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Durante más de una década Colombia buscó sin éxito un sucesor para Carlos El Pibe Valderrama, el cerebro de la gran selección de los 90. Siempre se creyó que el 10 del equipo nacional tenía que ser un futbolista talentoso, exquisito, con una técnica depurada y buen pase-gol, así careciera de dinámica, despliegue físico y hasta temperamento. El famoso y equivocado precepto que dice que “la que corre es la pelota”, nos hizo pensar que solo había un modelo de jugador para esa posición.
Hasta que apareció James David Rodríguez Rubio, un volante con todas las virtudes de Valderrama, pero además con mayor ímpetu y vocación ofensiva.
Cumplirá 23 años el próximo 12 de julio, en pleno campeonato mundial, y a pesar de su corta edad ya es uno de los más experimentados y ganadores del equipo de José Pékerman.
Debutó en 2006 con la camiseta naranja del Envigado y un año después consiguió el ascenso con ese club. Luego se fue para Argentina y salió campeón con Banfield, en 2009. Después llegó al Porto de Portugal y conquistó siete títulos en tres temporadas, algunos de ellos al lado de Falcao García y Freddy Guarín.
Y a mediados del año pasado fichó por el Mónaco, en una millonaria transacción cercana a los 45 millones de euros.
“La verdad es que ha sido una carrera de la que me siento orgulloso, pero creo que todavía falta mucho por lograr”, dice al respecto el volante nacido en Cúcuta, criado en Ibagué, la tierra de sus padres, y formado en Envigado, el club que lo descubrió en el torneo del Pony Fútbol, en el que James jugó con su equipo de infancia, Academia Tolimense.
Su talento era evidente desde que brilló con la selección sub-17 en el Mundial de Corea, en 2007. Pero las dudas sobre su capacidad y liderazgo vestido de amarillo comenzaron a disiparse apenas en 2011, cuando ganó el torneo Esperanzas de Toulón y fue elegido como el Mejor Jugador, antes de destacarse en el Mundial Sub 20 de Colombia, en el que se echó el equipo al hombro.
A pesar de su juventud, en el Porto cada vez era más relevante, así que Leonel Álvarez lo convocó a la selección mayor. Se estrenó oficialmente en el primer juego de la Eliminatoria a Brasil 2014, en La Paz, en un partido que Colombia ganó con James como figura.
Y fue uno de los artífices de la clasificación. De hecho, fue quien brilló en los momentos definitivos. Anotó el gol del triunfo en Lima, cuando arrancó la era Pékerman. Después hizo el empate en Santiago de Chile, con el que Colombia reaccionó y logró una victoria histórica. Y marcó el único tanto contra Ecuador en Barranquilla, en uno de los duelos que aseguraron el tiquete a Brasil 2014.
Pero más allá de sus goles, James fue siempre quien contagió a sus compañeros con su espíritu de lucha. A veces luce apresurado e impreciso, pero siempre se compromete, siempre corre, siempre pide el balón, que es algo que le valora el técnico.
“Me insiste en que sea protagonista del partido durante los 90 minutos, que tenga regularidad, que intente hacer lo que sé”, explica James, un futbolista que se ha ganado la admiración y el respeto incluso de sus predecesores.
“Ya no hace falta un Pibe. James ya está bien en esa posición. Hay que hacerle fuerza al hombre, que está motivado, y hay que apoyarlo porque pienso que tenemos un gran jugador. James es mi sucesor”, aseguró recientemente Carlos Valderrama, admirador del juego del 10 del Mónaco: “A ese pelado no le queda grande la camiseta de Colombia. Se nota que lucha cada pelota como si fuera la última. Y además, tiene muchas condiciones”.
Otro ídolo del balompié criollo, Freddy Rincón, lo describe así: “Hace tiempo no veía un jugador 10 como James Rodríguez, con tantas ganas y voluntad. Es un muchacho que le da una dinámica diferente a la selección”.
Y también es un jugador ambicioso. Con 11 títulos encima, dos mundiales de menores y el futuro económico ya resuelto, James sabe que Brasil es su primera oportunidad de alcanzar la gloria. “Realmente espero que a Colombia le vaya muy bien, porque tenemos un plantel muy bueno. Tenemos mucha ilusión y ganas de dejar en alto la imagen del país, que es lo más importante”, dijo antes de viajar a Argentina, en donde la selección adelanta su última etapa de preparación antes de viajar a São Paulo, su concentración en Brasil.
“Uno no puede hacer pronósticos, porque además estamos en un grupo muy parejo, con tres rivales de respeto. Pero de lo que no tengo duda es que cada uno de nosotros va a dejar el alma en la cancha”, dice el 10 tricolor, un hombre disciplinado, algo tímido y obsesionado por el balón, quien espera confirmar que es y seguirá siendo, más por su fútbol que por sus palabras, el patrón de la selección.
Lordonez@elespectador.com
@Memordonez