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9 Nov 2020 - 12:33 a. m.

Didier Drogba: el elefante africano

En la fragmentada Costa de Marfil, ‘Didi’ es un símbolo de unión. A lo largo de su vida, el máximo goleador africano en la historia del fútbol europeo ha aprovechado su influencia para enarbolar la bandera de la responsabilidad social en la tierra que lo vio nacer.

Andrés Balaguera

El marfileño marcó más de 300 goles en 21 años de carrera profesional.
El marfileño marcó más de 300 goles en 21 años de carrera profesional.

Cuando el periodista y escritor polaco, Ryszard Kapuscinski, inmortalizó en Ébano (1998) que el espíritu de África siempre se encarna en un elefante porque “al elefante ningún animal lo puede vencer”, seguramente no sabía quién era el joven Didier Drogba. Sin embargo, más de veinte años después de la publicación de ese retrato literario de la resistencia africana, el exfutbolista marfileño es el hombre que mejor simboliza ese apodo animalístico que, más allá de su vigor físico, alude a su compromiso con ‘abrir el camino’ nacional para que sus compatriotas puedan convivir.

A grandes rasgos, la historia de Costa de Marfil no dista mucho de la mayoría de países africanos. Después de declarar su independencia de Francia en 1960, las riendas del país estuvieron lideradas por Félix Houphouët-Boigny, quien se mantuvo en el poder con cierto autoritarismo hasta su muerte en 1993. Desde entonces, los ostensibles problemas económicos y sociales se acrecentaron en una inestabilidad política que hoy sigue vigente.

El eterno dilema de los marfileños ha sido consolidar una identidad nacional pues, además de la diversidad étnica, la división religiosa entre una mayoría cristiana del sur del país y la musulmana concentrada en el norte ha dificultado la construcción de un discurso común. Por eso, ante la falta de unidad política, en 2002 se desató una guerra civil que enfrentó a las fuerzas oficiales con los ‘rebeldes’ del norte. El conflicto terminaría formalmente en 2007. Sin embargo, el inicio de su fin se dio en octubre de 2005 cuando el mejor futbolista del país le transmitió al pueblo la ilusión de paz que los políticos le negaban.

Para aquel entonces la selección marfileña venció de visitante al equipo de Sudán por un marcador de tres goles a uno, y selló su primera clasificación a un Mundial de fútbol. Por eso, dentro del camerino, las cámaras de la televisión nacional transmitieron a todo el país la efusividad que se vivía a 4000 kilómetros de su territorio. En medio del jolgorio, la cara más visible del combinado nacional, el delantero estrella, Didier Drogba, decidió anotar su mejor gol cuando, rodeado de sus compañeros, decidió tomar el micrófono y hablarle a su pueblo:

(Edwin Cardona, a redimirse con Carlos Queiroz)

“Marfileños y marfileñas, del norte y del sur, del centro y el oeste, ya vieron hoy que toda Costa de Marfil puede cohabitar, puede jugar en conjunto por el mismo objetivo: clasificar para el Mundial. Les habíamos prometido que esta fiesta iba a reunir al pueblo. Por eso hoy les pedimos, por favor…”

En ese momento todos los jugadores se arrodillaron y Drogba prosiguió:

“Perdonen, perdonen, perdonen. El único país que tiene todas estas riquezas no puede zozobrar en una guerra así. Por favor, depongan las armas, hagan las elecciones y todo saldrá mejor.”

Y el resto de futbolistas comenzaron a cantar:

“Queremos divertirnos, dejen sus fusiles.”

Al año siguiente Drogba fue condecorado con el Balón de Oro Africano, y su primera decisión fue llevarlo a la ciudad de Bouaké, epicentro de los momentos más trágicos de la Guerra. El goleador no se conformó y anunció que en 2007 toda la Selección de Costa de Marfil disputaría un partido en aquella zona, que no veía fútbol desde hace más de cinco años.

La proeza ocurrió el 3 de junio y, por suerte, el deporte estuvo a la altura del reto político. El partido terminó con una contundente victoria marfileña por cinco goles a cero ante la selección de Madagascar. Ese día los hombres del gobierno y los rebeldes cantaron juntos el himno nacional en un triunfo histórico que un periódico local tituló como “Cinco goles para borrar cinco años de guerra”.

Durante ese mismo 2007, Drogba fue nombrado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como Embajador de Buena Voluntad y, además, materializó su propia fundación centrada en proyectos de educación y salud para la gente de su país. En los años siguientes fue propuesto para integrar la Comisión de la Reconciliación del conflicto en Costa de Marfil, y la revista TIME lo incluiría en 2010 entre las 100 personas más influyentes del mundo.

Hace un par de meses Drogba buscó llevar su compromiso una vez más al fútbol y, con el apoyo popular, se perfiló como un serio candidato para la presidencia de la Federación Marfileña de Fútbol. Sin embargo, el ente que rige el balompié local desestimó su candidatura por, supuestamente, no cumplir con todos los requisitos.

Hoy en día, Costa de Marfil sigue sumida en una polarización que las controvertidas elecciones presidenciales del pasado fin de semana bien reflejaron. Tristemente, el porvenir nacional sigue empañado por una voracidad que no da tregua. A pesar de eso, Drogba sigue haciendo lo posible aportar al país haciendo eco a su apodo de ‘El elefante’, pues si Kapuscinski dijo que al elefante no lo puede vencer ningún animal, ‘Didi’ ha demostrado que ni si quiera el de la violencia lo logrará.

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