Las grandes gestas de los equipos colombianos en Argentina

El Espectador recuerda los triunfos más destacados de los clubes nacionales en el país del sur del continente, a propósito de la visita de Santa Fe y Júnior a River y a Boca, la semana entrante, en la Copa Conmebol Libertadores.

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Luís Guillermo Montenegro
01 de abril de 2018 - 03:00 a. m.
Willington Ortiz (izq.) y Moisés Pachón, jugadores del Cali en el triunfo 2-1 ante River en el Monumental.  / Archivo
Willington Ortiz (izq.) y Moisés Pachón, jugadores del Cali en el triunfo 2-1 ante River en el Monumental. / Archivo
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Decir que Willington Ortiz era la figura de Millonarios en 1979,sería una observación muy básica. Para los argentinos, el colombino era el mejor extremo del continente, así él mismo se encargara de decir que solo tenía cualidades. La humildad del que prefiere que lo adjetivicen en la cancha y no fuera de esta. Con paciencia respondió a cuanta entrevista le hicieron antes del partido entre el cuadro embajador y Quilmes, por el Grupo I de la Copa Libertadores. “Millonarios no marca mucho. Deja jugar”, fue lo único que dijo cuando le preguntaron por los atributos de sus compañeros. Esa noche, luego de las 7:35, en el estadio Centenario, el tumaqueño dejó regado a Horacio Milozzi, el hombre hecho ícono; también gambeteó a Abel Moralejo y puso el 2-1 a favor del conjunto azul. Ese día, Willington demostró que su lucha por el balón, siempre por el balón, daba frutos. El delantero que no se alejaba demasiado, sino apenas lo necesario, le entregó la primera victoria a un club colombiano en territorio argentino.

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Sin embargo, ese atrevimiento y esa búsqueda no fueron suficientes para Millonarios, que quedó eliminado por detrás de Independiente de Avellaneda y del Deportivo Cali. Eso sí, por encima de Quilmes. Fue un torneo de subir y bajar, de empatar en casa y de perder fuera, pero también fue un evento que sirvió como mensaje: en Argentina se puede ganar, no hay imposibles cuando la mente es lo suficientemente grande para entenderlo. Y eso se logró gracias a Ortiz, el jugador que siempre siguió sus instintos, los del fútbol mismo.

Otra vez Willington

El 21 de abril de 1981 las cosas se conjugaron para que Willington brillara otra vez, ya no con la camiseta de Millonarios, sino con la del Deportivo Cali, en pleno estadio Monumental, contra un River Plate conformado con gran parte de la Argentina campeona del Mundial del 78. Ya no fue el desconocido que la rompió en el sur del continente, fue el delantero consagrado, el que gracias a su juego no permite que el recuerdo palidezca. Otra vez el Grupo I de la Copa Libertadores, ahora uno de los equipos más grandes del de Argentina. Primero fue Raúl Horacio Capiello y su cobro magistral de penal. Después la cabalgata de Willington, sobrepasando a José Luis Pavoni, ganándole la posición, soportando los codazos y los agarrones del argentino, que sin éxito intentó tumbarlo, encarando a Ubaldo Fillol, humillándolo con un quiebre de cintura, obligándolo a poner la rodilla en tierra mientras intentaba salvar con sus manos la catástrofe. Ortiz celebró con rabia, o más bien con coraje, lo que fue la victoria del cuadro azucarero por 2-1 en uno de los estadios más emblemáticos de Argentina. Ese día, los hinchas de River miraron, sufrieron y padecieron el fútbol. Una derrota que pasadas las horas no generaba una explicación, sí las portadas de todos los diarios que tenían a un moreno, pequeño pero fuerte como un toro, celebrando donde ningún otro colombiano lo había hecho: en pleno Monumental.

Perea sorprendió a Boca

El Atlético Nacional de 2003 no era el mismo de hoy en día, un equipo lleno de figuras y jugadores referentes en sus posiciones. La plantilla del técnico Juan José Peláez era más bien limitada, con algunos jugadores más experimentados que otros. Entre los jóvenes figuraban Camilo Zúñiga, Christian Marrugo y Edixon Perea, mientras que los referentes eran el arquero Edigson Prono Velásquez, el defensor Aquivaldo Mosquera, el volante Freddy Totono Grisales y los delanteros Carmelo Valencia y Néstor Salazar.

La noche del 22 de octubre el cuadro verdolaga enfrentó a un fuerte Boca Juniors, en La Bombonera. Las tribunas llenas, el ambiente de fiesta. Humo, papel azul y oro y cánticos ensordecedores que no dejaban oír nada, absolutamente nada, en el terreno de juego. Era la ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana, el club paisa había dejado en el camino a Deportivo Pasto y a Liga de Quito, de Ecuador. Como era de esperarse, los xeneizes salieron con una actitud ofensiva, en la que con pocos toques llegaban al arco rival. El arquero Prono Velásquez fue figura, sacando de todo. Nacional fue paciente y ordenado y aprovechó la desesperación de los locales, que por el afán de abrir el marcador dieron espacios y en un contragolpe, al minuto 65, Edixon Perea sorprendió al arquero Roberto Abbondanzieri. En los minutos finales, Nacional se defendió bien. Esa noche, por primera y única vez hasta ahora, un equipo colombiano le ganó a un grande como Boca en su casa. A los ocho días, los antioqueños ganaron 4-1 en el Atanasio Girardot y avanzaron a la semifinal, ante Cienciano de Perú, equipo con el que quedarían eliminados.

Silencio en el Marcelo Bielsa

El Atlético Nacional dirigido por Juan Carlos Osorio, en 2014, había sido armado para luchar por el título de la Copa Libertadores. Repetir lo hecho por esa generación dorada en 1989 se había convertido en una obsesión para la dirigencia y la hinchada del club antioqueño. En la fase de grupos no había obtenido el nivel esperado. En la última fecha, los dirigidos por Osorio necesitaban un triunfo ante Newell’s Old Boys de Argentina, en el estadio Marcelo Bielsa, de Rosario. Un empate le daba al cuadro argentino, en el que actuaban referentes como David Trezeguet, Maximiliano Rodríguez y Éver Banega, la posibilidad de avanzar a la siguiente ronda.

Una batalla campal se vivió desde los primeros instantes del partido. Apenas a los cinco minutos, el árbitro expulsó al central argentino Víctor López y al volante colombiano Edwin Cardona, en ese momento una de las figuras del equipo paisa, que rápidamente reaccionó y a los dos minutos se fue adelante en el marcador, gracias a un tanto del delantero Santiago Tréllez. Cinco minutos de lucidez, orden y efectividad. A los 13, Sherman Cárdenas puso el 2-0. Gran parte del estadio estaba silenciado, los cánticos de los hinchas de Nacional eran lo único que se oía. Luego, a los tres minutos, Milton Casco descontó. 2-1 al entretiempo.

Fue Orlando Berrío quien a los nueve del segundo tiempo decretó el 3-1 final. Esa noche, Nacional eliminó a uno de los favoritos al título y consiguió lo único que necesitaba para avanzar a la otra fase, los tres puntos. En los octavos de final, el equipo paisa dejó en el camino al Atlético Mineiro de Brasil, pero sorpresivamente, cuando se pensaba que tenía con qué luchar por el título continental, perdió en octavos ante Defensor Sporting de Uruguay.

Un impulso hacia el título

El 22 de octubre de 2015, Independiente Santa Fe consiguió uno de los triunfos más destacados de su historia. No porque hubiera jugado de una manera brillante, ni porque después de esa victoria hubiera dado una vuelta olímpica. Fue la primera vez que el club cardenal consiguió sumar de a tres en suelo argentino, nada menos que ante Independiente de Avellaneda, el rey de copas, uno de los clubes más representativos del continente.

Era el juego de ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana. El estadio Libertadores de América estaba repleto. Desde los primeros minutos, el planteamiento del técnico uruguayo Gerardo Pelusso era cauto. Apostaba por la velocidad de sus hombres de ataque para contragolpear, pero lo primero era la concentración en defensa. En ese momento, el propio DT cardenal reconoció que contaba con los mejores centrales de Suramérica: Yerry Mina y Francisco Meza. Sin embargo, a los 20 minutos fue Mina el que se equivocó y cometió una falta infantil en el área, por lo que el árbitro Wilton Pereira no dudó en pitar penal. El arquero Róbinson Zapata se vistió de héroe y le atajó a Diego Rodríguez el remate.

En el minuto 65, el lateral izquierdo Leybin Balanta desbordó por su costado, llegó al fondo de la cancha y quiso tirar un centro a ras de piso, pero el balón tomó un rumbo diferente, el arquero sólo pudo ver como la pelota se metía al fondo de la red. Con el 0-1, Pelusso hizo que Santa Fe hiciera lo que mejor sabía: defender. El juego terminó así y a los ocho días, el empate 1-1 en El Campín le alcanzó al cuadro cardenal para avanzar a la semifinal del segundo torneo más importante del continente.

En esa fase, Santa Fe dejó en el camino a Sportivo Luqueño de Paraguay y en la gran final derrotó a Huracán de Argentina, por la tanda de los penales, tras igualar 0-0 en ambos partidos. Sin duda, ese triunfo ante Independiente de Avellaneda fue un impulso anímico importantísimo. Los propios jugadores reconocieron que ahí se dieron cuenta que tenían con qué ganar la copa.

Por Luís Guillermo Montenegro

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