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La década de los 90 marcó una de las etapas más gloriosas del fútbol en nuestro país. La selección de Colombia de mayores se clasificó de manera consecutiva a los mundiales de Italia-90, Estados Unidos-94 y Francia-98. Sin lugar a dudas, una época brillante para una de las mejores generaciones de futbolistas que vistieron la camiseta tricolor.
De la mano del técnico Francisco Maturana, y con la base del Atlético Nacional, que en 1989 había conseguido la Copa Libertadores, la selección nacional empezó a escribir una leyenda que, hasta el día de hoy, es recordada por sus triunfos históricos a nivel internacional.
Cuatro años más tarde, y con la base de jugadores que participaron en Italia, el equipo nacional consiguió de nuevo un cupo al Mundial de Estados Unidos. Pero esta vez llegaba como favorito, tras una memorable goleada 5-0 a Argentina en el Monumental.
Para la cita orbital de Estados Unidos, Maturana conformó uno de los mejores planteles de su historia. Se destacaban Carlos Valderrama, Adolfo Valencia, Freddy Rincón, Leonel Álvarez, Faustino Asprilla, entre otros; sin embargo, hubo uno que con sus 1,94 metros de estatura llamó la atención. Era John Harold Lozano, quien había debutado como profesional dos años antes en el América y que a partir de ese momento se convertiría en uno de los mejores volantes de marca.
Nacido en Cali el 30 de marzo de 1972, Lozano siempre se caracterizó por su fortaleza física en el medio campo. Con la selección colombiana jugó 48 partidos entre 1993 y 2003, marcando tres goles, participando en dos mundiales, el de EE.UU.-94 y el de Francia-98. Y ahora, con el paso de los años, Harold Lozano, un verdadero protagonista de la historia del fútbol colombiano, nos cuenta sus vivencias con el combinado nacional.
¿Qué le pasa por la cabeza cuando ve a Colombia de nuevo en un Mundial?
Mucha expectativa, como la que tienen todos los colombianos, de que se haga un muy buen Mundial. Se realizó una buena campaña en la eliminatoria y esto nos ha dado un favoritismo, pero un torneo de estos es a otro precio. El equipo terminó con algunas falencias que seguramente ya fueron corregidas por el profesor Pékerman.
¿Usted siente alguna nostalgia en especial?
Obviamente, pero ya cumplí mi ciclo. Tuve la oportunidad de estar en dos mundiales y ese es el sueño de cualquier jugador. Ahora sólo resta esperar que, con la mentalidad positiva que tenemos todos los colombianos hacia esta selección, se pueda clasificar a la segunda ronda.
¿Cómo hizo para llegar tan joven a la selección de Colombia de 1994?
Apenas llegué al América comencé a trabajar fuerte para ser convocado a una selección. Comencé en la juvenil, después pasé a la sub-23, y mi buen desempeño con el equipo escarlata llevó a que Pacho y Hernán Darío se fijaran en mí y me convocaran a la de mayores, que realmente era mi gran sueño.
Cuando conocieron el grupo que le tocaba a la selección en el Mundial del 94, ¿la vieron fácil?
La verdad, sí. Era tanta la confianza que recuerdo que en las eliminatorias sólo perdimos un partido con Bolivia, y al rival que se nos metía por delante le ganábamos, pero se fue acumulando una gran cantidad de cositas que comenzaron a generar malestar en el grupo. Por ejemplo, yo diría que tuvimos muchos partidos de preparación que nos desgastaron mentalmente, y eso a veces te hace mella. Empezamos a tener presión por parte de todo el mundo y ya nos daban como campeones del Mundial, e increíblemente nosotros nos la creímos, sin ningún tipo de humildad, y al final pagamos todos eso.
¿En qué falló Colombia internamente en ese Mundial?
Siempre he sido muy claro, y nosotros los jugadores somos los que tenemos que sacar los resultados en la cancha, pero en todos los grupos siempre hay unos líderes y estos líderes se equivocaron. Pasaron muchas cosas dentro del seno del plantel, muchas distracciones, entre ellas nuestras propias familias, que viajaron a acompañarnos, y nosotros estábamos más preocupados porque estuvieran bien, porque tuvieran la boleta de entrada, que por el propio partido que teníamos que jugar. Por ejemplo, lo que sucedió con Pacho y ese secuestro en la familia. Maturana va y nos cuenta al equipo antes de un partido y vos te podrás imaginar cómo nos sentimos todos.
¿Qué pasó cuando llegaron a Colombia después de haber sido eliminados del Mundial?
Pasaron tantas cosas que inclusive recuerdo que cuando sucedió lo de Andrés Escobar me llamaron y me dijeron que no saliera porque lo habían matado y todos estábamos amenazados, y todo se puso tan pesado que nos tocaba ir a los entrenamientos en las motos de los policías. Fue algo invivible.
¿Y qué ocurrió en el Mundial del 98?
Sencillamente, que no aprendimos nada de lo que nos pasó en el 94, no corregimos con la experiencia. Otra vez perdimos el rumbo y el grupo se fracturó. Por eso aprovecho para enviarle un mensaje a esta selección que va a Brasil: que se metan en la cabeza que si están unidos nadie les podrá ganar, que no permitan que se armen dentro del plantel liderazgos múltiples con egos desbordados. Cuando se llega a una cita orbitales fundamental estar unidos y manejar la ansiedad para alcanzar el éxito, porque esta vaina se vuelve fatigosa. Si el equipo de Pékerman logra una verdadera unión y un verdadero conjunto, estoy totalmente seguro de que van a llegar muy lejos en el Mundial de Brasil.