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Un resultado mentiroso, porque el Lyon mereció mucho más, pero no pudo plasmarlo en el resultado. Aprovechando sus oportunidades de gol, el Bayern Múnich se impuso 3-0 ante el equipo francés y se metió en la final de la Champions League.
Tres opciones claras, entre ellas un remate al palo, fue la carta de presentación del Lyon ante el Bayern, que al igual que el Manchester City, sufrió las transiciones rápidas y la velocidad de los atacantes. Pero cuando más estaba contra las cuerdas, Serge Gnabry, un tipo que se preparaba para ser velocista de atletismo y fue comprado por el Arsenal a los 15 años, con una genialidad rompió el silencio en Lisboa.
A los 18 minutos controló en la banda derecha, encaró hacía adentro y con un zurdazo de media distancia la metió en el ángulo y demostró el factor diferencial entre uno y otro: la frialdad para definir. Una dosis que repitió el alemán de 25 años, que a los 33 minutos, anotó su doblete tras empujar el balón al fondo de la red luego de una serie de rebotes.
El equipo francés salió a imponer su fútbol en la segunda parte, jugó en el campo de los germanos y tuvo al menos tres opciones más claras de gol que no supieron aprovechar. La fórmula se repitió: del otro lado, casi sin merecerlo tanto, Robert Lewandowski puso el 3-0 en los últimos minutos y sentenció el paso del Bayern Múnich a la final.
El polaco registra 15 goles y es el máximo artillero del torneo. Quedó a dos del récord histórico que está en manos de Cristiano Ronaldo.
La última vez que ambas escuadras se enfrentaron en las semifinales del torneo de clubes más importante del mundo fue en 2010, cuando los bávaros se impusieron 3-0 con triplete de Ivica Olic. Marcador calcado diez años después.
Pero aquella vez cayeron 2-0 en la final ante el Inter de Milán de José Mourinho. El desenlace se conocerá el próximo domingo ante el PSG.