessandor del Piero. Luego del respaldo económico ya mencionado, y con la llegada de Klopp en 2008 y la permanencia del mismo hasta 2015, el Borussia Dortmund despertó de ese letargo interrumpido por una Champions y un campeonato local en 2002. Desde ese entonces, y con pasos más efímeros de entrenadores como Thomas Tuchel, Peter Bosz, Peter Stöger y Lucien Favre, los negriamarillos han ganado siete títulos locales (dos Ligas, dos Copas y tres Supercopas alemanas).
En el historial más reciente, contando los últimos cinco enfrentamientos, los bávaros han ganado tres partidos y los negriamarillos, dos. Y, además de la final de la Champions en 2012-2013, los dos clubes se han enfrentado en esta última década en seis finales de la Supercopa alemana, cada club ha ganado tres títulos.
Este presente los mantiene en una rivalidad pareja. La historia general otorga una gran ventaja al Bayern Múnich con más de 25 títulos. Aunque el estadio no contará con las banderas y los gritos estridentes de El muro amarillo, los jugadores sabrán que millones de personas estarán siguiendo un partido que no solo es atractivo por su esencia, sino porque puede ser determinante para la conclusión de una temporada que terminó con estadios vacíos, pero con las esperanzas de siempre por levantar un trofeo y gritar “campeón”.
