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El fútbol y su ancla al capitalismo

Desde hace varios años este deporte terminó siendo un reflejo del funcionamiento del capitalismo en el mundo. La riqueza termina determinando el éxito de las instituciones, y los hinchas terminaron avalando lo que antes criticaban: que el fútbol dejara de ser un negocio y no se olvidara de ser espectáculo.

Andrés Osorio Guillott

27 de marzo de 2020 - 06:03 p. m.
Mauricio Alvarado - El Espectador
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Cada tanto tiempo se habla de los fichajes más caros en la historia del fútbol. Las cifras según los tiempos se hacen más estratosféricas y a muchos les escandaliza la cantidad de dinero que se paga por un jugador de fútbol. Las polémicas alrededor de este tipo de escenarios se extienden no solamente al tema de la riqueza, sino también al aporte de los jugadores a la sociedad.

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Solo por mencionar el ejemplo. En días pasados se hizo viral en redes sociales el comentario de una española que dijo en televisión que la crisis provocada por el COVID-19 nos llevaba a la reflexión sobre los vacíos que enfrenta una sociedad que le paga más a un jugador de fútbol que a un médico. Esto entorno a la utilidad o al aporte que un oficio y otro le puede aportar a la humanidad en épocas críticas.

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El problema nos lleva a las prioridades y a los problemas que desencadena la opulencia, la acumulación exacerbada de dinero en un mundo que se hace cada vez más desigual por el mismo  sistema neoliberal y capitalista.

Pero veamos unas cifras antes de continuar. Hace once años se habló del pase de Cristiano Ronaldo al Real Madrid como el más caro de la historia. En aquel entonces el equipo merengue pagó 96 millones de euros. Cuatro años después, el fichaje más caro fue realizado también por el Real Madrid. Por 100 millones de euros adquirieron el pase de Gareth Bale. En los últimos tres años los precios de cada jugador se inflaron y para muchos resultó escandaloso pagar tanto dinero por un jugador de fútbol. En 2017, el PSG pagó el fichaje más caro en la historia. Al Barcelona le dio una suma de 222 millones de euros por Neymar, y desde ese entonces ha sido difícil superar esa cifra. Por Mbappé el mismo club pagó 135 millones de euros en 2018; y en ese mismo año Barcelona pagó 160 millones de euros por Philippe Coutinho; Atlético de Madrid compró el pase de Joao Felix por 127 millones de euros y Barcelona compró a Antoine Griezmann por 120 millones de euros.

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Ahora, los jugadores que más dinero reciben en este 2020, según la agencia AFP, son Lionel Messi, que debería recibir 131 millones de euros, uno más que el año pasado. El portugués Cristiano Ronaldo (Juventus) se embolsaría 118 millones de euros (cinco millones más que el año pasado) y el brasileño Neymar (París Saint-Germain) completa el podio con 95 millones de euros (+4,5 millones).

En Colombia nunca se alcanzarían los números del fútbol en Europa, pero que jugadores como Miguel Borja, que vale cuatro millones de euros (17 mil millones de pesos, aproximadamente), o Ayron del Valle, que cuesta un millón y medio de euros (8 mil millones de pesos, aproximadamente), podría llevar a varios a criticar el dinero que se mueve en el fútbol y las cifras de pobreza que maneja el país, pues según el Departamento de Estadística de Colombia, en un estudio que se publicó en julio de 2019, en el territorio nacional el 19,6 % de los habitantes vivía en pobreza multidimensional para finales del 2018. Y de la misma manera, la pobreza había aumentado un 0,1 % entre 2017 y 2018, lo que dejaba una estadística del 27 % de los colombianos viviendo en esta condición.

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No sería descabellado pensar que en ese 1 % que acumula gran parte de la riqueza en el mundo  están varios jugadores y directivos de fútbol. No es sugerir que los sueldos sean reducidos drásticamente, pero sí es pensar que quienes pertenecen al medio podrían aportar a la reducción de la desigualdad imperante en el mundo. La opulencia en el fútbol es una crítica que no se puede ocultar.

Y es que el elemento de la competencia en el mercado, que viene siendo uno de los pilares del capitalismo, atraviesa la dinámica del fútbol.

Desde hace años los mismos hinchas han criticado que el fútbol pasó a ser un negocio. El dinero de patrocinios, de derechos de televisión y de la misma competencia en torneos internacionales termina por definir el porvenir de los clubes. Los presidentes de muchos equipos no necesariamente saben de fútbol, sino de economía y administración. Y para quienes pertenecen a estas ramas resulta obvio que deba ser así, pues al fin y al cabo son instituciones que cuentan con gastos e ingresos y que deben hallar un equilibrio para que sus proyectos sean satisfactorios. El problema es cuando el espectáculo está determinado por el poderío económico.

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Aunque la FIFA implementó varias normas en el Fair Play financiero para evitar que existan excesos de gastos y halla una mayor consciencia sobre el manejo del dinero, lo cierto es que el fútbol desde hace años sobredimensionó los precios de jugadores y poder resarcir esa dinámica causaría varias polémicas entre quienes hacen parte del juego y de todo lo que se esconde detrás de él.

En un artículo publicado por Vice en 2017, y que fue escrito por Aleks Eror, el autor parafrasea la tesis central del libro de Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, y afirma que “el problema es que la propiedad de la riqueza actualmente ofrece mayor rendimiento que la mano de obra necesaria para adquirirla, lo que a su vez engendra la desigualdad y la anulación de la movilidad social”.

Y los hinchas terminamos pidiendo aquello que condenamos, porque despreciamos el fútbol como negocio, pero exigimos a los equipos que inviertan el dinero suficiente para obtener buenos resultados. Y por eso la solución que suele proponerse luego de una época de crisis deportiva no es otra diferente a la inyección de un capital importante que renueve la plantilla del club. Y es por eso, y así también se señala en el artículo de Aleks Eror, que torneos como la Champions League, o en América Latina la Copa Libertadores, terminan por reafirmar esta dinámica al contar con los mismos equipos en las fases finales. Los que tienen grandes arcas de dinero son los que disputan las finales. Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich, Manchester City, Liverpool en Europa; Boca Juniors, River Plate, Flamengo, Corinthians en América Latina. Mientras que los equipos que siguen en busca de la grandeza deben pensar primero en estrategias que mejoren sus finanzas, poniendo por encima el valor del dinero que la virtud de nuevos jugadores.

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El fútbol, como la mayoría de los deportes, exige competencia, y por ende este elemento termina conectando con el sistema capitalista, y de ahí que el funcionamiento de los clubes legitime la idea del poder económico como control y éxito. Tal vez para los hinchas más románticos termine siendo una decepción el panorama, y veremos de nuevo al espectáculo, como muchas otras realidades de la vida, como una utopía que es alejada por el mercado y su sistema.

Por Andrés Osorio Guillott

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