Es de románticos y soñadores creer que el deporte, y en especial el fútbol, debería estar alejado completamente de la política y los conflictos entre las diferentes naciones. Fue el Barón de Coubertin quien dijo al momento de inaugurar los Juegos Olímpicos de la modernidad en 1896 que ese evento debía servir para dejar de lado las diferencias y unir a la raza humana en pro de esa celebración. Pues muy lejos quedó la idea utópica del Barón algunos años después.
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Varios países han tenido rivalidades históricas por consecuencia de conflictos o diferencias: Argentina y Brasil, Chile y Perú, México y Estados Unidos o Alemania y Holanda, entre muchas otras. La siguiente historia se centra en la rivalidad que se creó durante décadas entre dos países vecinos de Centroamérica: El Salvador y Honduras.
Durante muchos años, en ambos países había problemas económicos y sociales debido a los gobiernos militares autoritarios que hubo. Además, entre las dos naciones existía esa frustración por culpa del vecino. Si los hondureños no tenían trabajo, era porque los salvadoreños iban a quitárselo. Si los salvadoreños pasaban hambre, era porque los hondureños los maltrataban. Era un círculo vicioso de odio.
La United Fruit Company y la Standard Fruit Company vieron la posibilidad de establecerse en el norte de Honduras para crear plantaciones de Banano por la gran demanda de Estados Unidos y Europa de estos productos. La mano de obra barata y las tierras fértiles del país permitieron que esto se llevará a cabo. Aun así, se necesitaba de más trabajadores que pudieran cumplir con las exigencias de ambas compañías.
Durante la década de los 60´s, la densidad de población en El Salvador era muy alta con un promedio de 150 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que en Honduras era de 20 habitantes por kilómetro cuadrado. Con un poco posibilidad de trabajo debido a que las tierras salvadoreñas eran propiedad de la élite del país, los campesinos decidieron cruzar la frontera para buscar nuevas oportunidades en el país vecino. Todo esto se facilitaba debido a un tratado migratorio que existía entre ambas naciones.
Los trabajadores hondureños eran los principales perjudicados por esa inmigración. Para finales de los años sesenta, el 30 por ciento de los trabajadores eran de El Salvador. El entonces primer mandatario del país, Oswaldo López Arellano, decidió expulsar a todos los inmigrantes ilegales y devolverlos a su país. Con la resistencia de estos, el gobierno formó un escuadrón especializado en intimidar, torturar e incluso asesinar a aquellos salvadoreños que se opusieran a las ordenes de López Arellano. Alrededor de 300,000 campesinos fueron expulsados de Honduras para 1969.
(Con gol de Duván, Atalanta aplastó 6-2 al Brescia)
El gobierno de Fidel Sánchez Hernández, en El Salvador, no podía aceptar el trato de sus compatriotas, ni tampoco podía recibir a tantas personas sin trabajo y sin hogar en un país subdesarrollado. Con imágenes de las grandes masas de personas cruzando la frontera, empezó a hacer propaganda en contra de Honduras y empezó a crear una imagen del enemigo en ellos.
Para esta época, el fútbol tenía sus andanzas. De cara a la Copa del Mundo de 1970 que se disputó en México, la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf) tenía un cupo para dicho torneo además del anfitrión. En la primera fase de las eliminatorias se organizaron cuatro grupos de tres equipos, el vencedor de cada sección pasaría la segunda ronda en la que se enfrentarían entre sí. Los dos ganadores de esos partidos se enfrentarían entre sí para determinar quién jugaría el Mundial.
Honduras hizo parte del Grupo 3 junto a Costa Rica y Jamaica. Ganó tres partidos y empató uno y avanzó a la siguiente fase. El Salvador se midió ante Guayana Holandesa y las Antillas Neerlandesas y se impuso en la tabla con tres victorias y un empate. Las naciones vecinas se enfrentarían en la segunda ronda.
El primer encuentro se disputó en Tegucigalpa, capital hondureña. Por el ambiente tenso que se creó por la crisis migratoria y agriaría entre ambos países, era un encuentro a muerte. Los salvadoreños fueron recibidos con abucheos y un entorno lleno de odio. La noche antes del partido, los locales llevaron música y ruido al hotel de los visitantes para no dejarlos dormir. El 8 de junio de 1969, Honduras vencía a su rival por 1-0.
Para la vuelta en San Salvador el 15 de junio, los papeles se iban a invertir. Los salvadoreños crearon el mismo ambiente que sus jugadores sufrieron, e incluso peor. Los aficionados visitantes fueron agredidos durante y después del partido que venció El Salvador por 3-0. Todo se definiría en un estadio neutral. Nada más y nada menos que en el Estadio Azteca.
Dos semanas después, los dos equipos llegaron a la Ciudad de México para definir el paso a la final de las eliminatorias de la Concacaf. La policía de la capital mexicana sabía de las tensiones políticas entre ambos países y organizó un operativo de seguridad de gran magnitud. Sin embargo, el espectáculo no quedó de lado. Un empate 2-2 con un gran gol de chilena llevó todo al tiempo extra y la balanza se inclinó a favor de El Salvador, que luego vencería a Haití en le partido decisivo por el boleto a la cita orbital.
Según algunos historiadores, esa serie fue utilizada por el gobierno de Sánchez Hernández para exagerar el sentimiento patriótico de los salvadoreños y justificar el conflicto que se desencadenaría. El 14 de julio de 1969 las tropas de El Salvador atacaron por cielo y tierra al vecino país desatando la “Guerra de las 100 Horas” o como también se denomina: “la Guerra del fútbol”.
La Organización de Estados Americanos (OEA) intervino y logró un cesa al fuego que entró en vigor el 20 de julio. Más de 20 mil personas murieron en los seis días de batalla, pero las diferencias siguieron por más de una década. Fue hasta el 30 de octubre de 1980 que se firmó el Tratado General de Paz en Lima, Perú. Este acordó una solución del litigio fronterizo por el control de unos 450 kilómetros cuadrados, conocido como Los Bolsones, los cuales pasaron a formar parte del territorio hondureño.
Antes y después de ese episodio, el deporte fue y seguirá siendo utilizado con fines políticos para el beneficio de los gobernantes. En las palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano: “Como ocurre con la religión, con la patria y con la política, muchos horrores se cometen en nombre del fútbol y muchas tensiones estallan por su intermedio”.
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