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El panorama para la adjudicación del Mundial Femenino de la FIFA 2023 cambió sustancialmente en el último mes. Brasil, Colombia, Japón y la alianza entre Nueva Zelanda y Australia fueron los candidatos finalistas para organizar el certamen. Sin embargo, el pasado 8 de junio la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) retiró su postulación al informar que “debido al escenario de austeridad económica y fiscal, alimentado por los impactos de la pandemia de COVID-19, no sería aconsejable en este momento firmar las garantías solicitadas por la FIFA”.
De la misma manera, el 22 de junio, el presidente de la Asociación de Fútbol Japonés (JFA), Kozo Tajima, afirmó que retiraría la candidatura de su nación, porque sintió “resistencia para realizar dos eventos tan importantes en el mismo país en un corto espacio de tiempo (hará los Olímpicots en 2021), algo que se vio reforzado por el impacto de la pandemia”.
Así las cosas, la alianza Nueva Zelanda-Australia y Colombia quedaron como candidatas para la Copa Mundial Femenina 2023, cuya sede será elegida mañana.
La ganadora deberá obtener el 51 % de la votación entre los 37 miembros del Consejo de la FIFA, que tiene nueve representantes de la UEFA, siete de Asia, siete de África, cinco de la Conmebol, cinco de la Concacaf, tres de Oceanía y uno del comité ejecutivo de la FIFA.
En las votaciones se tendrán en cuenta los mismos parámetros del Informe de Evaluación de Candidaturas que se conoció el pasado 9 de junio, en el cual el proyecto conjunto entre Nueva Zelanda y Australia obtuvo la mayor puntuación, con 4,1 sobre 5,0. Japón tuvo una calificación de 3,9 y Colombia un resultado de 2,8.
Infraestructura y aspectos comerciales son los componentes que tiene en cuenta la FIFA para la elección de la sede. Infraestructura, que tiene una relevancia del 70 %, se divide en el cumplimiento de los requisitos en estadios (35 %), instalaciones para selecciones y árbitras (15 %), alojamientos (10 %), Centro Internacional de Radio y Televisión (5 %) y recintos de los eventos relacionados con la competición (5 %). Mientras que el 30 % restante corresponde a las condiciones comerciales; es decir, a los ingresos por entradas, servicios preferentes, mercadeo, patrocinadores nacionales, puestos autorizados de venta de comidas y bebidas, subvenciones y contribuciones, entre otros aspectos relacionados con las finanzas.
La unión de Nueva Zelanda y Australia es la favorita para quedarse con la sede del Mundial Femenino. Para la FIFA, el único inconveniente citado en el informe es que “una candidatura conjunta puede resultar un proyecto más complejo por implicar un operativo transfronterizo”.
Para Colombia el panorama es mucho más complejo. En el mismo documento, la FIFA mencionó que “se cumple con los requisitos mínimos, pero requerirían unas inversiones significativas y apoyo de los grupos de interés nacionales y de la FIFA. A partir de la documentación y los datos entregados, no está claro si se proporcionará ese nivel de inversión. Puesto que el torneo tendrá lugar en un plazo aproximado de tres años, existiría un riesgo claro de que las mejoras necesarias no se llevasen a cabo”.
Los países que buscan ser anfitriones argumentan que realizar la Copa del Mundo en sus respectivas naciones favorecería el panorama del fútbol femenino en cuanto a que un evento de tal envergadura podría mejorar los ingresos y la consolidación de las ligas locales.
En ese sentido, la Federación Colombiana de Fútbol y la Dimayor han recibido críticas, pues el torneo local y las condiciones laborales de las jugadoras en el país no son las mejores. Un campeonato de tres meses —que no garantiza la continuidad ni la competencia, que se deriva también en la falta de patrocinios y de respaldo por parte de los fanáticos y dirigentes del fútbol— parece ser el argumento central de la opinión pública para señalar que Colombia no tiene las condiciones ni la coherencia para organizar el Mundial Femenino.
El Espectador contactó a algunas jugadoras del equipo nacional y de clubes profesionales para conocer su opinión sobre el presente del balompié femenino en el país.
Lisseth Moreno, jugadora de Millonarios, señaló que “ojalá la Dimayor, con ayuda de la Federación y el Ministerio del Deporte, tenga más apoyo y más organización para realizar la cuarta edición de nuestra liga local. Y no solo por ese torneo. Yo creo que si nos unimos todos, empezando por la parte administrativa, vamos a lograr obtener esa sede”.
Isabella Echeverri, volante de la selección y del Sevilla de España, afirmó: “Creo que Colombia está lista para conocer al fútbol femenino. Más que un apoyo a la Federación o a los entes que rigen el deporte en nuestro país, nosotras hacemos esto porque estamos seguras de que todas las condiciones malas que están afrontando las futbolistas colombianas hoy en día —esa falta de estabilidad laboral, financiera y la falta de una liga y un proyecto a largo plazo— se pueden mejorar si un mundial se hace en nuestro país. Sería un adelanto para todas las condiciones, la visibilidad, el apoyo económico, de la prensa, serían muchas cosas para nuestro gremio”.
Días después de que se conocieron los resultados del Informe de Evaluación presentado por la FIFA, la Conmebol, en cabeza del presidente Alejandro Domínguez, expresó su apoyo a nuestro país creando la campaña en redes sociales “Colombia está lista”. Desde allí, las federaciones de fútbol de América Latina y las jugadoras de Colombia se han unido para manifestar el respaldo y la convicción de que se puede realizar un buen Mundial.
Maritza López, jugadora del Huila, campeón de la Copa Libertadores en 2018 y que, según su presidente Jorge Perdomo, no jugaría más por falta de recursos, expresó que los directivos y responsables de poder organizar el Mundial “tienen que determinar la forma de hacerlo. Si verdaderamente se están comprometiendo con ello. Hay que evaluar presupuestos, buscar patrocinios e implementar estrategias, ya que sería una inversión importante. No solo sería una oportunidad para las jugadoras, sino para dar a conocer la cultura y el turismo, entre otros sectores que se verían beneficiados”.
Para muchos, el escenario paralelo a la posibilidad de organizar el Mundial Femenino en el 2023 es el que se dio hace nueve años cuando Colombia fue anfitriona del Mundial Sub-20 masculino.
Melissa Ortiz, delantera del combinado tricolor, reconoce que, al igual que en 2011, Colombia tenía muchos problemas en infraestructura, pero consiguió adaptarse a los protocolos de la FIFA para ofrecer un buen espectáculo: “El país ha mostrado su gran trabajo durante muchos eventos deportivos en los últimos años. Tenemos fe en que podemos ser exitosos como anfitriones”.
La aspiración de realizar el Mundial no puede alejarnos de la realidad. Para que nuestro país sea la sede deberá trabajar fuerte, para ir más allá del cumplimiento básico de todos los requisitos. Puede que salga avante en la votación, pues en teoría tiene el respaldo de la Concacaf y de la Conmebol (diez votos). Necesitaría nueve más para ganar. La región seleccionada se verá beneficiada con un torneo que impulsará el fútbol femenino, propósito que se ha venido trabajando desde hace algunos años en la FIFA.
Melissa Ortiz destaca que uno de los puntos más fuertes que tienen Nueva Zelanda y Australia como candidatos es que en ambos países a las mujeres futbolistas se les paga el mismo salario que a los hombres: “Todas las ganancias por estar en la selección nacional son iguales en ambas naciones. Ahí se muestra la igualdad de género en este deporte y es algo maravilloso”.
En caso de lograrse la sede en Colombia, el Gobierno y la Federación tendrán un reto importante, pues sumando las dificultades económicas del presente, habrá que redoblar esfuerzos para mejorar la infraestructura, garantizar el cumplimiento de los acuerdos comerciales y comprometerse a mejorar las condiciones laborales y deportivas de las mujeres en la liga local, pues de nada servirá organizar un mundial femenino si el país no impulsa y brinda el respaldo necesario a las futbolistas y su derecho a ser protagonistas en el deporte más popular del mundo.Además de jugar y representar al país es un motivo de orgullo, de alegría. Esta es una oportunidad de pensar que Colombia pueda desarrollar el fútbol femenino. Que en este tiempo podamos tener una liga estable, seguir apoyando las selecciones, que todas sus categorías tengan un proceso continuo y no esporádico. Hay que invertir más, creer en el producto”, señala Natalia Gaitán, capitana de la selección de Colombia y jugadora del Valencia, de España.
