1 Jul 2021 - 11:00 p. m.

La Copa Libertadores de Once Caldas: un sueño de color blanco

Se cumplen 17 años de aquel sueño cumplido de Luis Fernando Montoya y sus dirigidos. Juan Carlos Henao, arquero de Once Caldas, fue el encargado de darle al equipo de Manizales el trofeo más añorado en América: la Copa Libertadores.

Once Caldas logró el cupo a la Copa Libertadores de 2004 tras quedar campeón del torneo local el 8 de junio de 2003 al vencer a Junior por 1-0 con gol de Sergio Galván Rey en el minuto 74. La base de aquel equipo que logró la segunda estrella del Blanco-blanco de Manizales se mantuvo para afrontar el campeonato internacional. La identidad que había forjado el profe Luis Fernando Montoya se fue demostrando y afianzando partido a partido.

Cada integrante de la plantilla de 2004 quedó inmortalizado en la historia del Once Caldas y del fútbol colombiano. Juan Carlos Henao, que se consolidó tras los penaltis atajados aquella noche del 1 de julio de 2004, es, quizá, uno de los jugadores que más habita en las memorias de quienes vivimos esa noche la intensidad de una final vertiginosa.

Su intuición terminó de darle un premio a la lucha de cada uno de sus compañeros a lo largo del certamen. La imagen de ese último cobro que fue atajado en la parte baja del palo de su mano derecha, sus manos al cielo mientras decidía en esos segundos de júbilo que iba a correr hacia la mitad de la media luna y sus manos en la cabeza como símbolo de que no creía que habían logrado lo impensable se hizo eterna. Todos terminaron encima del héroe de aquella gesta.

El de 3 de febrero comenzó la Copa Libertadores 2004. Nadie imaginaba que casi cinco meses después un equipo que no es considerado grande en Colombia alcanzara la gloria máxima, la que lo dejaría eterno en la memoria del fútbol nacional. Poco a poco, el Once Caldas que dirigía Luis Fernando Montoya despejaba las dudas y encendía una pequeña ilusión en sus hinchas.

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La esperanza creció cuando el cuadro blanco terminó como primero del Grupo 2 con 13 puntos. Superó a Universidad de Maracaibo (Venezuela), Vélez Sarsfield (Argentina) y Fénix (Uruguay). Su juego de ser seguro en defensa y aprovechar las opciones de gol le daba los réditos deseados. También se los dio en las fases de eliminación directa.

En octavos de final, a Once Caldas le tocó enfrentar a Barcelona de Ecuador. En condición de visitante igualó 0-0 y en el estadio Palogrande, su casa, ganó 4-2 en los penales tras empatar 1-1. Arnulfo Valentierra, Elkin Soto y Dayro Moreno fueron efectivos en sus cobros y pusieron al elenco de Manizales en los cuartos de final.

El paso previo a la final, a esa ronda que el 3 de febrero de aquel 2004 se veía tan inalcanzable, fue contra el difícil Sao Paulo. Henao volvió a responder, esta vez sacó su arco invicto en territorio brasileño. En Palogrande, Henry Alcázar y Jorge Agudelo convirtieron en el triunfo 2-1 que puso al equipo del Campeón de la Vida en la fase definitiva.

El siguiente rival fue el mítico Santos, ante el que Juan Carlos Henao se hizo figura atajando todo. Fue 1-1 en Brasil. En Manizales, Valentierra anotó el gol de la victoria que les dio el pase a las semifinales, instancia a la que no llegó Deportivo Cali, eliminado por River Plate.

Arnulfo Valentierra, figura en esa llave tras marcar los dos goles que dieron el paso a la siguiente fase, contó años después cómo vivió el gol que marcó en Brasil a pocos minutos del final: “En el primer tiempo se me acerca Renato, quien era el que me debía marcar, y me pidió la camiseta; imagínense, que un jugador de Selección Brasil y de un equipo tan bueno como Santos hiciera eso, para mí fue impresionante. Al final del partido después del golazo, me buscó de nuevo y me felicitó, a pesar que los habíamos eliminado”.

El 23 de junio La Bombonera se colmó de almas argentinas que soñaban con una nueva consagración del Boca Juniors que dirigía Carlos Bianchi. Once Caldas no se intimidó, sacó un 0-0 y regresó a Manizales con la confianza de poder vencer a un gigante del continente. La cita era el 1 de julio, hoy hace 15 años.

“La noche anterior habíamos tomado mucho tinto y habíamos hablado mucho. Nos acostamos como a la una y media o dos de la mañana. Al otro día nos levantamos temprano pensando en el compromiso y en que todo tuviera un buen desenlace”, confesó tiempo después Luis Fernando Montoya.

Y el buen desenlace llegó. Pese a haber tenido que soportar un juego sufrido en el que Jhon Viáfara abrió el marcador con un golazo desde media distancia que se quedó para siempre en el corazón de los caldenses. El cabezazo de Nicolás Burdisso que le dio el empate a Boca sentenció la definición desde el punto blanco.

Los penaltis, que siempre son de padecimiento, Once Caldas los sorteó con tranquilidad ante la mala puntería de los futbolistas visitantes y con esa atajada histórica de Henao a Cángele decretó su conquista de la Copa Libertadores de América.

“Lo que mejor lo tiene Juan Carlos Henao es que es un gran ser humano, que es muy dedicado a la profesión, a lo que hace y lo hace con amor y alegría. Por eso triunfó y logró algo muy importante que fue haber llegado a Santos de Brasil”, manifestó Montoya, quien lleva varios años como columnista de El Espectador.

17 años después la mayoría de los ídolos de aquel primero de julio de 2004 están retirados del fútbol. En las canchas todavía está Dayro Moreno, quien actualmente hace parte del Oriente Petrolero de Argentina.

Los demás, a excepción del infortunado caso de Jhon Viáfara -que fue determinante en la final contra Boca Juniors y que fue extraditado a los Estados Unidos el año pasado tras ser solicitado por la Corte Distrital para el Distrito Este de Texas para que responda por dos cargos de concierto para fabricar y distribuir drogas hacia ese país-, siguieron vinculados desde el periodismo o desde el banquillo al fútbol.

“Lo que más recuerdo y alegría me da es que todo el país nos hizo fuerza en esa Copa Libertadores. (...) Después de 16 años uno dimensiona lo que logramos, con un equipo humilde que casi no era conocido a nivel internacional y con el que enfrentamos a lo mejor de Sudamérica”, dijo recientemente Juan Carlos Henao.

Celebración, júbilo, sonrisas, abrazos, lágrimas y miles de sensaciones se adueñaron de jugadores, cuerpo técnico, directivos e hinchas del Once Caldas. También de Colombia, que en su gran mayoría anhelaba la conquista blanca. Fue un día memorable.

Ese primero de julio de 2004 el país añoraba quedarse con el título que solo había conseguido Atlético Nacional en 1989. Nuevamente todos se unieron para añorar ese reconocimiento a nivel internacional, para hacer que la noche fuera blanca por primera vez.

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