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‘Garra’, agallas, valentía… Cualquiera de estos calificativos podrían funcionar para intentar adjetivar ese momento inexplicable que los amantes del fútbol sabemos que va más allá de la fuerza, el cansancio, las capacidades físicas y mentales. Ese preciso instante que cuando ya no se puede más todavía hace funcionar al cuerpo.
De esto, los uruguayos saben bastante. Lo han vivido desde antes de creada la Copa Mundial de la FIFA. Los charrúas conocen sobre ir contra la corriente, ser los más despreciados y superarlo siempre.
Los uruguayos saben qué es ir perdiendo en las casas de apuestas y ganar, desde 1924 lo tienen claro.
En Francia en 1924, a las afueras de París en un lugar llamado Colombes, Uruguay logró lo que muchos creyeron imposible. La selección celeste llegaba al partido ante los locales luego de vencer a Yugoslavia y Estados Unidos, sin embargo, para todos, Francia sería el vencedor del partido del 14 de junio de 1924.
De hecho, esa era la época donde los aficionados contrincantes, racionalmente, lograban dar buenos conceptos de los equipos vencedores, y así fue. Los franceses se volcaron en buenos sentimientos y eufóricas palabras a favor de los uruguayos. Y, ¿cómo no? Si los visitantes, la selección que nadie creía haría un buen papel en los Juegos Olímpicos, venció 5-1 a los locales, a Francia, tan solo unos cuantos años después de terminada la I Guerra Mundial y a unos cuantos años de empezar la segunda.
Uruguay agarraba la pelota como si fuera con las manos, la paseaba de lado a lado, como si estuviera pegada al pie, como si el cuerpo de los jugadores que vestían celeste fueran uno solo con el balón.
“Los uruguayos esbeltos, nerviosos, tostados daban una impresión de agilidad y elasticidad extraordinarias; los suizos, más calmos, más fuertes, mejor plantados daban la impresión de ofrecer mayor resistencia.”, así recuerdan algunos escritos de la época recopilados por el periodista Diego Fischer.
Uruguay enamoraba con su forma de jugar y además vencía a los que nunca se creyó que vencería, Yugoslavia, Estados Unidos, Francia, Holanda y Suiza fueron los primeros decapitados, todos ellos en 1924 durante los Juegos Olímpicos de París, que empezaron a crear una sensación de grandeza por Uruguay.
Esto no quedó allí. Uruguay debía volver a convencer a los escépticos europeos en Amsterdam, sede de los Juegos Olímpicos de 1928. De hecho, no sólo vencieron y volvieron a ser campeones como cuatro años antes en París, esta vez golearon, 12 goles en cinco encuentros, Holanda volvió a caer ante los sudamericanos en casa, 2-0 fueron vencidos por los charrúas. Alemania fue la segunda selección que cayó, 4-1 terminó el encuentro. Italia no logró alcanzar a los uruguayos que habían logrado finalizar el partido 3-2. Hasta que llegó Argentina y el primer empate. Los vecinos tenían claro que también debían ganar en Europa y la fuerza de ambas escuadras se vio en la cancha lo que terminó en un primer partido 1-1, sin embargo, unos días después, en el segundo partido, la ‘garra’ charrúa volvía a hacer efecto.
Esta vez no era para demostrar a los europeos el poderío celeste. Esta vez la victoria significaría un clásico y un segundo título en Juegos Olímpicos. Así, Uruguay venció a Argentina por un apretado marcados 2-1.
En 1930 volvió a jugar la ‘garra’ charrúa. Esta vez defender el honor de los Juegos Olímpicos de Amsterda, 1928 y París 1924, en casa. En Montevideo, Uruguay, los locales debían demostrar la fuerza y valentía de sus hombres en la cancha, y así fue. Uruguay salió campeón en casa, con pocas escuadras europeas, tan solo cuatro viajaron para ser derrotados por los sudamericanos.
En 1934 y 1938 Uruguay estuvo ausente del Mundial por razones que algunos aseguran fue por cobrar la ausencia de Italia en Uruguay, cuatro años antes, y por no alternar el continente para la organización del campeonato.
Sin embargo, cuando volvió el Mundial, en 1950, luego de la II Guerra Mundial, Uruguay volvió a ser protagonista. Esta vez la celeste volvía a jugar en América, en un país fronterizo, Brasil.
Fue allí donde Uruguay volvió a sacar la ‘garra’ charrúa que estaba dormida desde 1930. Los acompañó hasta la final en la que debían vencer al local frente a unos 100.000 aficionados en el mítico estadio ‘Maracaná’. De hecho, ningún aficionado creía que los uruguayos vencieran a los cariocas que llegaban como favoritos, y fue así como Uruguay, ante una multitud vestida de amarillo venció a Brasil y creó el mito del ‘Maracanazo’.
Así, la ‘garra’ charrúa llegó a su clímax y volvió a dormirse, por lo que Uruguay en 1954 fue cuarto luego de ser eliminado ante Hungría en semifinales; en 1958 fue eliminado antes de que empezara el mundial contra Paraguay; en 1962, en el partido inaugural, venció a Colombia, único contrincante que la celeste derrotó en dicho Mundial.
En este Mundial, Uruguay volvió a dejar ver un poco de lo que estaba hecha la ‘garra’ charrúa, esta vez el protagonista se llamaba Eliseo Álvarez. El volante de la celeste jugó casi todo el partido del 6 de junio ante la Unión Soviética con una fractura de peroné. De hecho, su hija contó luego que su padre casi pierde la pierna por la fractura y debió esperar un año para volver a las canchas.
En 1966, en Inglaterra, Uruguay cayó ante Alemania Federal, equipo que resultó subcampeón del mundo; en 1970 la celeste fue eliminada por Brasil en semifinales y al ser derrotada por Alemania, sólo logró un cuarto puesto. En 1974, sin pena ni gloria, Uruguay sólo pudo empatar un juego ante Bulgaria y quedó eliminada en la fase de grupos. Tuvo que esperar hasta 1986 para volver a un Mundial en el que Argentina eliminó a la celeste en octavos de final 1-0, Argentina fue la selección campeona.
Volvió a ser eliminada en 1990 por los locales, los italianos que llegaron a la semifinal y se quedaron con el tercer puesto.
En 2002, Uruguay volvió al Mundial en el que quedó eliminada en la fase de grupos luego de dos empates y una derrota. En Alemania 2006, Uruguay ni siquiera viajó, pero llegó entonces Sudáfrica 2010.
Este Mundial, el primero en África, sería testigo de dos hombres que todavía se sentían contagiados con la ‘garra charrúa’. Diego Forlán fue nombrado el mejor jugador del torneo con más del 23% de los votos de las personas acreditadas, lo que le entregó el Balón de Oro. Pero así mismo, quien resaltó en la celeste fue Luis Suárez.
Suárez realizó en los cuartos de final, frente a Ghana, una acción que determinaría el ritmo de juego de su selección y le permitiría a Uruguay, por medio de una ronda de penaltis, llegar a la semifinal del Mundial en la que perdería con el subcampeón, Holanda.
Luis Suárez, en el tiempo complementario, en el alargue, recibió tarjeta roja directa luego de evitar un gol de Ghana con la mano, lo cual lo hizo merecedor de la expulsión y por la cual los ghaneses podrían, con un penalti, lograr el paso a las semifinales, sin embargo, esto nunca sucedió y la definición del partido se fue a los 12 pasos en la que el portero, Fernando Muslera logró atajar dos y entregarle a su selección el paso a la siguiente ronda.
Así, con la mano de Luis Suárez, el peroné de Eliseo Álvarez, el ‘Maracanazo’, el campeonato mundial de 1930, las dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de 1928 y 1924, demostraron que Uruguay tiene algo más allá que una capacidad física y mental que los ayuda a ganar partidos que parecen imposibles. A esto, los uruguayos le pusieron el nombre desde 1924 y se llama, la ‘garra charrúa’.